04/12/2003 | 828

Sobre el documento de François Ollivier, de la Lcr

Los conceptos del mundo


Hay en el artículo una tendencia claramente idealista. Ollivier se refiere a «conceptos» de dictadura del proletariado, a «acepciones» del término, a «definiciones» del mismo.


Aparentemente pretende quitar a su texto cualquier ligazón con una situación concreta y, por sobre todo, mantenerse en un limbo histórico.


Pero los programas tienen un contenido histórico, conceptualizan una práctica de transformación de la realidad.


Para negar la dictadura del proletariado no hay más remedio que referirse a la experiencia, y allí Ollivier muere en su intento.


El asalto al cielo de la pequeña burguesía


Más de un siglo de dominación mundial del imperialismo, ha borrado de los sueños de la pequeña burguesía cualquier pretensión de forjar un mundo a su imagen y semejanza y convertir a sus intereses en los supremos de la sociedad.


Es una clase desmoralizada, lo cual la ha vuelto «realista». Sin el caballito de batalla del «mundo socialista» con el cual medrar, ha perdido todo punto de apoyo y prestigio a los ojos de las masas. Prestigio que tomaba de prestado de la revolución en sí.


Convertida a la fe del realismo, la pequeña burguesía se postula ahora para administrar lo que hay, es decir, el capitalismo y sus instrumentos, como lo son el llamado «sufragio universal» y la «democracia».


Precisamente, el documento del dirigente de la LCR no de gusto denuncia a Marx y Engels que en… ¡1871! olvidaron estos dos aspectos que Ollivier atribuye al programa de la Comuna de París. Más de 130 años de «democracia» y sufragio universal no han dejado en este dirigente ni en la LCR ninguna enseñanza.


Nos proponen volver al «asalto al cielo» de los regímenes políticos monárquicos y rescatar de allí los ingredientes aún no desarrollados de la democracia capitalista, para presentarlos como bandera revolucionaria 130 años después.


El sufragio universal podía jugar y de hecho lo hizo, un papel revolucionario; pero eso fue en el pasado.


Eternidad del capitalismo


Lo que la Lcr nos dice, en el fondo, es que el capitalismo no está en su etapa de decrepitud, sino que aún está «madurando». De esto a la impugnación del Octubre bolchevique y la dictadura del proletariado hay un solo paso. Ollivier reclama taxativamente una nueva Constituyente en Rusia en 1918. ¡en nombre de la «democracia» y el «sufragio universal»! Lo que hubiera significado el fin de la dictadura de los consejos obreros (soviets). El dirigente de la LCR simplemente «olvida» todos los choques históricos entre la Constituyente y los soviets desde la revolución alemana de noviembre de 1918 en adelante.


Cuando Ollivier denuncia la anulación de la Asamblea Constituyente en Rusia como el ahogo de «todo rastro de vida democrática… en la sociedad rusa…», no se le escapa que se refiere a todas las clases sociales, o sea que da por supuesto el mantenimiento del orden existente que la revolución venía a superar. No es sólo que «hace muchos años que los documentos adoptados por la LCR no utilizan esa fórmula (la dictadura del proletariado)…»: ¡tampoco la habrían utilizado en Rusia de 1917! ni en 1871 en la Comuna de París. ¿Existió alguna circunstancia histórica donde la LCR habría podido ser partidaria de la dictadura del proletariado?


Pero que ni sueñen con que la gran burguesía les va a ceder el poder, por más profesión de fe capitalista que hagan. Sólo podría hacerlo bajo las condiciones de una situación revolucionaria, pero en este caso para que jueguen a fondo un papel contrarrevolucionario (vide Brasil).


¿Un régimen de excepción?


Ollivier introduce una confusión al plantear que Lenin y Trotsky concebían a la dictadura del proletariado como «un régimen de excepción en circunstancias excepcionales».


En la revolución rusa hubo régimen y circunstancias excepcionales, pero no lo fueron el gobierno obrero y campesino y la dictadura del proletariado.


No existe un signo igual entre las «medidas excepcionales» de un gobierno obrero y la «excepcionalidad del gobierno obrero».


Por otra parte, es Ollivier, y no Lenin o Trotsky, quien concibe a la dictadura del proletariado como «régimen de excepción en circunstancias excepcionales», que restringe al «momento de la crisis revolucionaria» con el fin de adoptar «medidas de excepción». Pero esto es una tautología, porque cualquier revolución tiene como desenlace algún tipo de gobierno de excepción.


Pero el propio Ollivier debe reconocer que Marx y Engels, en la crítica de los programas de Gotha y Erfrut, consideran a la dictadura del proletariado, no como un régimen excepcional sino como toda una etapa de transformación revolucionaria del capitalismo en socialismo.


Siguiendo la lógica de Ollivier, el proletariado debería tomar el poder, implantar una breve dictadura y dejar luego la posibilidad de un regreso «democrático» de la burguesía nacional, aunque desde luego será sangriento y contrarrevolucionario. Si alguna revolución progresó luego de octubre de 1917 fue siguiendo el camino inverso, como lo demuestran los resultados comparados de las revoluciones cubana (1959) y sandinista (1979).


Lo que Ollivier quiere decir es que la dictadura del proletariado en Rusia fue un desvío histórico, un asunto «excepcional», no el resultado necesario del desarrollo de la lucha de clases a escala mundial. La dictadura totalitaria de la burocracia staliniana es, para la Liga, un pretexto para atacar la revolución bolchevique.


¡Otra vez contra la revolución bolchevique! En el curso de su historia, sin embargo, el hoy llamado Secretariado Unificado apoyó a esas dictaduras burocráticas contra las revoluciones políticas (por ejemplo, en Hungría y Polonia en 1956).


Ninguna re-elaboración de «conceptos» puede disfrazar lo que la declaración de la Coordinación del movimiento Pro-refundación de la Cuarta caraceriza como una capitulación ante las clases dominantes.

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