20/08/1998 | 597

Prueba de fuerza en Corea del Sur

Al cierre de esta edición, los obreros de la Hyundai Motors, el mayor pulpo automotriz coreano, están levantando barricadas para impedir el inminente desalojo policial de las plantas que mantienen ocupadas desde hace tres semanas.


La ocupación comenzó el 20 de julio, cuando varios miles de trabajadores, acompañados de sus esposas e hijos, tomaron la planta para impedir los despidos masivos. Entre los despedidos se encuentran la mayoría de los dirigentes, delegados y activistas sindicales. Desde entonces, la planta ocupada es rodeada por varios miles de policías armados hasta los dientes; el gobierno declaró ilegal la huelga y detuvo a varios dirigentes sindicales.


La amenaza de desalojar por la fuerza la planta ocupada, fue tomada en «una reunión a puertas cerradas de altos funcionarios de seguridad» (The Washington Post, 14/8). Las negociaciones entre los sindicatos y la patronal han fracasado porque los sindicatos rechazaron la ‘oferta’ patronal de convertir los despidos en suspensiones sin pago por dos años. También fracasó el operativo montado por la patronal para reiniciar las operaciones de la planta con personal jerárquico. Un plenario de un centenar de delegados y responsables sindicales —que representaban a unos 300.000 trabajadores— acaba de advertir que lanzará una huelga general si la policía entra en la planta.


Para forzar una rebaja general de salarios, las patronales han comenzado a atrasar su pago; sólo en la industria metalúrgica los atrasos a fines de julio totalizaban 500 millones de dólares. Los trabajadores están siendo empujados por la crisis capitalista a un pozo sin fondo: en el primer bimestre de este año, los suicidios aumentaron un 36% y los divorcios crecieron a una tasa todavía mayor.


Hyundai ya eliminó una cuarta parte de su fuerza laboral de 46.000 trabajadores. Daewoo, el segundo pulpo automotriz coreano, amenaza con 3.000 despidos. Samsung, el mayor pulpo de la electrónica, con otros15.000.


La ocupación de la Hyundai es la primera prueba de fuerza de fondo entre la clase obrera coreana y los capitalistas y su gobierno desde el comienzo de la crisis.