08/02/2001 | 696

Una “elección peleada” en medio del desinterés popular

Las elecciones norteamericanas del próximo martes se han convertido, finalmente, *en la carrera presidencial más peleada en cuatro décadas” (The Guardian, 24/10),


¿Qué es lo que se ‘pelea´?


Las candidaturas de Gore y Bush sufrieron en el curso de este año acentuados vaivenes. fue necesaria una movilización sin precedentes del ‘establishment’ de ambos partidos para consagrar a Gore y Bush, contra sus rivales internos, loa senadores Bradiey y Me Caín.


La mayoría de los analistas descontaba hasta hace poco la victoria de Gore, alegando la ‘bonanza’ económica en Estados Unidos. Pero ahora parece que se desbarranca, y hasta Clinton ha tenido que entrar en escena para ‘salvarlo’. El derechista Bush se habría favorecido por el ascenso del Partido Verde, que arañaría un 5% de los votos.


Un ‘modelo´ de democracia


A pesar del despliegue publicitario de los comicios más caros del mundo, “crece el desinterés del electorado por las urnas” (Gaceta Mercantil, 25/10). La participación electoral es proporcionalmente inversa al ingreso: “En el último pleito presidencial, el 65% de los americanos con una renta superior a los 50 mil dólares anuales fue a las urnas. En las franjas más bajas, la participación cayó a un tercio y, entre los que reciben menos de 10 mil dólares anuales, estuvo en el 28% (ídem).


Aunque «este ato, entre los 10 principales donantes (a Gore) hay seis sindicatos”


(Financial Times, 15/8), “hay buenas razones de queja”, dice el Financiai Times-, ‘los trabajadores fabriles tienden a favorecer el proteccionismo, mientras los demócratas han sido pro libre comercio. Muchos maestros abjuran de la idea de dar vales a los estudiantes de las escuelas públicas para que puedan elegir ir a escuelas privadas» como sostiene su candidato vicepresidencial”. “En California hay dos buenos ejemplos de este descontento, Los profesores del sistema universitario estatal están realizando acciones contra sus sindicatos, persiguiendo la recuperación de cuotas sindicales por 8,5 millones de dólares afectados a propósitos políticos. Y en Los Angeles, esta semana, un grupo de trabajadores de mantenimiento de los estudios Paramount que cobra 7,02 dólares la hora lanzó una declaración por esta misma cuestión contra el sindicato de los empleados de servicios, donde Sweeney -el líder de la AFL-CIO- inició su carrera” (ídem).


Hipocresía


Pero, por sobre todas las cosas, el ‘desinterés’ de la población trabajadora en estas elecciones está dictado por la percepción que en la “mayoría de los asuntos -según The Economista ninguno de los dos (Bush y Gore) osan lanzarse demasiadas flechas uno al otro” (30/9). Gore fue incapaz de explotar el derechismo desenfrenado de Bush, “que presidió en Texas el mayor número de ejecuciones de condenados a muerte de la historia: 186 en cinco años» (La Nación, 1/10); que pretende abolir el derecho al aborto y emprender una cruzada contra todos los derechos civiles y a favor de la integración de los cleros al Estado -‘para Bush la asistencia social pasa por la Iglesia (ídem). Es que no discrepan en lo fundamental. “Robert Keich —el ex secretario de Trabajo de Clinton- apo­yó el sistema de los vales escolares: el Con­sejo de Liderazgo Democrático comparte el enfoque de Bush en lo referente a la revisión general de Medicare (el sistema público de salud)” (Noticias, 28/9),


Los fondos de inversión ’habrían “decidi­do tomar partido por Bush” (Ámbito, 17/8), porque la reducción que propone de impues­tos, según Merrill Lynch, “daría al mercado de valores su mayor ímpetu” (ídem). Pero, según la misma ‘consultora’, el “93% de los (financistas) encuestados opinó que la can­celación de la deuda nacional -propuesta de­mócrata, en lugar de reducir los impuestos  ‘será buena para los bonos del Tksoro y el 44% piensa que ésa sería una política mejor para las accionesm (ídem). La mayor parte de la gran prensa ha tomado partido por Go­re.


En 1995, Gore “fue tal vez la voz más in­fluyente que exhortó a Clinton a abolir la asistencia social» (The Economist, 12/8). Del mismo modo, el ‘ecologismo’ de Gore y los ataques a Bush por sus compromisos con la industria petrolera no tuvieron la menor consistencia. A Bush no le resultó difícil des­baratar a su contrincante: Gore estuvo “en­vuelto profundamente en los escándalos del financiamiento de la campaña de 1996 (de Clinton), al punto de ser ampliamente cono­cido como el ‘solicitante en jefe (ídem). Gore fue además el ‘contacto’ entre los restauracionistas rusos y el FMI, descubierto preci­samente el año último tras el default ruso.


Gore quiso despegarse de Clinton, pero re­sulta que él fue “el más poderoso vicepresi­dente de la historia de EE.UU., con más de un tercio de las actividades de la Casa Blan­ca bajo su control» (ídem).


‘Liberalismo´ demócrata y ‘no intervencionismo’ republicano


“125 años después de que Benjamín Dis raeíi ejerciera como primer ministro del Rei­no Unido” -dice W. Pfaff, el editoralista del International Herald Tribune “por fin (te­nemos) un candidato judío para vice presi­dente por un partido político de Estados Unidos” (El País, 23/8). Pero la candidatura del sionista observante Lieberman es clara­mente reaccionaria.


En política exterior, Bush se ha destapa­do con una posición “aislacionista”, que no es tal al plantear el retiro de las tropas ameri­canas de Bosnia y Kosovo. Se trata, en rea­lidad, de una extorsión a los imperialismos europeos, que están bloqueando iniciativas de los Estados Unidos que apuntan a exten­der la Otan al Cáucaso y al Medio Oriente. ¡Qué podría tener el ‘petrolero’ Bush contra un control mayor del petróleo mundial y, por lo tanto, una mayor protección de sus mercados! Richard C’heney, el candidato a vice de Bush, tiene antecedentes ilustrati­vos: “Fue él quien manejó la invasión a Pa­namá, fue él quien pretendió aplicar un cor­dón sanitario en torno de Colombia y fue él quien alentó la aplicación extraterritorial de la legislación antidrogas” (Juan G. Tokatlian, la Nación, 24/8),

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