07/10/2001 | 725

Mercosur: No hay «acuerdo» que lo salve

El reciente acuerdo entre Brasil y la Argentina, murió antes de nacer. Pero el aborto no es gratuito porque profundiza aún más la crisis política y económica en ambos países y amenaza con derrumbar al propio Mercosur.


Que Cavallo exigiera a Brasil una compensación a la Argentina por la devaluación de su moneda, el real, revela una situación sin salida, porque supone que Brasil aceptaría subsidiar a la industria argentina para que exporte más a ese país e importe menos de él. Los brasileños ni siquiera consideraron el planteo y en este punto tuvieron el apoyo del canciller argentino Adalberto Rodríguez Giavarini.


Claro que «Cavallo se puso loco cuando se enteró de que no estaba resuelta ninguna compensación» (La Nación, 10/10) y, según Clarín (12/10), «Cavallo responsabilizó directamente al canciller por lo que consideró el ‘fiasco’ que fue la negociación bilateral».


Este choque Cavallo-Rodríguez Giavarini podría provocar el desplazamiento de uno de los dos del gabinete, con la consiguiente crisis política, una ruptura mayor dentro del Mercosur y la devaluación del peso.


El acuerdo de salvaguardias establece que la Argentina y Brasil tienen que fijar cómo serán aplicadas. La Argentina tiene que mostrar qué productos brasileños «dañan» la producción interna. Pero a pesar de la devaluación del real, la importación cayó el 20%, debido a la recesión argentina, por lo que no existe «invasión» brasileña. Por eso, entre otras cosas, los ministros brasileños dijeron que a la Argentina «le resultará difícil demostrar daños» (Ambito, 12/10). La Unión Industrial, entonces, calificó al acuerdo casi de inservible.


En estas condiciones, Argentina saltó al primer puesto en riesgo-país y las calificadoras de riesgo la pusieron en cesación de pagos.


Por su parte, Brasil no consigue detener la devaluación del real, a pesar de que todos los días vende 500 millones en títulos dolarizados, a una tasa de interés del 20%. Un ex presidente del Banco Central de Brasil, Ibrahim Eris, se preguntó cuánto tiempo un Banco Central puede vender títulos por 500 millones diarios o 11.000 millones mensuales, sin lograr detener la devaluación de la moneda (O Estado de Sao Paulo, 7/10). Para Eris, la crisis financiera brasileña es tan profunda que exige «que el real quede desvalorizado por algunos años». Sin perspectiva de inversiones ni préstamos nuevos, la burguesía brasileña apuesta a la devaluación para abaratar sus productos en el mercado internacional.


Todo esto reforzó la división en la burguesía argentina. Paolo Rocca, mandamás del grupo Techint, volvió a plantear que «las divergencias de políticas macroeconómicas entre Brasil y la Argentina están siendo incompatibles con el mantenimiento del esquema de convertibilidad y con el crecimiento de la industria argentina» (BAE, 1/10). Tras los pasos de Techint está Fiat, que trasladó la fabricación de camiones pesados de Córdoba a Brasil, y decidió ampliar en ese país la planta que produce los utilitarios Daily y Ducato (BAE, ídem). En cambio, para Luis Pagani, el patrón de Arcor, «el mercado al que más exporta la Argentina es Brasil y por eso hay que buscar soluciones sin romper el Mercosur». Lo que sucede es que mientras Techint no vende casi nada en Brasil, las siderurgias brasileñas venden en la Argentina y en otros países donde está presente Techint. A nivel mundial, la siderurgia produce un 20% por encima de la demanda, desatando una feroz «guerra de precios». En cambio, Arcor es una alimenticia que exporta una parte sustancial de su producción en Brasil y no tiene competencia brasileña.


La cesación de pagos conjunta argentino-brasileña no se puede resolver por una vía comercial.

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