08/05/2014 | 1313

Putin se pone de acuerdo con Obama y Merkel

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Los medios internacionales que excusan a los fascistas en nombre de los «enfrentamientos» ocultan la acción combinada de las fuerzas estatales, paraestatales y el trasfondo de la ofensiva militar contra las ciudades rebeldes del este.

El viernes 2 de mayo en Odessa se perpetuó una masacre que terminó con la vida de por lo menos 42 personas y dejó 200 heridos. El ataque criminal fue ejecutado por los fascistas de Svoboda y el Pravy Sektor (sector de derecha). Atacaron un campamento de rebeldes opositores e incendiaron la entrada del edificio de la Casa de los Sindicatos, donde los rebeldes se refugiaban, bloquearon las salidas e impidieron a balazos cualquier tipo de escape. La acción de los fascistas, que actuaron con apoyo policial, puso de manifiesto que el aparato de estado del gobierno provisional instalado por la Otan se desintegra a medida que crece la rebelión en las regiones y ciudades del este. El presidente interino, Turchínov, debió remover al alcalde y a toda la cúpula policial de la ciudad y liberar a setenta activistas opositores, luego de una gigantesca movilización solidaria con las víctimas.


Ofensiva militar

La masacre de Odessa se produjo el mismo día en que se lanzó la mayor ofensiva de las fuerzas militares de Kiev contra doce ciudades rebeldes del este. Las batallas tienen lugar en las afueras de las ciudades, por la incapacidad oficial de derribar los controles y barricadas rebeldes y por temor a que una guerra urbana desate una guerra civil y una intervención internacional. Las acciones militares son un reflejo del estado de fuerzas y de los objetivos políticos de ambos sectores. se producen en las afueras por temor a las consecuencias de ir a fondo en una ciudad bastión de los rebeldes. La CIA y el FBI asesoraron y pertrecharon la ofensiva militar contra el este, como un último recurso que permita la realización de elecciones generales, el 25 de mayo que viene, y asegurar de este modo el control de Ucrania, que consiguieron con un golpe de Estado el 22 de febrero pasado. Es, precisamente, contra este propósito que se produce la rebelión, acicateada por un veloz agravamiento social, como consecuencia de los tarifazos del orden del 50% impuestos por el FMI. Aunque la propaganda ‘occidental’ se refiere a los rebeldes como ‘separatistas y pro-rusos’, lo cierto es que se trata de una lucha por Ucrania, no por su disolución. La independencia de Ucrania está comprometida por la instalación de un gobierno títere de la Otan y de la Unión Europea, en la capital.

Elecciones
para legitimar el golpe

La rebelión oriental forzó a las potencias en presencia a reunirse en Ginebra para pactar el desarme de las milicias insurgentes. El acuerdo fracasó por la resistencia de los rebeldes, por un lado, y por el lanzamiento de una ofensiva militar oficial, a instancias del gobierno de Obama. En tanto que Alemania está convencida de que puede llevar a Putin a la aceptación del sometimiento de Ucrania a la Unión Europea, Estados Unidos busca desarrollar la crisis más lejos, hasta el interior de la propia Rusia. Angela Merkel ha obtenido de Putin la seguridad de que Rusia no torpedearía la elección del 25 de mayo, a cambio de ciertas garantías -como, por ejemplo, la continuidad de los actuales emprendimientos de gas (el ducto Southern Stream, que bordea a Ucrania por el sur)- y diversas concesiones constitucionales al este. Estados Unidos, en cambio, pretende cambiar la estructura energética de Europa. La mayor parte de los oligarcas ucranianos de obediencia moscovita se han pasado de campo e incluso una fracción importante de la oligarquía de Rusia enfrenta a Putin, para llevarlo a aceptar la propuesta alemana. En una entrevista a cinco diarios internacionales, el ministro de exteriores alemán insistió en la necesidad de proceder a un nuevo intento de acuerdo con Putin. Putin acaba, tres días más tarde, de convocar a los rebeldes a no proseguir con sus proyectos de referendos regionales, que darían por tierra con la elección nacional. Lo hizo a pocas horas de la celebración del aniversario de la victoria soviética contra Hitler, el 8 de mayo, que se espera multitudinaria, tanto en Rusia como en el este y sur de Ucrania. Será un grito de guerra contra el fascismo alentado por el imperialismo norteamericano.

Un acuerdo, fatalmente precario, agravará, contradictoriamente, la crisis de Ucrania. Es que, a cambio de préstamo de rescate para pagar la deuda externa, incluida la rusa, el FMI ha impuesto un tarifazo monumental y un aún mayor plan de privatizaciones. La cuestión nacional de Ucrania tomará dimensiones cada vez más sociales. Es claro para todos los observadores internacionales que cualquier gobierno que surja, en estas condiciones, será radicalmente incapaz de afrontar la crisis. La Unión Europea hará de Ucrania un protectorado económico con el acuerdo de Rusia (que siempre tendrá a Crimea). Una dirección política revolucionaria explotaría esta situación para unir a las masas pobres de todas las partes del país contra el imperialismo y las oligarquías, con el planteo de una Ucrania unida, independiente y socialista.


Martín Corbatta

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