13/09/2001 | 721

Polémica ¿Libertad a Milosevic?

En las páginas de Prensa Obrera se ha suscitado un debate en torno a la consigna «Libertad a Milosevic», el ex jefe de gobierno de Serbia, que fue detenido por la Otan y va a ser juzgado por un tribunal del imperialismo, el Tribunal internacional de La Haya.


Milosevic es una especie de Galtieri, es decir un agente del imperialismo y un criminal contra su propio pueblo que, en un determinado momento, sostuvo un choque militar limitado contra el imperialismo. Es claro que no le reconocemos a la Otan, ocupante y opresora nacional de Yugoslavia, ningún derecho a juzgar a Milosevic, de la misma manera que no le habríamos reconocido al imperialismo inglés el derecho a juzgar a Galtieri. Ningún prejuicio liberal puede llevarnos a ocultar que semejante ‘juicio’ no tiene nada que ver con la ‘justicia’ ni con la ‘democracia’ sino con la opresión nacional, con el sojuzgamiento de los pueblos y, también, muy importante, con el ocultamiento a los ojos del mundo de la complicidad del imperialismo mundial con Milosevic y sus masacres. Por eso, junto con los compañeros del Centro Christian Rakovsky, denunciamos el abierto proimperialismo de las corrientes de ‘izquierda’ que, como el SU, defienden el juicio a Milosevic por parte del Tribunal de La Haya.


Pero Milosevic, como Galtieri, es un asesino de obreros y trabajadores, y debe ser juzgado y condenado por esos crímenes. «Cárcel a Milosevic», como «Cárcel a Galtieri», son, también, consignas de la clase obrera (y no sólo de las clases obreras de sus respectivos países, sino de la clase obrera mundial).


La debilidad de la consigna «libertad a Milosevic» radica en el hecho de que mientras recalca acertadamente el primer aspecto del problema –la denuncia del contenido imperialista, es decir de opresión nacional, del juicio en La Haya– diluye el segundo –la necesidad de juzgar y condenar a Milosevic por sus crímenes contra los pueblos balcánicos–. En esa consigna está ausente el reclamo del castigo a Milosevic por sus crímenes contra la Yugoslavia obrera y contra la clase obrera internacional. Detrás de la cuestión, innegablemente cierta, de que el juicio de la Otan contra Milosevic es un ataque contra la nación yugoslava, se oculta que Milosevic fue también un agente de la división y de la opresión nacionales de los pueblos balcánicos. No es que la opresión nacional de Yugoslavia es una cosa(responsabilidad de la Otan y el imperialismo) y los crímenes contra el pueblo son otra cosa (responsabilidad de Milosevic). La Otan y Milosevic son ambos responsables, claro que a distinta escala y en diferente grado, de la desintegración de la Federación Yugoslava, de la opresión nacional y de los crímenes contra el pueblo. La consigna «libertad a Milosevic» no esclarece este lazo político que ata de manera indisoluble al régimen de Milosevic con la restauración del capitalismo y a la opresión nacional con los crímenes contra los pueblos balcánicos.


Los compañeros del Centro Rakovsky dicen que para que la clase obrera pueda juzgar a Milosevic, primero hay que liberarlo de la Otan. Si la consigna se cumpliera al pie de la letra, Milosevic podría circular con plena libertad por las calles de Belgrado hasta que los trabajadores tomen el poder. En este planteo, la consigna de que los obreros juzguen a Milosevic no formaría parte del programa de lucha para instalar la dictadura del proletariado en Serbia. Las consignas de juicio y castigo a los dictadores han tenido en la Argentina un enorme poder movilizador y la denuncia de la impunidad de los asesinos de la dictadura por parte de los gobiernos de la ‘democracia’ fue un elemento de primer orden para desenmascararlos frente al pueblo.


¿Por qué no podemos reclamar que Milosevic sea juzgado en Yugoslavia por los crímenes contra el pueblo y establecer en forma de consignas dirigidas al poder político la forma en que entendemos que debe desarrollarse el juicio? Una consigna de esta naturaleza pondría en evidencia la complicidad y el continuismo del régimen de la Dos con el de Milosevic –¡sus Fuerzas Armadas siguen intactas!– y desenmascararíamos ante el pueblo serbio su pretensión de ser un régimen ‘democrático’ opuesto a la ‘dictadura’ de Milosevic.


Nos oponemos incondicionalmente al juicio trucho de la Otan que encubre la opresión nacional de Yugoslavia y la complicidad del imperialismo con las matanzas de Milosevic. Rechazamos incondicionalmente su secuestro y detención; nuestra posición es que Milosevic sea juzgado y condenado en Yugoslavia por tribunales obreros, por sus crímenes contra los pueblos de los Balcanes. Aunque más larga, esta consigna es más adecuada porque toma en cuenta todos los elementos contradictorios de la situación.

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