13/06/2002 | 758

Rebelión campesina en Paraguay

La rebelión campesina, obrera y popular que está sacudiendo a Paraguay confirma que el «contagio» argentino no sólo es financiero sino también político.


Desde hace tres semanas, miles de campesinos bloquean las rutas a Asunción con el decidido respaldo de los trabajadores de las ciudades y los estudiantes. La movilización popular, la mayor desde la caída de Stroessner, levanta un programa político: rechazo de la «ley antiterrorista», de la privatización de las rutas, de la «reforma» de la banca pública, de la aplicación del IVA agrario, de la privatización de la compañía telefónica Copaco, y contra la impunidad y la corrupción gubernamentales.


Frente a la envergadura de la movilización, el gobierno de González Macchi aceptó todos los reclamos, con excepción de dar marcha atrás con la privatización telefónica, exigida por el FMI como «aval» de nuevos préstamos. Ante el recule del gobierno, el Congreso Democrático del Pueblo (que reúne a las principales organizaciones campesinas, sindicales y de izquierda), llamó a levantar los cortes y a marchar a Asunción para imponer al Senado el rechazo de la privatización telefónica. Sin embargo, grupos de piqueteros se negaron a levantar los bloqueos y sólo lo hicieron con el compromiso de continuar la lucha hasta paralizar la venta de Copaco.


La militarización de las rutas llevó a sangrientos enfrentamientos, en los que fueron asesinados dos campesinos. Bajo la inmensa presión de los campesinos marchando hacia Asunción y la amenaza de una huelga general indefinida, el Senado terminó anulando la privatización telefónica. El FMI ahora amenaza con cortar la «asistencia financiera» a Paraguay.


La rebelión popular es la consecuencia directa del derrumbe de Paraguay, cuy a endeble estructura sufrió un golpe demoledor con la crisis argentina: no sólo las exportaciones paraguayas a Argentina cayeron un 50% sino que, además, se incrementaron las exportaciones argentinas, provocando un profundo deterioro comercial; la devaluación del guaraní fue fulminante y la corrida bancaria, que había comenzado antes de la de Argentina, se agravó como consecuencia de que muchos de los bancos paraguayos tenían activos (acciones y depósitos) en Argentina.


El fracaso de la privatización telefónica a manos de la movilización popular selló la suerte del débil gobierno de González Macchi. Paraguay oscila entre un recambio centroizquierdista (el vicepresidente Julio César Franco, del Partido Liberal), el golpe militar y el levantamiento obrero y campesino.

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