29/07/1999 | 636

Rusia: significativa victoria obrera

En la mañana del 9 de julio, ochenta hombres armados hasta los dientes, pertenecientes a ‘unidades especiales’ de la policía, de la FSB (ex KGB), y de milicias ‘privadas’, acompañados por dos fiscales y miembros del gobierno de la región de Leningrado, intentaron ‘recuperar’ la planta de papel y pasta celulósica de Vyborg, en la ciudad rusa de Sovetskii, próxima a la frontera con Finlandia. Después de una violenta y extendida batalla campal, los obreros de la planta —respaldados por trabajadores de otras fábricas de la región, convocados de urgencia por la sirena de la planta— lograron expulsar a los atacantes. Cuando los obreros amenazaron con linchar a los funcionarios y cortar todas las comunicaciones de la ciudad con el exterior, el gobierno recusó y ordenó a la patota abandonar la planta.


La victoria obrera de Vyborg muestra la impasse de la restauración capitalista en Rusia. Ante la falta de pago de los salarios y los temores de despidos masivos, los trabajadores declararon que la planta es «propiedad del pueblo», una de las más modernas de Rusia. Expulsaron a los gerentes designados por los ‘privatizadores’ y designaron su propio gerente, elegido en asamblea. Desde entonces, la fábrica se encuentra custodiada por una guardia designada por el comité de huelga. Precisamente, hace ya algunos meses en Prensa Obrera (Nº 617, 25/2), se ponía el ejemplo de la ‘nacionalización’ de esta planta por sus trabajadores como una expresión —»la más importante por razones evidentes»— de «la enorme precariedad del proceso económico ruso».


Los beneficiarios de la privatización (Nikamor Investments) están ligados a uno de los grupos más corruptos de la nueva ‘burguesía’ rusa, el que monopoliza el comercio de vodka y aluminio. Obtuvieron la planta a precio de regalo, según el ‘esquema’ de canje de títulos de deuda del gobierno por activos. Desde que tomaron posesión, comenzaron a vaciarla, vendiendo sus maquinarias y equipos y liquidando sus existencias. En mayo, la corte de arbitraje falló a favor de los privatizadores-vaciadores, pero éstos fracasaron en su intento de retomar el control de la planta: el Comité de Huelga le prohibió a sus representantes entrar en las instalaciones y su guardia armada impidió los intentos de la ‘policía privada’ de los privatizadores por recuperar la fábrica. Entonces llegó el ataque de las fuerzas gubernamentales, que también fue rechazado.


La victoria de los obreros en Vyborg, aunque esté todavía lejos de significar una reversión del proceso de la restauración capitalista es, sin embargo, una expresión de su completo derrumbe. Como otras expresiones del movimiento obrero ruso (ver los manifiestos del Comité de Huelga de Samara; el manifiesto internacionalista de Leningrado, ambos publicados en estas mismas páginas; y otros que publicaremos en próximas ediciones), todo esto parece indicar un giro político en la vanguardia proletaria en Rusia.

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