29/07/1999 | 636

Menem acata a los yanquis y choca con Techint

El diario La Nación (30/7) informó que Menem, antes de anunciar la revisión de las medidas contra las importaciones brasileñas, se había reunido con Thomas McLarty, «ex enviado del presidente norteamericano Bill Clinton para las Américas y actual director de una consultora para empresas con intereses en América Latina».


«El Presidente (Menem) le confió (a McLarty) que viajaría a Brasilia…». «El Mercosur es fuerte, le respondió McLarty a Menem, van a poder solucionar los problemas, y eso es importante para la región y para los Estados Unidos».


De la misma manera, «el mensaje que transmitieron a coro el Departamento de Estado norteamericano, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los grandes grupos económicos internacionales con fuertes inversiones y negocios en la región a ambos gobiernos, apenas estalló esta nueva pelea entre la Argentina y Brasil (fue) pueden estirar la cuerda, pero el Mercosur no puede romperse» (Clarín, 1/8).


En resumen, los yanquis le dieron la orden a Menem de no romper el Mercosur ni de profundizar su crisis.


Para los yanquis, el Mercosur es una plataforma de importantes negocios. Por eso Menem viajó de urgencia a entrevistarse con Cardoso apenas estalló el conflicto y revió enseguida la resolución de salvaguardia contra las importaciones brasileñas adoptada tres días antes.


En esta ‘patriada’, Menem fue respaldado por la Alianza. De la Rúa rubricó el acuerdo Menem-Cardoso.


Que el imperialismo mundial sostenga el Mercosur no significa que pueda evitar una mayor desintegración de las economías sudamericanas o las rivalidades intercapitalistas que se amplían al compás de la crisis internacional. El Mercosur, junto con China, está colocado hoy en el epicentro de la crisis internacional.


Devaluación


Luego de la devaluación del Real, el intercambio bilateral cayó casi un 30%, pero en los bienes industriales la caída fue del 40%.


La devaluación tampoco mejoró las exportaciones de Brasil al resto del mundo. A pesar de todo lo que se abarataron en dólares, están estancadas, esto porque la demanda mundial está en retroceso independientemente de lo que haga Brasil.


La recesión y la devaluación brasileñas pusieron al descubierto que la Argentina estaba en cesación de pagos, pues no tiene cómo pagar la voluminosa deuda pública y privada (necesita unos 30.000 millones anuales).


De este modo, lo que empezó como una integración capitalista culmina con la desintegración en las relaciones comerciales sudamericanas.


Choques


Aunque los conflictos son generalizados y abarcan sectores tan diversos como calzados, textiles y vestimenta, el choque más importante tiene que ver con la industria automotriz, siderúrgica y de autopartes.


Para cerrarle el ingreso a las automotrices asiáticas, las multinacionales radicadas en la Argentina y Brasil quieren seguir disponiendo de un arancel más bajo para importar autos (no del 35% sino del 17,5%) y autopiezas (al 4%) desde sus casas matrices u otras filiales del exterior.


Pero estas rebajas significarían un golpe a la siderurgia no vinculada a las automotrices, ya que no podría venderle chapa a las terminales.


En el Mercosur, esto significa un golpe a Techint que tiene el monopolio de la chapa a través de Siderar. Sus inversiones en Venezuela, en la planta Sidor, sufrieron un fuerte golpe y no pudo levantar algunas deudas. Además, la francesa Usinor le ganó a Techint en la disputa por la siderúrgica Tubarão de Brasil y amenaza las posiciones de todo el grupo Techint tanto en chapa como en tubos.


Por eso, Techint se lanzó de lleno a que el gobierno argentino le pusiera medidas antidumping a la importación de acero de Brasil. En mayo, el gobierno argentino dispuso que la importación de chapa laminada en caliente no podía ingresar «provisoriamente» por debajo de 410 dólares la tonelada. De esta manera, Techint tiene garantizado ese precio para sus ventas internas. Los siderúrgicos brasileños dicen que «venden en su mercado la chapa en caliente a 240 dólares la tonelada y que ese producto lo colocan en la Argentina a 300 dólares» (El Cronista, 30/7).


Los siderúrgicos brasileños «explican que la pérdida de rentabilidad de la firma argentina tiene que ver con la caída de los precios internacionales y la recesión del mercado interno, e incluso con los resultados de la venezolana Sidor, en la cual Siderar es socio mayoritario» (ídem).


Ahora, «Javier Tizado, de Siderar, anunció que pedirá que se conviertan en definitivos los derechos compensatorios aplicados por cuatro meses contra las acerías brasileñas, acusadas de vender laminados a precios de dumping» (BAE, 30/7).


Nueva crisis


Para que la marcha atrás de Menem cierre la crisis sería necesario que se llegara a un acuerdo de reparto de mercado y de entrelazamiento de capital entre Techint y los grupos brasileños controlados por los japoneses y europeos. Pero esto es precisamente lo que está descartado en un mercado cada vez más reducido. Esto se manifiesta claramente en las declaraciones antimenemistas de los principales directivos de la Unión Industrial, donde Techint tiene fuerte presencia, y políticamente está copada por duhaldistas y el ala Machinea de los aliancistas.


Todo esto explica la tendencia devaluacionista, que encabezan Techint y Fiat, los que colocaron al duhaldista Rial al frente de la Unión Industrial. También que grandes grupos, como Techint, Arcor, Macri, Pérez Companc y Bridas hayan planteado el abandono del dólar fijo y un acuerdo entre los 4 países del Mercosur para que sus monedas puedan fluctuar «y variar entre sí con un margen de amplitud establecido a priori por el bloque: nadie podrá devaluar más allá de un nivel pactado previamente». Además, que «las monedas de los 4 países del Mercosur deben estar referidas a otra moneda extranjera. Y esa otra moneda no tiene por qué ser el dólar» (Clarín, 14/6).


La patronal brasileña está convencida de que la Argentina marcha a la devaluación y así lo señala reiteradamente.


La devaluación gana adeptos en el Mercosur y va ganando el apoyo del gobierno yanqui, como forma de relanzar el Mercosur a través de exportaciones abaratadas.


La crisis mundial, sin embargo, pone un límite insalvable a esta salida.


Pero la devaluación no salvará a la Argentina de una crisis aún más profunda, como ya se ve con Brasil, que todavía no digirió su propia devaluación.


Hay una salida a este derrumbe: la unión política de América Latina bajo la dirección de gobiernos obrero-campesinos.