12/08/2010 | 1141

Se quebró el partido de Berlusconi

¿Elecciones anticipadas antes de fin de año?
Por Lucas Poy

Finalmente sucedió. La largamente esperada ruptura de Berlusconi con su socio Gianfranco Fini, con quien fundó el partido «Pueblo de la Libertad» hace tan sólo dos años y a quien colocó como presidente de la Cámara de Diputados, se produjo la semana pasada y agravó aún más la crisis del régimen político italiano.

Si desde hace un tiempo nadie dudaba de la inminencia de la ruptura, y lo que estaba en cuestión era solamente determinar el momento y la forma que ella tomaría, es importante advertir que la iniciativa de la expulsión fue tomada por Berlusconi, en momentos en que Fini bregaba por una tregua que le diera tiempo de seguir preparando a su tropa al interior del PDL. Una vez que logró aprobar en el Parlamento el plan de ajuste reclamado por la Unión Europea, Berlusconi consideró que era el momento de desembarazarse de Fini antes de que fuera demasiado tarde. El presidente de la Cámara, un ex fascista devenido portavoz de la derecha «moderada» y «honesta» se encuentra ahora en una posición delicada: tiene que prepararse como alternativa «equilibrada» al berlusconismo al mismo tiempo que el premier le exige que renuncie a su cargo de presidente de la Cámara de Diputados (tercero en la línea sucesoria presidencial), para garantizar la «institucionalidad».

El punto es que Berlusconi enfrenta problemas todavía mayores -que van tomando la forma de una crisis terminal. El reagrupamiento de diputados que responden a Fini no alcanzan para asegurarle a este último un futuro político, pero sí para poner en riesgo la mayoría de Berlusconi en el Parlamento, de manera tal que el escenario inmediato es el de una inestabilidad permanente, en la cual cada votación se convierte en una prueba de fuerzas sobre la capacidad del «Cavaliere» para seguir gobernando. No se equivocó el berlusconiano Ferrara, que salió a criticar públicamente al primer ministro por considerar que había «errado el camino» al apurar la ruptura con Fini; aunque también es cierto que no le quedaba más remedio, lo que sucede es que Berlusconi intenta profundizar una vía bonapartista («o conmigo o contra mí») cuando el viento le sopla abiertamente en contra.

En los últimos días, Berlusconi anunció que su plan es someter al Parlamento, a principios de septiembre, una votación sobre temas clave en términos de voto de confianza, es decir, sin que sea posible otra cosa que votar a favor o en contra. En caso de no obtener una respuesta favorable, anunció que se convocará a elecciones anticipadas. La paradoja de la situación política reside en que, efectivamente, los menos interesados en ir anticipadamente a elecciones son los opositores, que se encuentran a la deriva y sin brújula. Como señaló un editorialista del Corriere, «con el fin del PDL, se decreta también la muerte del Partido Democrático»: si la oposición ya venía resquebrajándose, la ruptura entre Berlusconi y Fini liquida el último lazo que mantenía unido al PD, y abre el escenario para todo tipo de reacomodamientos. Han aparecido en escena los llamados ‘centristas’, que podrían convertirse en un polo de reagrupamiento tanto de sectores del PDL como de la centroizquierda.

Es decir que el régimen político entero, reconstruido con esfuerzo en torno a un bipartidismo Berlusconi-PD después del colapso de la Primera República a comienzos de los noventa, ha llegado a su estación terminal. Que esa crisis política se procese en el marco del desmantelamiento industrial y la desarticulación de las posiciones de la burocracia sindical, en el marco de la crisis mundial, coloca a Italia en el centro del escenario de la bancarrota capitalista y coloca una enorme responsabilidad sobre su vanguardia obrera.

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