10/11/1993 | 406

Que el PT y la CUT rompan con la burguesía

La crisis política abierta en Brasil por las denuncias de corrupción es considerablemente más profunda que la que un año atrás llevó a la caída de Collor. Ya no es un “hombre” y su “entorno” de advenedizos lo que está en el banquillo, sino el conjunto de las instituciones políticas del Estado: el parlamento; los partidos patronales y sus candidatos presidenciales; el Ejecutivo; los ministros más cercanos al presidente; sus secretarios y subsecretarios. Todos ellos están acusados, y hasta la justicia y la prensa son sospechosas de “omisión”, es decir de complicidad.


La burguesía brasileña y el imperialismo lograron superar la “crisis Collor” mediante un “acuerdo político” que abarcó desde la embajada norteamericana y el alto mando militar hasta el PT. Pero hoy no hay un “Itamar” que pueda reemplazar a las instituciones políticas “en desgracia” … ni siquiera la fuerza armada. En el brete, la burguesía ha adoptado entonces la orientación de “erradicar a los corruptos para limpiar las instituciones”. Así, todos los partidos, incluso aquéllos liderados por los acusados, y hasta algunos de los propios implicados, como el ex presidente José Sarney, alzaron sus voces para pedir “que la justicia sea inflexible”, “que la Comisión Investigadora derogue los mandatos de los corruptos”, etc., etc. etc. La burguesía ha dispuesto montar una parodia tropical del“mani pulite” italiano.


Pero, claro, son los propios corruptos los que montan los tribunales. De lo único que se trata es de evitar la disolución del parlamento y la convocatoria a elecciones anticipadas, para las cuales no existen aún los candidatos patronales que puedan rivalizar con Lula, del PT. Es decir, que se ha montado un gigantesco operativo para preservar a las instituciones corruptas … y a los propios corruptos.


Un aspecto, y no de los menores, de todo este “mani pulite” brasileño es asegurar la impunidad de todos los acusados. Podrán ser desalojados de sus cargos, pero   ninguno irá a parar a la cárcel —como no lo fue Collor— porque, como de antemano lo afirmó el presidente de la Comisión Investigadora (y “casualmente” dirigente de uno de los partidos más comprometidos por las acusaciones), Jarbas Pasarinho, “será difícil encontrar pruebas materiales” (Jornal do Brasil, 24/10). Una prueba de todo este encubrimiento  es que, pese a la catarata de denuncias y evidencias sobre las relaciones “de intereses”  entre el ex presidente Sarney y la constructora Servaz, Sarney no será investigado porque “no formaba parte de la Comisión de Presupuesto” (Jornal do Brasil, 4/11).


La burguesía se mueve unida detrás de esta orientación política. La OAB (Orden de Abogados de Brasil), y hasta la cámara patronal de Minas Gerais, la Asociación Brasileña de Prensa y los presidentes de las asociaciones comerciales de San Pablo, han comenzado a organizar “vigilias” y “campañas” “por la moralidad”, “para que la CPI esclarezca” …, a las que se ha sumado la CUT, la burocracia sindical ligada al PT. Esto significa volver a encadenar a los trabajadores y a la juventud a la estrategia concertada por la burguesía.


Un gobierno paralizado e impotente


Sin embargo, para la burguesía no basta con preservar el Congreso y evitar las elecciones anticipadas. Además, tiene que “preparar” las próximas elecciones  y, por sobre todo, enfrentar el agravamiento de la crisis económica. En los últimos tres meses, ha comenzado a caer la producción industrial y a aumentar considerablemente el desempleo, lo cual eliminó los últimos “índices” de “optimismo” sobre la situación del país.


El problema es que el propio Ejecutivo está dividido frente a esta crisis, impidiéndole gobernar por encima del Congreso.


“O Estado de Sao Paulo” (31/10) incita al ministro de Economía a actuar rápidamente: “el principal elemento que estimula el shock inmediato es la crisis política. El Congreso ha sido siempre el mayor obstáculo a las normas de desindexación. Pero con un Congreso debilitado, bastaría que el Ejecutivo avanzara en la dirección de la estabilidad aprovechando la imagen negativa que inspiran los gastos presupuestarios después de la CPI (la Comisión investigadora)”. Lo mismo reclama el “Jornal do Brasil” (31/10): “las condiciones políticas —dice— se abrieron excepcionalmente para que el equipo económico actúe”.


Estas apelaciones al “equipo económico” significan, sin embargo, que se pretende desahuciar al presidente, Itamar Franco, y a su “entorno”, es decir, precipitar otra crisis más. Las iniciativas de “desindexar la economía” no han dado respuesta a qué ocurrirá con todos los contratos y las deudas que se encuentran indexados, frente a una inflación que habrá de continuar por mucho tiempo, cualquiera sea el éxito del “plan de estabilización”. Tampoco responde esa iniciativa a qué ocurrirá con las exportaciones si es abandonada la política de devaluaciones de la moneda, que les ha servido de incentivo. No hay que olvidar que el estreno de un (nuevo) “plan de estabilización” se producirá cuando son abultados los síntomas que anuncian un nuevo estallido en la recurrente crisis financiera internacional, impulsado por una insolvencia de los especuladores de títulos públicos y acciones en las principales bolsas del mundo.


PT


La movilización que está encarando el PT, con la consigna de que la Comisión Investigadora vaya hasta sus últimas consecuencias tiene la insalvable limitación de que coincide con la política de sus adversarios, la política del capital, la política del imperialismo. Sirve, en primer lugar, para desviar la atención de la ola de despidos que sufren los trabajadores,  de la caída del salario (¡y de su poder adquisitivo!) y del incremento de la explotación laboral. Sirve, en segundo lugar, para encubrir la impotencia, no ya“moral” sino política, de las instituciones del Estado para evitar un agravamiento de la desesperación popular. Claro que, en tercer lugar, sirve para salvar a los corruptos, pues el Congreso no tiene facultades judiciales …, una gran ventaja de la “división de poderes”. El PT pretende“ganar tiempo” y “acumular espacio” esquivando por todos los medios los problemas de las masas y del país.


Pero en Brasil, la crisis está planteando una auténtica cuestión de poder. Esta situación debe determinar la orientación política de impulsar el reclamo de que el PT, la CUT y los partidos de izquierda se movilicen para tomar el poder, ante la manifiesta impotencia de la burguesía, que la burguesía sólo consigue disimular denunciando ella misma esta impotencia, aunque tomando el recaudo, claro, de adjudicársela a las “instituciones” en abstracto, es decir, fingiendo renegar de ellas como un último recurso para rescatarlas.


El planteamiento: por un gobierno del PT, la izquierda y la CUT, serviría para desenmascarar las políticas de sus direcciones, pues deberían explicar a las masas y rendirles cuenta de su oposición a luchar por el poder. Introducir esta discusión o polémica en el movimiento obrero y de las masas ayudaría a luchar para que éstas puedan decidir, en comités de base; en un congreso de bases de la CUT; en los sindicatos y asociaciones populares; y para unir al reclamo del poder todas las reivindicaciones vitales, es decir de subsistencia del pueblo.

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