31/05/2001 | 708

Trotskismo, frente popular, frente popular y centroizquierda

En Prensa Obrera N° 702 (11/4) hicimos notar el importante progreso de las organizaciones trotskistas en las elecciones municipales de marzo, en especial de Lutte Ouvrière (LO) que, en algunas localidades, se aproximó al 15% de los votos. Algunas encuestas adjudican ahora a la «extrema izquierda» una intención de voto del 10% en las próximas elecciones generales, un crecimiento que estaría basado en la emigración de votos de la base obrera del PCF. Esto significaría una tendencia franca de la vanguardia obrera francesa hacia la ruptura con sus organizaciones tradicionales, completamente desacreditadas, después de casi dos décadas de participación gubernamental (bajo el signo de la «austeridad»), y hacia su reagrupamiento revolucionario. Este es un fenómeno de alcance y dimensiones internacionales.


Sus limitaciones están dadas por la política de las organizaciones que lo protagonizan, básicamente LO y la LCR (sección-base del Secretariado Unificado *SU de la IV Internacional*). Frente a la victoria electoral reciente, la LCR criticó inmediatamente a LO por no haber aceptado un acuerdo para ir en listas únicas, lo que habría potenciado los resultados obtenidos. La respuesta de LO, publicada en Lutte de Classe, haciendo públicas las condiciones del «acuerdo» propuesto por la LCR, evidenció la importancia que la crisis de la IV Internacional ha adquirido para el desarrollo de la vanguardia obrera.


La LCR propuso que las listas comunes diluyesen por completo su perfil trotskista y obrero, presentándose como listas «de izquierda», o sea como un ala «radical» de la coalición gobernante (algunas listas de la LCR se presentaron como «100% de izquierda», o sea, incluía el gobierno). Se trataba, en realidad, de un perfil de centroizquierda, como lo demuestra el hecho de que la LCR proponía que las «listas comunes» anunciasen, antes del primer turno (en Francia existe el sistema electoral de «ballotage») su voto por la «izquierda plural» (el actual gobierno del Estado imperialista francés) en el segundo turno. LO, correctamente, rehusó esta condición y llegó a mantener sus candidatos en el segundo turno, en las localidades en que obtuvo condiciones para ello. LO informó que «la LCR llamó a votar en el segundo turno por las listas del gobierno (y en algunos casos) se fusionó con ellas, inclusive con una dirigida por el MDC (Movimiento Democrático de los Ciudadanos), el partido dirigido por Chevénement (la derecha del gobierno)… Las listas de la LCR no se presentaron como de extrema izquierda, ni siquiera como exteriores a la izquierda gubernamental, sino como de izquierda (en general)».


LO concluyó que, en esas condiciones, las listas comunes habrían resultado en el fracaso electoral y político del trotskismo, mientras que su separación fue la garantía de su éxito. Debemos ir más allá: la política de la LCR, «100% frentepopulista», era en realidad una política de rescate «por la izquierda» del gobierno de Lionel Jospin y la «izquierda plural». Donde tiene algún peso, como en Francia o en Brasil (Rio Grande do Sul), el SU se comporta como un submarino «izquierdista» del centroizquierda burgués y contrarrevolucionario, porque está integrado social y políticamente en esa corriente.


LO, sin embargo, no llega a esa conclusión ni tampoco da alcance internacional a las conclusiones limitadamente «francesas» que saca con respecto de la LCR: hacerlo le obligaría a empeñarse en una lucha internacional por refundar la IV Internacional frente a la ficción del «Secretariado Unificado», como se lo propusieron personalmente y por escrito el Partido Obrero y el agrupamiento internacional al que pertenecemos (por la refundación inmediata de la IV Internacional). Pero este provincianismo «francés» de LO tendrá consecuencias también en Francia: periodistas de la «gran prensa» francesa, como Gilles Lapouge, recomiendan a Jospin aprovechar las contradicciones del «trotskismo» (que tiene 60 consejeros municipales y cuatro diputados europeos) para realizar con él un «pacto de gobernabilidad». Si LO se mantiene en su inacción internacional se verá inevitablemente impotente, o hasta arrastrada por la descomposición del centroizquierda burgués-imperialista francés (que, éste sí, comprende la importancia de la política y de la organización internacionales, como lo demuestra su papel dirigente en el reciente Foro Social Mundial de Porto Alegre, papel en el que recibe también el apoyo complaciente del SU).


La política de los agrupamientos izquierdistas (como Voix des Travailleurs, escisión de LO que participó en la conferencia de Atenas por la refundación de la IV Internacional, en 1999) que se disuelven en la LCR y el SU «para intervenir», se revela así como irresponsable y criminal. Así como la de agrupamientos como el Militant inglés, que se limitan a observaciones doctrinarias acerca del «sectarismo pernicioso» del trotskismo francés y a la «retahíla estéril de observaciones rudimentarias acerca de la división de la sociedad en clases» de LO, anunciando la llegada de la «verdad trotskista» del otro lado del Canal de la Mancha. La descomposición del frente popular centroizquierdista francés y el papel revolucionario potencial del trotskismo galo son cuestiones que interesan a toda la vanguardia obrera internacional, en especial en Europa: ellas deben ser objeto de una atención y una campaña específicas en defensa de la independencia de clase por parte de las organizaciones y núcleos trotskistas europeos, como un componente decisivo e inmediato de la lucha mundial por la refundación de la IV Internacional.

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