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29 de julio de 2005 | #910

Reflexiones sobre el movimiento obrero

Debate, polemica
Por Corresponsal
UJS - Regional Merlo

La devaluación de Kirchner-Duhalde es la viga maestra sobre la cual la “burguesía nacional”, la oligarquía y el imperialismo han amasado enormes beneficios. La devaluación impulsa una “reactivación” desigual. Así, por ejemplo, la industria automotriz, la industria del papel y la química están viviendo un verdadero boom; ni hablar de los exportadores de cereales y oleaginosas. En este cuadro se está desarrollado el conjunto de las luchas de la clase obrera con trabajo. En este sentido, La Nación informa (6/7) que “el pasado mes de junio fue el de mayor conflictividad laboral en el último año”.

El análisis de esta situación produjo un rico debate en la UJS de la regional Merlo. ¿La clase obrera desocupada ha perdido protagonismo como vanguardia del conjunto de la clase? ¿Los trabajadores ocupados toman ese protagonismo? ¿Dónde ponemos los porotos, en el movimiento obrero ocupado o en el movimiento obrero desocupado?

Las conclusiones a las que arribamos, luego de un arduo debate, se pueden resumir como sigue. En primer lugar, el movimiento piquetero es una creación genuina de la clase obrera ocupada, el movimiento piquetero está compuesto por trabajadores ocupados y desocupados. Los desocupados han jugado un rol de vanguardia política para su clase. Lograron superar varios obstáculos, entre ellos, la desorganización que les impuso el capital, y la degradación social y psicológica. Además, el movimiento piquetero nació con independencia del Estado y los partidos patronales. Por último, se valoró no sólo su crecimiento organizativo (pasó de comisiones de desocupados distritales, provinciales, hasta concluir en asambleas nacionales de ocupados y desocupados), sino también su crecimiento político y programático (reivindicación del reparto de las horas de trabajo, la ocupación de las fábricas cerradas y su puesta en funcionamiento).

Pero, ¿dónde ponemos los porotos? En el debate se puso de relieve que en un contexto de “reactivación” económica los ocupados, lógicamente, iban a entrar en la lucha por recuperar el poder adquisitivo que les quitaron la devaluación y la escalada de los precios. Que este proceso se va ir profundizando cada vez más. Entonces, ¿el movimiento de trabajadores desocupados llegó a su límite? No, por la simple razón de que existe una desocupación y una subocupación del 25% de la población económicamente activa (hay casi 4 millones de trabajadores sin trabajo o subocupados). Esta situación es la necesaria consecuencia de la “reactivación” económica, porque “el agravamiento de la crisis social... es una condición de la salida capitalista” (Prensa Obrera, editorial) . Por lo tanto, la propia dinámica de la “reactivación” marca la vigencia del movimiento de desocupados y su lucha por el trabajo, el reparto de las horas de trabajo y el subsidio al parado de 350 pesos. El conjunto de estas reivindicaciones marca un programa común de ocupados y desocupados, puesto que, por ejemplo, un subsidio al desocupado de 350 pesos sería un piso mínimo del salario para cualquier trabajador que trabaje tan sólo una hora.

¿Dónde ponemos los porotos? No hay ninguna contradicción en realizar el trabajo revolucionario en el movimiento de desocupados (básicamente en las barriadas obreras) y al mismo tiempo impulsar la proletarización de los jóvenes para que desde las fábricas desarrollemos una gran polo clasista que organice a los trabajadores en los lugares de trabajo y luche contra la patronal, la burocracia y el Estado, por las reivindicaciones de los obreros.

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