10/02/2000 | 654

Una gran trampa al movimiento popular

Bajo el peso del derrumbe económico y el odio popular, el gobierno de Mahuad se caía solo apenas 17 meses después de haber asumido.


En un intento desesperado por obtener el respaldo de la burguesía ecuatoriana y, sobre todo, del imperialismo norteamericano, Mahuad anunció la ‘dolarización’ de la economía y un plan de privatizaciones y reforma laboral. Esto desató un levantamiento popular, con huelgas, ocupaciones, manifestaciones, cortes de ruta y choques con la policía y el ejército. Y aunque «los mercados lo apoyaron» y «desde el principio los empresarios de Quito y Guayaquil se alinearon a favor del esquema monetario, no estuvieron presentes a la hora de defender a Mahuad» (Clarín, 23/1).


El papel fundamental en el levantamiento contra Mahuad lo jugaron las organizaciones indígenas. Paralizaron todo el país con movilizaciones y cortes de ruta a pesar de la represión y de los «llamados de dirigentes empresarios a exterminar a los indígenas» (Pulsar, Ecuador, 19/1). Decenas de miles marchaban hacia Quito «sorprendiendo por su fuerza y táctica» (ídem). Un resumen de una radio ecuatoriana informa: «Miles de policías y militares apostados en todas las entradas de Quito están desconcertados por la llegada de 10.000 campesinos en protesta a esta ciudad. ‘Los indígenas bajaron de las montañas y han tomado Quito de manera sorprendente’. Lo que ocurre es que los indígenas y campesinos distrajeron la represión de los uniformados mientras el grueso de sus compañeros se internaba en caminos de montaña hasta ingresar a Quito» (ídem).


La movilización indígena empalmó con manifestaciones y huelgas docentes y estudiantiles, y con una gran huelga petrolera.


La llegada de los indígenas a Quito precipitó la crisis política. Bastaron dos días de movilizaciones populares en la capital para que el gobierno cayera como una fruta madura. Un sector de la oficialidad, afirmando apoyar al movimiento campesino, en realidad se valió de él para promoverse al poder. Así nació la ‘Junta de Salvación Nacional’, encabezada por el coronel Lucio Gutiérrez e integrada por Antonio Vargas, el líder de la Conaie, y un ex juez de la Corte Suprema. En su primera intervención como miembro de la Junta, Vargas dijo que «queremos invitar a los empresarios de buena fe, a los honrados, a los banqueros honrados para que participen de este gobierno. Lo único que queremos es que de hoy en adelante no se le robe al país. Basta de robos. Queremos un Ecuador sin ladrones» (Pulsar, 21/1).


Esta ‘Junta’ tuvo una vida efímera. Rápidamente, entre amenazas de sanciones y «un aislamiento peor que el de Cuba» (Clarín, 24/1), el Departamento de Estado norteamericano armó un frente entre el alto mando y todas las fracciones del gran capital ecuatoriano para deshacerse de los indígenas y su ‘Junta’. Los norteamericanos, y el coro de gobiernos latinoamericanos que les son adictos, calificaron este segundo cuartelazo como ‘un triunfo de la legalidad’. Los indígenas, derrotados, se retiraron a sus pueblos y el movimiento huelguístico refluyó.


 


Una salida transitoria y precaria


El gobierno de Noboa es un rehén de los militares y del imperialismo norteamericano. La ‘dolarización’ es una imposición del FMI y del Banco Mundial, primero a Mahuad y luego a Noboa.


Su primera consecuencia, al restringir severamente el dinero en circulación, será agravar la recesión y el desempleo, que hoy alcanzan récords históricos. «Noboa tendrá que comenzar un programa de privatizaciones enérgicas» (The Wall Street Journal, 24/1). «Desde la electricidad a los bancos», se relame el argentino Guillermo Calvo, asesor del FMI (Página/12, 20/1). Y para imponer todo este paquetazo, agrega el mismo Calvo, «hay que hacer la reforma laboral».


El gobierno de Noboa está en mejores condiciones que sus antecesores para llevar adelante este programa. ¿Pero, por cuánto tiempo? La burguesía ecuatoriana está profundamente dividida, lo mismo que el ejército, y el movimiento popular no ha sido derrotado a fondo. Por todo esto, la prensa califica al nuevo gobierno como «precario» (Clarín, 27/1). El imperialismo y los explotadores ecuatorianos han obtenido una victoria, importante pero transitoria.


 


La cuestión de la independencia de clase


Los sucesos de Ecuador han reiterado la vigencia y la explosividad de la cuestión agraria latinoamericana.


Pero también han puesto en evidencia las limitaciones y debilidades del movimiento campesino. Su dirección buscó, desde el vamos, un acuerdo con los militares y sectores de la burguesía. Su planteo fue la formación de un cogobierno con el ejército y la Iglesia (Página 12, 22/1). Al no conseguir que ésta nombrara a uno de sus hombres en la ‘Junta’, incluyeron a un ex miembro de la Corte Suprema. Toda una declaración de principios de respeto al Estado y a la legalidad burguesa. Las direcciones oficiales del movimiento obrero y de la izquierda -centroizquierdistas, frentepopulistas, maoístas- respaldaron esta política.


En el mismo momento en que los militares posaban como ‘amigos del pueblo’ y ‘protectores de los indígenas’, «unos 300 militares ingresaron a la refinería petrolera de Esmeralda para exigir que los trabajadores reiniciaran sus labores. La toma militar de la refinería provocó la reacción de los trabajadores que amenazaron con abandonar la planta si los militares continúan en su interior» (Pulsar, 20/1).


La principal conclusión de los sucesos de Ecuador es que la ‘unidad de los opositores’, la confianza en los militares y empresarios ‘patrióticos’ y en la Iglesia, es decir, la ausencia de independencia política de los explotados, es el camino de la derrota. Aun para movimientos de masas tan profundos y combativos como el que se ha desarrollado en Ecuador.

También te puede interesar:

Los compromisos financieros suman casi 9.000 millones de dólares hacia marzo, mientras que las reservas internacionales líquidas están en terreno negativo.
Fue el pasado viernes por una convocatoria efectuada por el FIT-U.
Y un apriete a la oposición para que ponga sus huellas en la entrega.
Una importante reunión de organizaciones acordó las consignas para el 11 de diciembre.