26/08/1999 | 639

Viraje en la crisis y en la lucha de las masas

Se está produciendo un viraje en la resistencia popular contra el gobierno de Fernando Henrique Cardoso: la resistencia, en realidad, se está transformando en ofensiva. Los índices de rechazo a FHC llegan ya a 60% (Collor de Mello tenía 57% de rechazo en el momento del ‘impeachment’), al mismo tiempo que hay un índice de 65% de apoyo a la huelga de los camioneros y a la marcha del MST sobre Brasilia.


En la base de este proceso está el completo fracaso de los remiendos introducidos para salvar el Plan Real después de la crisis de enero pasado. La devaluación sólo consiguió aumentar las exportaciones primarias de 64 a 66 mil millones, mientras todas las modalidades de crédito agrícola alcanzan este año 6 mil millones (eran de 20 mil millones de dólares hace una década).


Bajo el efecto combinado de la crisis económica y la crisis política —que «torna a FHC rehén de las presiones» (Gazeta Mercantil, 18/8)— hasta sectores de la oligarquía agraria, organizados por la derechista Unión Democrática Ruralista (UDR), invadieron Brasilia en un «Camionazo», exigiendo la renegociación de una deuda agraria de 24 mil millones de dólares.


La debilidad del gobierno, cuya capacidad de arbitraje político se está reduciendo a cero, se origina en la resistencia de los trabajadores y los pequeños propietarios. A la par de lo sucedido en la Argentina y Ecuador, una huelga nacional de tres dias de los camioneros conquistó la rebaja de los peajes y el congelamiento del precio de los combustibles. Un nuevo movimento nacional de los camioneros está en discusión, al tiempo que los metalúrgicos preparan un inédito paro nacional para el 24 de agosto.


En el principal estado de la Unión, San Pablo, el anuncio de un proyecto de ley jubilatoria para los 600 mil empleados estatales, que implica una reducción salarial neta del 10 al 15%, desató una ola de repudio que se concretó en una manifestación de 20 mil personas frente a la Asamblea Legislativa, el 12 de agosto. Una coordinación de 70 sindicatos de los estatales ha sido constituida, para discutir la continuidad de la lucha.


No es secreto para nadie que la cabeza del ministro de Hacienda (Pedro Malán, que es la propia encarnación del plan económico) ya tiene precio y ha sido reclamada por el presidente del Senado y líder de la derecha, Antonio Carlos Magalhães, del Partido del Frente Liberal (PFL). El propio líder parlamentario del PFL ya declaró que su partido, dueño de la mayor bancada pro-gubernamenal «se siente libre de la obligación de lealtad al gobierno». Y mientras la base política del gobierno se despedaza, la Federación de Petroleros (el sindicato símbolo de la resistencia a FHC, después de la huelga de mayo de 1995) llama públicamente a organizar una huelga general en octubre.


Los bancos han anunciado una ganancia neta tres veces superior a la del año pasado (gracias al salvataje que les brindó un monumental desvío de fondos públicos, oficialmente 22 mil millones de dólares, realizado en su favor por el gobierno, el llamado Proer); la Ford ha oficializado el traslado de sus principales plantas de San Pablo a Bahia, después de recibir un préstamo de 700 millones de reales y un incentivo fiscal de 180 millones anuales… hasta el 2010!


Esto significa que el Estado del supuesto nuevo ‘hombre fuerte’ de la coalición gubernamental (el ya mencionado Magalhães) venció a San Pablo en la llamada ‘guerra fiscal’, a pesar de que la Cámara de San Pablo había votado innumerables exenciones e incentivos para el gran capital, incluidos los diputados opositores y del PT (con excepción de los de su ala izquierda). El descaro con que se favorece al gran capital es un factor de irritación popular: la huelga y las manifestaciones callejeras de los obreros paulistas de la Ford han sido sólo el inicio de la lucha.


Convocados por partidos y sindicatos, y para apoyar una comisión parlamentaria de investigación de las privatizaciones telefónicas, está prevista la llegada de 100 mil manifestantes a Brasilia el 26 de agosto. La marcha del MST debe llegar a comienzos de octubre, después de recorrer 120 ciudades. La consigna de «Fuera FHC» se torna cada vez más popular y preside todas las manifestaciones.


Simultáneamente, un proceso de reorganización y radicalización recorre al movimiento obrero: a lo ya mencionado, cabe agregar que, en importantes sindicatos, como la Previsión Social de Santa Catarina y maestros de Rio de Janeiro, la dirección burocrática (ligada a la mayoria del PT) fue desplazada por listas combativas. La perspectiva de una nueva dirección obrera y de la huelga política de masas está planteada en el horizonte político brasileño.

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