04/12/1997 | 567

Quién desarrolla la guerra bacteriológica

Según la prensa y el gobierno norteamericanos, la demostración más cabal de la ‘maldad’ del régimen iraquí ha sido su supuesta capacidad para desarrollar un arsenal de armas químicas y bacteriológicas —que según Clinton, “puede destruir a toda la humanidad”— “que ha escapado a la detección de los países considerados más especializados en la recolección de informaciones sobre el Medio Oriente: Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña (…) su programa estaba muy bien escondido de los servicios secretos” (The Washington Post, 23/11).


Pero según informa este mismo diario, “los científicos iraquíes habrían comprado todos los componentes de su programa de armas biológicas a reputados proveedores de Europa (Italia, Suiza y Gran Bretaña) y de los Estados Unidos con poca dificultad (…) Para obtener los gérmenes necesarios para usar como ‘semillas’ de sus programas, Irak recurrió a uno de los proveedores de materiales biológicos más conocidos del mundo, una organización denominada American Type Culture Collection (ATCC) domiciliada en Rockville (…) Entre 1985 y 1989, los iraquíes compraron allí 24 distintos agentes patógenos, incluyendo 13 considerados como ‘altamente riesgosos para la salud humana’, para lo cual recibieron la autorización del Departamento de Comercio de los Estados Unidos y, como es debido, hasta pagaron los impuestos correspondientes (…) Más adelante adquirieron cultivos letales en el Instituto Pasteur de París, en el centro británico de investigaciones militares de Porton Down, en la empresa Oxoid de Inglaterra y en la firma Fluka Chemie de Suiza (…)”.


Las conclusiones son dos.


La primera, que los servicios secretos norteamericano y británico estaban perfectamente al tanto del arsenal biológico iraquí. No se opusieron a su formación porque, en aquella época, las armas iraquíes estaban dirigidas contra Irán —el imperialismo norteamericano apoyó a Saddam en la guerra contra el régimen de los ayatollahs— y contra el pueblo kurdo.


La segunda, que los grandes y más letales arsenales de armas químicas y bacteriológicas, los que sí pueden destruir realmente a toda la humanidad, están en manos del imperialismo mundial.

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