01/05/1997 | 537

Los pulpos del automóvil saquean al fisco

Un acuerdo que acaban de firmar General Motors y el gobierno de Río Grande do Sul, para la radicación de una terminal automotriz en ese Estado brasileño, establece que el gobierno estadual prestará a la General Motors nada menos que la totalidad del dinero (repetimos, todo el dinero) necesario para su instalación física, «desde la primera estaca hasta la cintita verde-amarilla de la inauguración» (Folha de Sao Paulo, 23/4). El monto del ‘préstamo’ es de 335 millones de dólares, dos veces el total de las inversiones del Estado en 1996. La General Motors devolverá este préstamo a partir del año 2002, pagando una tasa del 6% anual sin indexación, mientras que los préstamos más ‘amistosos’ del BNDES (el banco estatal brasileño utilizado para financiar las inversiones) son del 16% anual ajustados por inflación. Como señala el comentarista, «es dinero regalado».


El Estado se compromete, además, a pagar todas (repetimos, todas) las obras de infraestructura necesarias para la construcción de la planta, incluyendo los accesos portuarios y camineros, a un costo estimado en más de 60 millones de dólares.


En 1999, cuando la planta comience a funcionar, el gobierno de Río Grande do Sul financiará también el capital de giro de la General Motors: durante 15 años le prestará el 9% del total de su facturación, ¡sin intereses ni corrección inflacionaria! «Más dinero regalado» (ídem).


En 2014, cuando termine de devolver el préstamo recibido para construir la planta, comenzará a recibir de nuevo todo lo que pagó (repetimos, recibir de vuelta todo lo que pagó): será reembolsada con créditos fiscales equivalentes al 5,5% de su facturación bruta.


En resumen, se trata de un subsidio total de más de 500 millones de dólares … que puede multiplicarse varias veces. Esto porque «todo lo que la General Motors recibirá prestado será devuelto en reales, sin ninguna indexación. O sea, el gobierno de Rio Grande do Sul pagará una especie de multa inflacionaria. Todo lo que recibirá la General Motors como reembolso será calculado en dólares. O sea que la General Motors queda libre del riesgo inflacionario del real» (ídem). Este paquete de subsidios vale tanto para la General Motors como para todos sus proveedores de autopartes.


Bien concreto a la hora de señalar las obligaciones del Estado, «el protocolo es un prodigio de ambiguedades cuando se refiere a las obligaciones de la General Motors» (ídem). En efecto, GM no se compromete a crear más que 1.300 empleos directos ni a producir una determinada cantidad de vehículos en un plazo determinado.


La radicación de la General Motors le costará a Río Grande do Sul nada menos que 385.000 dólares por puesto de trabajo. Pero lo mismo ocurre en los Estados Unidos, donde el estado de Alabama subsidia a la Mercedes Benz a razón de 170.000 dólares por puesto de trabajo; el de Ohio le regaló 16 millones a la Honda y el de Kentucky 125 millones a la Toyota. Carolina del Sur subsidia a razón de 79.000 dólares por puesto de trabajo a la BMW y el de Tenesse pagó 11.000 dólares por empleado a la Nissam. Como ejemplo de la inutilidad social de estos subsidios, el comentarista cita el caso de la fábrica de Volkswagen, que, subsidios mediante, construyó una planta en Pennsylvania y la cerró al día siguiente de recibir el último dólar comprometido por el gobierno del Estado …


Salta a la vista que, cuando los capitalistas argentinos y extranjeros reclaman al gobierno menemista una ‘política industrial’ como la brasileña, exigen una montaña de subsidios similar a la que reciben los pulpos que van al Brasil.


«La patria automotriz»


La llamada ‘inversión automotriz’ es el rubro de mayor expansión en los países del Mercosur. Los gobiernos de Argentina y Brasil contabilizan como ‘éxitos’ la radicación de nuevas industrias en miles de millones de dólares …cuando la realidad es que la plata la ponen los gobiernos, o sea los contribuyentes.


Los gobiernos de Buenos Aires y Córdoba, por ejemplo, financiaron la totalidad de las obras de infraestructura necesarias para la instalación de Toyota, Chrysler y Fiat; el gobierno nacional, por su parte, pagó la mitad de los salarios de los trabajadores de estas empresas durante el período de ‘aprendizaje’. El gobierno brasileño, por su parte, subsidió masivamente la radicación de Renault (Curitiba), de Fiat (Minas Gerais), de Volkswagen (Río de Janeiro) y de las terminales japonesas y coreanas (en el nordeste).


Esta ‘guerra por las inversiones’ –en la cual los únicos vencedores son los grandes pulpos automotrices y los grandes perdedores son los contribuyentes de los estados donde éstos se radican– ha llegado a su conclusión lógica: el gobierno de Río Grande do Sul va a financiar la totalidad de la inversión necesaria para la radicación de la General Motors y del capital de giro necesario para sus operaciones.


Todo esto simplemente demuestra el grado extraordinario de confiscación económica que supone la llamada ‘inversión automotriz’. Cuando los pulpos remiten las ganancias al exterior, se están llevando esos subsidios, se están embolsando la diferencia entre los intereses que pagan por su deuda y los que cobran a los consumidores, se quedan con el sobreprecio que cobran en el país con relación al de los autos del exterior y se guardan el extraordinario beneficio que supone la elevada tasa de explotación de los trabajadores del Mercosur.


Si, además, se considera que el automóvil es una mercancía de consumo personal, que tampoco beneficia a los obreros debido a su elevado precio, que no aporta a la reproducción de la economía y al incremento de su productividad, tenemos que las llamadas ‘inversiones automotrices’ (capitalistas) son un enorme despilfarro económico que descapitaliza a los países del Mercosur.