03/10/2002 | 774

Qué divide a Europa de Norteamérica

A pesar de la masiva oposición de la población inglesa y de su propio partido, el apoyo del primer ministro británico Tony Blair a la embestida militar norteamericana contra Irak es inconmovible. La razón es que la suerte de la única industria británica de peso en el mercado mundial está estrechamente ligada al Pentágono.


La industria armamentista británica – centrada en la defensa aeroespacial – es la segunda en el mundo. Las seis mayores empresas británicas de defensa le venden más al Pentágono que al propio Estado británico; desde 1997, sus ventas a EE.UU. se duplicaron. Su centro de gravedad se ha desplegado a los Estados Unidos, donde sus ventas e inversiones crecen rápidamente, especialmente después del 11 de septiembre. «No es una tendencia; es una estampida sangrienta»: así describe The Economist (14/9) el entrelazamiento de la industria de defensa británica con el Pentágono. Por exigencia del Pentágono, los británicos están instalando fábricas en los Estados Unidos para abastecer a la defensa norteamericana.


Mientras el Pentágono otorga generosos contratos a las empresas británicas y comparte con ellas sus desarrollos tecnológicos más «sensibles», las industrias armamentistas de Francia y Alemania no gozan de ninguno de estos privilegios; al contrario, el Pentágono las considera «rivales». Lo mismo sucede con los británicos en Europa: las grandes firmas británicas no tienen mercado en Europa continental.


La rivalidad entre las empresas armamentistas se agravó después del 11 de septiembre, porque «Bush y el Pentágono sostienen de manera aún más agresiva a sus empresas» y «han reducido prácticamente a todos los demás al rango de estados vasallos. Si esto continúa, no quedará más que una industria de defensa, la norteamericana» (Le Monde, 27/9). Así, la Dassault francesa perdió a manos de la Boeing y la Martin Lockheed jugosos contratos de provisión de aviones de caza para Australia y Corea… «a pesar de que las evaluaciones técnicas, de costo y las proposiciones de transferencia de tecnología había colocado al Rafale francés por delante del F-15K norteamericano» (ídem). Esta despiadada competencia en el mercado armamentista no sólo explica el alineamieto de Blair con Bush sino también las resistencias francesas y la cerrada negativa alemana a la guerra contra Irak.


En el pasado reciente, «la administración de Clinton esperaba que la expansión de la Otan proveyera una causa común suficientemente importante para mantener a Washington y Berlin en una alianza estratégica. (Pero) el énfasis de Bush en la dominación mundial de los Estados Unidos en los asuntos militares agravó la brecha política entre las dos capitales en los meses recientes» (The New York Times, 27/9).


La crisis entre Estados Unidos y Alemania plantea una crisis mayúscula para la Unión Europea: «No es claro que Francia, España o incluso Gran Bretaña puedan acomodarse exitosamente a un abrupto y profundo cambio en las prioridades de Alemania en cuanto a colaboración internacional o regional sin una grave dislocación. Ciertamente, la Unión Europea no podrá hacerlo» (ídem).

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