17/03/2011 | 1168

Los levantamientos árabes, protagonistas de la crisis capitalista

La crisis de las monarquías y dictadores

Al derrocamiento de Mubarak en Egipto; de Ben Alí en Túnez; y la extensión de guerra civil en Libia se suman la creciente agitación y las movilizaciones en otros países (Argelia, Yemen, Bahrein, Omán y Arabia Saudí) que piden la caída de sus gobiernos, afectando al suministro de petróleo, vital para las economías centrales y la estabilidad política de todo Medio Oriente, el Golfo Pérsico y parte de Africa.

El abrupto corte de suministro del petróleo, de alta calidad, de Libia, ha llevado a las autoridades de la Asociación Internacional de la Energía (creada luego de la crisis del embargo de la Opep en 1973), a anunciar que liberaría sus reservas estratégicas para compensar la escasez (iea.org).

Las reservas con las que cuentan los principales países industriales de la AIE cubren menos de cinco meses de importaciones. Una interrupción del suministro de otros productores o por la extensión de la guerra en Libia, no podrían ser cubiertos, como tampoco un repentino aumento de la demanda como el originado por la catástrofe de las centrales nucleares de Japón.

Los economistas que hablaban del final de la crisis, dieron prematuramente cerrada una crisis capitalista ante los «retoños» de una recuperación parcial de una crisis que se está profundizando.

La inestabilidad política que producen los levantamientos en los países árabes incide en la economía mundial. El termómetro de esta situación es el salto del precio del crudo, que ha subido 10% por la guerra en Libia y las nuevas marcas históricas del oro, que en estos días ha alcanzado nuevas marcas históricas; no es sólo una crisis de «energía», sino que se combina con la crisis monetaria y financiera, que está escalando a nuevos registros.

El «salto»

El «súbito aumento» del precio del crudo (10-15%) asociado a la caída de la oferta de Libia fue compensado por mayor producción de Arabia Saudita y otros miembros de la Opec. Pero los precios no regresaron a los niveles previos a la «crisis» de Libia, ahora agravada desde que Kadafy ordenó el bombardeo y destrucción de refinerías, tanques de almacenamiento, plantas de gas, oleoductos y puertos petroleros en Brega. Dicen analistas en Financial Times y una consultora petrolera que «es momento de dejar de decir que se puede predecir lo que va a suceder con la situación política y empezar a reconocer que no se sabe» (FT, 4/3).

Los precios del crudo no regresarán a los niveles previos a la crisis en los países árabes. Más allá de esto, «una gran pregunta es hasta qué punto los disturbios podrían extenderse, no sólo en el mundo árabe, sino también fuera de él. El supuesto era que la capacidad de los países exportadores de petróleo a redistribuir la riqueza interna lo protegería. Después de Bahrein y, más aún, Libia, esto ya no es convincente» (M. Wolf, Financial Times, 1/3). De todos modos, la catástrofe en Japón ha tenido el efecto inverso: reducir el precio del combustible por la expectativa de una caída de importaciones niponas, que puede durar poco tiempo.

Arabia Saudita

Arabia Saudita juega un papel compensador en el mercado del crudo, «como la FED con la oferta monetaria», dice un analista petrolero. Es un acuerdo estratégico con Estados Unidos (firmado en 1945 entre J. D. Roosevelt y el rey Saud en el canal de Suez). En octubre de 2010, el Departamento de Estado notificó al Congreso la mayor venta de armamento de la historia de Estados Unidos a un país extranjero, por 60.500 millones de dólares. Ese papel de «caja compensadora», como los «acuerdos estratégicos», está cuestionado por el nuevo escenario de las revoluciones en los países árabes.

Además, las cifras sobre producción y exportación emitidas por Arabia Saudita no serían verdaderas. «Goldman Sachs ha acusado a Arabia Saudita, el proveedor mundial de petróleo más importante, de engañar al mundo acerca de su producción de petróleo desde el año pasado. Analistas dijeron en una investigación: ‘Creemos que Arabia Saudita ha estado produciendo 500 mil a 1 millón de barriles diarios por encima de las cifras oficiales desde noviembre…, lo que implica que la capacidad de (aumentar la producción) de la Opep es significativamente inferior a la reportada'» (Wall Stree Journal, 8/3).

Se agrega a la creciente incertidumbre sobre la estabilidad de la monarquía, cuestionada por solicitudes y petitorios de reforma constitucional impulsadas públicamente en la web, por intelectuales y personalidades del reino. La monarquía revela un vacío de poder y luchas internas crecientes en búsqueda de una salida. El monarca, ausente tres meses del país, operado en Estados Unidos, es seguido en la sucesión del trono por un hermano enfermo de Alzheimer. El que sigue en la línea de sucesión es el ministro del Interior, un «duro» enemigo de cualquier reforma, cuyo ascenso «aceleraría la furia de los opositores».

Cuando el monarca regresó al país anunció «planes sociales» por 36.000 millones de dólares que fueron tomados como «otra promesa» por los opositores. «El 40% de los jóvenes saudíes no tiene trabajo y los que tienen ganan 830 dólares al mes. Cada príncipe (unos 7.000-8.000) recibe un estipendio mensual en el rango desde unos miles de dólares hasta más de 250.000, según estimaciones de un cable de WikiLeaks» (The Economist, 3/3).
La monarquía saudí teme un giro en la postura de Obama, «…ahora los Estados Unidos parecen estar apostando a que la historia favorece el cambio en Arabia y el cambio amenaza el absolutismo» (Bruce Riedel, ex agente de la CIA, Businessinsider, 8/3).

El Golfo Pérsico

Viejos aliados y vecinos de Arabia Saudí están acosados por movilizaciones que aumentan en audacia y extensión. Las movilizaciones en Bahrein, tanto por la cercanía como por los estrechos lazos que los vinculan, crispan a la monarquía saudí. Esta pequeña isla de 1,2 millones de habitantes y 750 km2 en el Golfo Pérsico, unida a Arabia por un puente a la provincia de Saudí, asiento de la riqueza petrolera y de población mayoritariamente chiíta al igual que los habitantes de la isla, es gobernada por una monarquía suní, como la de Arabia Saudí. La isla es la banca «off shore» de los príncipes saudíes, que ante la creciente incertidumbre padece una creciente fuga de capitales «negros». Un índice de la «fuga» es el hundimiento de la Bolsa de Ryad. Estados Unidos tiene estacionada allí la V Flota, y ha presionado por «reformas» enfrentándose a la monarquía saudí. Los manifestantes en la calle no quieren reformas, quieren que «se vayan». Aquí se juega gran parte del futuro saudí.

Irán, gobernado por chiítas, espera aumentar su influencia en la zona ante el anunciado retiro de tropas aliadas de Irak para fin de año, como también en la inestable Bahrein. «El problema creado por el retiro de Estados Unidos de Irak al haber sido incapaz de crear un fuerte gobierno pro-americano, permanece como el tema central» (Stratfor, 8/3).

Pero la dictadura iraní, acosada por las movilizaciones contra el fraude electoral en junio de 2009, está enfrentada a nuevas movilizaciones. Es creciente el papel de la mujer en las movilizaciones de los países árabes, luchando por su emancipación ante la brutal opresión que padecen.

Si los levantamientos «tienen éxito van mucho más allá de Irán, afectan al régimen del Tratado de No Proliferación, la seguridad de Israel, el futuro de Irak, el mercado energético mundial, y -quizá lo más crítico de todos- el movimiento islamista» (D. Pipes de Stanford University, National Review Online, March 1º).

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