11/10/2012 | 1243

Sudáfrica: «Es el comienzo de la guerra»

Anglo American Platinum – Amplats- ha anunciado el despido de 12.000 mineros en respuesta a la huelga iniciada hace casi un mes por un salario de 16.000 rands (1.900 dólares). El despido afecta a una quinta parte de su fuerza de trabajo y casi al 50% de los 28.000 en huelga. La empresa declaró que la huelga había obligado a cerrar varios pozos, situados en las inmediaciones de la mina de platino de Lonmin, en Marikana donde los mineros vienen de obtener una victoria, luego del asesinato de 40 trabajadores. Amplats confirmó que la huelga en sus minas llega al 80% y que se extiende a otras instalaciones de la compañía, el mayor productor mundial de platino.


Para el gobierno y la burocracia sindical, cuyos matones han hostilizado y atacado a los trabajadores en lucha, la huelga es "no autorizada" (!). Las huelgas se han extendido al transporte y a una planta de montaje de automóviles (www.telesur.net, 5/10). Se estima que los trabajadores en huelga son 100.000 (Financial Times, 6/10). Anglo Gold Ashanti, el tercer mayor productor de oro en el mundo, tiene a 24 de sus 35.000 mineros en huelga. Se han sumado, además, los trabajadores de Gold Fields e incluso explotaciones menores, como es el caso de la mina Ezulwumi, de Gold One International.


La respuesta patronal (despidos en masa, el asesinato de cinco trabajadores -uno de ellos, delegado sindical, baleado a quemarropa- y el cerco policial y burocrático constante contra los mineros) es la culminación de un amplio debate en la clase patronal a nivel internacional. Desde las páginas de Financial Times, diversos representantes de la industria han insistido en la necesidad de impedir el "efecto contagio" que previeron luego de la victoria obrera en Lomnin, al cual han caracterizado como amenazante para la continuidad de la minería en Sudáfrica. El mismo día 5, cuando se anunciaron las cesantías en Amplats, fueron incendiados tres vehículos junto a un pozo de una de las minas y esa misma noche un dirigente local del sindicato oficial (NUM) fue abatido en su casa, en la ciudad de Marikana. Los despidos en Amplats fueron caracterizados por un ejecutivo de otro grupo como un paso de "alto riesgo", que "ha abierto un camino que quizá todos deberíamos seguir. Estamos siguiendo muy de cerca lo que Amplats está haciendo" (Financial Times, 6/10).


Zwelinzima Vavi, secretario general de Cosatu, la central obrera integrada al gobierno nacionalista del Congreso Nacional Africano (CNA), ha caracterizado a la ofensiva patronal como "un gran error" que ahora amenaza "los fundamentos del sistema de relaciones industriales en el país" (Sapa y Reuters, 2/10), luego de una reunión con la cámara de empresarios mineros para discutir qué hacer frente a la oleada de huelgas masivas. "Las personas que deben asumir toda la culpa de las huelgas salvajes actuales son los dueños de las minas… ellos crearon este caos", dijo Vavi. La denuncia procura ocultar la responsabilidad de la burocracia sindical en la ofensiva patronal, cuya inminencia el burócrata conocía de primera mano.


Vavi ‘reprocha' a la patronal haber roto los acuerdos salariales oficiales firmados entre los pulpos mineros y la burocracia del sindicato de los mineros.


Los empresarios se niegan ahora a recibir los reclamos de los trabajadores en huelga. Las huelgas han desarrollado nuevas organizaciones sindicales. En Sudáfrica se discute abiertamente la necesidad de nacionalizar la industria minera.


Las huelgas en Sudáfrica han descorrido el velo sobre lo que el nacionalismo burgués negro organizado en el Congreso Nacional Africano presentó como una "revolución en paz" luego del fin del apartheid. El proletariado minero es el mejor pago en un país en el que el 50% de la población laboral activa gana menos de 350 dólares; y 15 millones, sobre un total de 45, viven de una mísera asignación del Estado. Mientras tanto, la enorme riqueza minera y el 80% de la tierra están en manos de los viejos y los nuevos pulpos.


El CNA "debe resolver la cuestión de la nacionalización (de la minería) a la brevedad posible. La incertidumbre (en desterrarla) sólo jugará a favor de los políticos populistas" (Financial Times, 21/8). La advertencia puede resultar tardía: Sudáfrica va camino de una situación prerrevolucionaria, y la irrupción de la clase obrera coloca en la agenda política, con más fuerza que nunca, la necesidad de nacionalizar la minería en forma integral y expropiar las tierras de los Boers.

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