14/03/1996 | 485

Otro atropello contra Cuba

Por J.O.

Clinton se apresta a promulgar una ley votada por amplía mayoría en las cámaras de senadores y de diputados de los Estados Unidos, que refuerza considerablemente el bloqueo de treinta años contra Cuba. Clinton se aparta de este modo de sus reiteradas advertencias de que vetaría la ley, por los perjuicios que causaría a los inversores norteamericanos, y se aparta incluso de su antecesor republicano, G. Bush, quien reiteradamente bloqueó el pasaje de la ley en el senado. El pretexto para este viraje fue el abatimiento de dos aeronaves gusanas, por parte del gobierno de Fidel Castro, que se encontraban violando por enésima vez el espacio aéreo cubano.


Las principales disposiciones de la ley en cuestión prohíben el ingreso a los Estados Unidos de mercaderías que contengan azúcar cubano, autorizan a procesar a quienes adquieran propiedades confiscadas por la revolución y prohíben el ingreso a los Estados Unidos a los ejecutivos de las firmas envueltas con la transacción de las propiedades confiscadas. A partir de esta ley, el conjunto de decretos y reglamentaciones que bloquean el comercio con Cuba toma un carácter legislativo, por lo cual ya no podrán ser derogadas por el Ejecutivo, sino que requerirán una ley del Congreso.


Clinton, de todos modos, no se ató completamente las manos, ya que la ley lo autoriza a suspender por seis meses, en forma renovable, el artículo que autoriza a procesar a quienes trafiquen con propiedades confiscadas.


El voto del Congreso y el cambio de posición de Clinton fueron duramente criticados por los voceros de los intereses norteamericanos en Cuba y por los países que tienen un comercio creciente con la isla. “Muchos analistas, comenta el Financial Times, dicen que dada la fuerza de esta oposición, la nueva legislación podría ser inaplicable y que será ampliamente cuestionada en sede judicial. La presión de la comunidad de negocios norteamericana contra el embargo de Estados Unidos a Cuba se espera que vaya a continuar” (2/3).


Para el representante del Consejo de Economía y Comercio Estados Unidos-Cuba, con sede en Nueva York, “los intereses de la comunidad de negocios de los Estados Unidos no van cambiar una jota en tanto la isla continúe reformando su economía” (ídem). Entre los pulpos anti-bloqueo figuran la General Motors, Cargill, Unilever, la tabacalera BAT, la canadiense Sherrit, la minera australiana Western, el grupo agroquímico británico Zeneca, Pernord Ricard, las telefónicas yanqui-mexicanas, etc.


Un editorial del Financial Times (7/3) ventila una crítica más amplia a la ley por “ceder una importante decisión de política exterior a uno de los congresos más aislacionistas en muchos años”. Por aislacionismo se entiende en la jerga oficial a los sectores que reclaman una política proteccionista y que se niegan a financiar las intervenciones político-militares en el exterior.


Para el diario Le Monde (8/3), la ley “representa una ofensiva política y diplomática sin precedentes de Washington contra La Habana. Marca un freno con relación a la línea seguida desde hace más de dos años por la administración Clinton”.


¿A qué se debe, entonces, este viraje?


Dado que los mayores pulpos norteamericanos se han manifestado a favor del relajamiento del bloqueo contra Cuba, es posible que la nueva ley sea neutralizada por la autorización que da a Clinton de suspender procesos relacionados con las propiedades confiscadas y por decisiones de inconstitucionalidad de parte de la justicia. En esta variante, Clinton se habría limitado a sacarles a los republicanos el tema Cuba en un año electoral.


Sin embargo, el giro de Clinton se produce en circunstancias internacionales a tener en cuenta: la crisis entre China y Taiwán, de un lado, y la crisis del Nafta, del otro. Con relación a lo primero, Clinton no podía vetar la ley contra Cuba sin dar la impresión de ‘apaciguamiento’ frente a la presión militar del gobierno chino, un aliado de Cuba, contra la isla secesionista. Con relación a lo segundo, el gobierno norteamericano ha estado tomando medidas proteccionistas contra México y, en menor medida, contra Canadá, por lo que no debe descartarse que esté buscando un motivo de pendencia contra estos dos países que se encuentran entre los más activos en el comercio con Cuba. El clima del comercio internacional se encuentra muy tenso y todos los Estados andan a la caza de pretextos para tomar medidas excepcionales en beneficio de sus capitalistas.


La cuestión cubana se ha transformado en un asunto de rivalidades y choques entre capitalistas dentro de Estados Unidos y entre diferentes estados imperialistas, que pujan por el mercado cubano y el sometimiento de Cuba, como parte de una puja que los opone a escala mundial.

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