14/10/2010 | 1150

Mineros de Chile: La «tinellización» del rescate

La prolongada estadía de los mineros bajo tierra en la mina San José va mostrando, paso a paso, un proceso de abierta manipulación política. Las responsabilidades enormes de los gobiernos en la brutal explotación de las minas, en las concesiones a perpetuidad de los yacimientos, en el abierto incumplimiento de las normas más elementales de seguridad, está pasando, interesadamente, a un segundo plano, suplantada por un show mediático sobre el auxilio de la última generación de las excavadoras, por las «brillantes» ideas del ejército para el diseño de una cápsula de rescate, por un ejército de psicólogos, por una competencia escandalosa entre la Iglesia católica y la evangelista sobre la atención «espiritual» de los mineros, y hasta por donaciones excepcionales de otros capitalistas mineros a los familiares de los 33 trabajadores enterrados.

El Estado chileno es el responsable del mayor saqueo laboral y ambiental de la historia de Chile. El capital trasnacional según el propio banco central chileno retiro del país una cifra superior a los 700 millones de dólares provenientes de la minería. Millones que fueron arrancados a costa de la brutal explotación de los mineros. «Si en los últimos cinco años las utilidades de las empresas mineras crecieron aceleradamente, este año ascendieron en forma explosiva: sólo en el primer semestre registraron ganancias por 4.656 millones de dólares, con un alza del 70%. A modo de comparación con otro sector de alta rentabilidad, vale la pena anotar que hasta agosto de este año los bancos locales registraban ganancias por casi 2.300 millones de dólares» (Clarín, 10/10).

El semanario Brecha ha denunciado que la mina San José comenzó su actividad en 1890 y que al cabo de todos estos años lleva la friolera de 1.100 muertos en accidentes en la mina. El abandono actual del mantenimiento de la mina es de vieja data porque todos los técnicos consideraron que estaba agotada y que los costos de profundizar una excavación serian tan onerosos que no la harían rentable. La decisión de su reapertura de explotación se hizo en detrimento de bajar este costo que garantizaba mínimamente la seguridad de los mineros, lo que constituye un asesinato. «San José era un yacimiento que durante mucho tiempo estuvo cerrado, pero en 2008 a partir de la suba del valor del cobre, la reabrieron en condiciones precarias» (Clarín, 8/9).

El chiflón del diablo

Es cierto que son los mineros en gran parte responsables de su supervivencia por estar acostumbrados a sortear estos brutales niveles de explotación. La burguesía chilena ahora «descubre» y canta loas a la practicidad y el coraje de los mineros, que después de esta barbarie capitalista siguen vivos, y aprovecha para cantarse loas a sí misma de una eficiencia irreal. No hay máquinas de ultima generación. El rescate está siendo tinellizado para que el actual presidente se suba a una foto que oculta su responsabilidad.

Los libros escolares de Chile contienen un cuento de Baldomero Lillo, publicado en 1904, que retrata la heroicidad de los mineros en Chile. A la entrada de una mina cualquiera un capataz decide el despido de dos mineros por reducción de personal. El mismo capataz les ofrece trabajo en el «Chiflón del diablo», la más peligrosa de las minas.

Los dos elijen el trabajo y su posible muerte para defender a sus familias.

Hoy, la mayoría de las minas de Chile son el «Chiflón del diablo». Los grandes sindicatos se han sumado al show del rescate, pero no exigen la revisión de las condiciones de seguridad de sus trabajadores, el juicio y la cárcel para todos los que explotan ignominiosamente a los mineros.

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