20/11/2008 | 1064

Uruguay: Tabaré Vázquez vetó la despenalización del aborto

El Vaticano felicita a la "izquierda"

Blandiendo imprecisas «convicciones biológicas», el presidente uruguayo Tabaré Vázquez vetó los artículos correspondientes de la ley que legalizaba el aborto en Uruguay hasta el tercer mes de embarazo, por riesgo de vida de la gestante o problemas familiares, económicos o de edad. Sesenta y nueve legisladores del Frente Amplio (FA) habían votado a favor, contra toda la oposición. El veto «ni siquiera habilita el aborto ante riesgo de vida, retrotrayendo la situación a antes de 1938» (Brecha, 13/11).

En «un duro golpe a su propio partido» (La Nación, 14/11), el «médico socialista» casado con una militante católica y padre de un cura, vetó a su propia bancada, después de rechazar una última propuesta del secretariado del Frente Amplio para someter la ley a referéndum. A continuación, Vázquez difundió una confusa carta explicativa que retoma los argumentos del Vaticano y sostiene que la ley contradice «la idiosincrasia» uruguaya. Esto, cuando todas las encuestas señalan que el 60% de la población y el 75% de los votantes del FA apoyan la legalización. En el otro extremo, la Iglesia se deshizo en elogios. El arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, había anunciado la «excomunión automática» de los legisladores que votaran a favor.

La ley había sido ratificada en dos oportunidades por ambas Cámaras, que podrían rechazar el veto con los votos de los tres quintos de la Asamblea General de senadores y diputados. Los números no dan; además, los legisladores del FA están divididos porque «implicaría una clara confrontación con el Ejecutivo, darle un golpe duro al presidente» (Brecha, 13/11).

Vázquez había asegurado que su gabinete lo acompañaría con la firma del veto, pero aunque «las buscó despacho por despacho», sólo obtuvo la de la ministra de Salud. Sin embargo, a ningún ministro le dio el cuero para motorizar otra alternativa prevista por la Constitución: si uno solo de ellos hubiera reclamado competencia en el tema, el veto habría necesitado el aval de la mayoría simple del Consejo de Ministros. Podrían haberlo hecho Daysi Tourné (Interior, declarada feminista), María Simón (Educación) o Marina Arismendi (Desarrollo Social y dirigente del PC). «Claro que eso hubiera partido al medio al mismísimo Poder Ejecutivo y derrotado a Tabaré en su propio territorio. Al coraje le faltó subir un escalón» (ídem).

Más allá de hipocresías y capitulaciones, el veto potencia la crisis interna del Frente Amplio, que hace un año que no puede decidir su fórmula presidencial.

El viernes, cientos de hombres y mujeres convocados por CNS Mujeres repudiaron el veto y exigieron la laicidad del Estado, en la Plaza Libertad. Sólo seis legisladores del FA «se animaron a concurrir a la plaza» (www.cope.es). El valeroso movimiento de mujeres uruguayo en particular, y el conjunto del pueblo, deben sacar sus propias conclusiones y construir un camino independiente del «progresismo» proimperialista y clerical que encarna el Frente Amplio.

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