19/06/1997 | 544

“Una transición fluida”

El pulpo británico Cable & Wireless y el gobierno de Pekín, pocas semanas antes del traspaso de Hong Kong a manos chinas, acaban de firmar un convenio que ilustra bien el contenido social de la ‘devolución’ de la antigua colonia británica.


Cable & Wireless es el segundo mayor pulpo de la telefonía británica. Posee el 59% de las acciones de la Hong Kong Telecom, el único operador telefónico de la isla. De aquí, Cable & Wireless extrae cerca del 70% de sus beneficios mundiales.


Por el acuerdo que acaba de firmar, la británica Cable & Wireless se compromete a vender el 5,5% de sus acciones en la HK Telecom a la China Telecom, el monopolio chino del ramo. Una pequeña parte del capital accionario de la HK Telecom ya se encuentra en manos de otro conglomerado chino, la CITIC.


El acuerdo apunta, sin embargo, a una “sociedad de largo plazo con China” (Financial Times, 9/6), por la cual la empresa británica “se compromete a reducir su participación en HK Telecom a un 30% a cambio de su expansión en China” (ídem). Por eso, en compensación, recibirá acciones de la China Telecom de Hong Kong, una subsidiaria de la casa matriz china con negocios en la isla y en el continente. C&W obtiene también un acceso privilegiado al enorme mercado telefónico chino, hasta ahora cerrado a las empresas extranjeras (sólo pueden proveer de equipamientos a las empresas chinas, pero no prestar servicios de telefonía por sí mismas). El presidente de la C&W fue bien explícito al respecto: hemos logrado, dijo, “lo más cercano a la exclusividad que se pueda tener” (ídem). El Financial Times califica “el acuerdo con China (como) la joya en la corona de Cable & Wireless”: las acciones de la empresa británica subieron nada menos que un 15% al día siguiente de conocerse el acuerdo.


Para algunos observadores, hubiera bastado con que, una vez tomado el control de la colonia, los chinos anularan el monopolio del que goza actualmente la empresa británica. Pero esto, aclara el Financial Times, hubiera sido considerado como un ‘signo de hostilidad’ por los capitalistas locales.


El acuerdo firmado, en cambio, “es un presagio extremadamente bueno de una transición fluida y tranquila para Hong Kong”.

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