20/12/2017

Trump y la reforma impositiva en EEUU

El gobierno de Trump ha puesto en el pie en el acelerador para sancionar antes de fin de año la reforma tributaria. Se trata de la gran apuesta del magnate para recobrar la iniciativa en momentos en que su gestión marcha a los tumbos, jaqueada en diferentes frentes. En pocas semanas, el gobierno Trump acaba de sufrir dos derrotas electorales, en Arizona y Alabama, que achican la mayoría cómoda que los republicanos contaban en el Senado. Por otra parte, la investigación sobre el "Rusia gate" avanza y podría comprometer seriamente al presidente, y hasta abrir las puerta para un juicio político.


A la medida del gran capital


El núcleo de la reforma consiste en una rebaja de impuestos en beneficio de la clase capitalista. En primer lugar, una disminución del 35 al 21% en el actual impuesto de sociedades que pagan las empresas.


La reforma impositiva de Trump también incluye una disminución al tramo más alto de la renta individual. Otro de los puntos destacados es la reducción del impuesto de sucesiones: se duplica la actual cifra liberada de impuestos en las herencias, que pasa de 5,5 a 11 mil millones de dólares.


Trump plantea que esta reforma permitirá revitalizar la actividad económica y acelerar el crecimiento económico del país por encima del 3 %. Hasta el momento, pese a todas las promesas electorales, la recuperación económica sigue siendo precaria, con bajos niveles de productividad e inversión en el ámbito productivo. Estamos en presencia nuevamente de una burbuja en la Bolsa que puede desplomarse en cualquier momento, consistente en que el alza de las acciones corporativas no se compadece con los rendimientos en la economía real.


La Casa Blanca sostiene que las empresas norteamericanas tienen la carga impositiva más alta y que debe ser recortada para impulsar la inversión y el crecimiento. La tasa oficial es de un 35 % y si se agregan impuestos estatales locales, se eleva al 39 %. Pero en este cálculo no se tienen en cuenta las exenciones y subsidios que reciben las corporaciones, a lo que se suma la posibilidad para transferir las pérdidas en un año y deducirlas al año siguiente. En este caso, la carga tributaria efectiva sobre la corporación estadounidense asciende a un 27 %, dentro del promedio global.


La carga del impuesto de sociedades sobre las empresas estadounidenses se ha reducido de manera constante en los últimos 50 años, pasando del 32 % de los ingresos fiscales federales en 1952 al 10 % en 2013. De hecho, los ingresos totales del impuesto de sociedades representan sólo el 1,6 % del PBI yanki, muy por debajo de la media de la OCDE del 2,8 %.


El otro ardid para evadir impuestos fue transferir los beneficios de las cuentas de la empresa matriz a las filiales extranjeras. Las corporaciones estadounidenses evaden U$S 90 mil millones al año en impuestos a la renta cambiando sus ganancias a subsidiarias –que a menudo no más que una casilla de correo– inscriptas en paraísos fiscales. Ahora, las corporaciones estadounidenses tienen oficialmente aproximadamente U$S 2.6 billones, una cifra citada por el Comité Conjunto del Congreso sobre Tributación. Las cinco primeras empresas ordenadas según las tenencias de efectivo en el extranjero al 30 de septiembre de 2017 son Apple (U$S 216 mil millones), Microsoft (U$S 111 mil millones), Cisco (U$S 60 mil millones), Oracle Corp. (U$S 51 mil millones) y Alphabet Inc. ($ 48 mil millones). Gran parte se encuentra en paraísos fiscales y no paga impuestos en Estados Unidos. Trump planea ofrecer a estas empresas una tasa impositiva reducida del 10 % para repatriar esas ganancias.


El impasse económico actual no reside en una excesiva carga fiscal –que, como vimos, no es tal– sino en la enorme crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capitales. La falta de inversiones está asociada a los niveles de rentabilidad declinantes que se registran en la economía. La crisis capitalista en desarrollo reposa en una caída de la tasa de ganancia cuyo restablecimiento plantea la eliminación del capital sobrante y la producción excedente.


Bajo estas condiciones, la rebaja impositiva que el gobierno promueve no va a impulsar la producción sino que va a estimular aún más el espiral especulativo, como vino sucediendo hasta ahora con el crédito barato sostenido por el FED a través de las bajas tasas de interés. “Lo que estas corporaciones hicieron con el beneficio extra de pagar menos impuestos fue comprar de nuevo sus propias acciones para impulsar el precio de las acciones o emitir bonos a tasas muy bajas para permitirles asumir el control de otras compañías. Por lo tanto, el déficit impositivo sólo condujo a un auge del capital ficticio (deuda y acciones) y no a la inversión real” (Michael Robert, reforma impositiva, octubre 2017).


Lo que si va a provocar la reforma impositiva es un aumento sideral del rojo presupuestario. El déficit fiscal orillaría 160.000 dólares, de modo tal que en 8 años superaría el billón de dólares. Este agujero obligará a aumentar el endeudamiento, que en la actualidad es equivalente al 100 % del PBI, y es cada vez más explosivo. El Congreso viene de autorizar este año un mayor endeudamiento ante el peligro de paralizar el conjunto de la administración central y entrar en cesación de pagos.


Guerra comercial


Por otra parte, la reforma impositiva fomenta las tendencias a la guerra comercial y a una mayor fractura de la economía mundial.


El proyecto incluye un castigo a las empresas extranjeras con filiales en EE.UU. La nueva norma establece penalizaciones para las transacciones financieras entre empresas de un mismo grupo y para la repatriación de los dividendos .Una de las medidas que más preocupa a las empresas es la limitación de los gastos financieros deducibles. Esto se extiende a otros rubros, como cánones, royalties o intereses financieros, que tampoco se podrán deducir en el impuesto de sociedades.


Estas restricciones es lo que ha provocado la carta remitida por los ministros de Economía de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España al secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, alertando de que la reforma fiscal puede provocar una catástrofe en el comercio transatlántico. “Algunas de las medidas previstas por EE.UU. violan las normas internacionales y bilaterales y pueden causar una gran distorsión en el mercado internacional”, advierte la misiva.


De todos modos, es altamente improbable que las empresas con fábricas en el extranjero regresen su producción a los Estados Unidos. Las corporaciones siguen gozando de ventajas insuperables, por el hecho de radicarse en paraísos fiscales. Por otro lado, la mano de obra sigue siendo significativamente más barata en países como China o países de la periferia. El costo laboral por hora/empleado en los EE.UU. es de USS 36, ocho veces superior al de China, incluso después de los aumentos operados en los últimos diez años en el gigante asiático, que han ido de la mano de una extensión de las huelgas y las luchas de la clase obrera.


La reforma tributaria de Trump está muy lejos de cumplir con las expectativas que le asignan sus promotores pero sí está llamada a agravar los desequilibrios y las tendencias dislocadoras de la economía estadounidense y mundial.

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