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6 de diciembre de 2007 | #1020

El Pellegrini provoca una crisis en la UBA

La caída del rector del Pellegrini ha desatado una crisis política en la UBA. Para los radicales significa resignar un espacio de poder a manos de elementos susceptibles de ser cooptados por el kirchnerismo. Por eso han pedido como compensación que se les entregue la Secretaría Académica del rectorado, que hoy está ocupada por una funcionaria puesta por los cuatro decanos ‘progres’. Hallú parece haber accedido a este reclamo y ya le ha pedido públicamente la renuncia a la funcionaria.

El problema es que si le sacan esta secretaría, los ‘progres’ se quedan sin nada. Por eso suena a risa cuando afirman por los diarios, con tono amenazante, que si echan a su funcionaria darán por concluido el “gobierno de consenso de la UBA”. Más sincero hubiera sido decir que los que han dado por concluido dicho ‘consenso’ son los radicales y el propio Hallú.

Se venía venir que los ‘progres’ iban a ser usados como material de descarte. El régimen político de la UBA cobra la forma de una alianza entre los radicales que tienen los votos del aparato y el gobierno que dispone de la billetera. En el medio está Hallú. ¿Para qué enturbiar la relación con más protagonistas?

Como todos los fracasados, los ‘progres’ ya tienen sus problemas internos. Todo parece indicar que Sorín, el decano de Arquitectura y vicerrector de la UBA, ha hecho rancho aparte. Sorín acaba de sufrir un golpe mortal en su facultad. Luego de romper en Arquitectura con su propia lista y su propia gestión, armó unas elecciones del claustro de graduados para favorecer a los radicales. Cambió el padrón dejando afuera a más de mil votantes y armó una lista propia para dividir el voto anti-radical. El acuerdo con los radicales era más que evidente. Sin embargo, ganó la lista que se opone a ambos, lo que constituye una derrota monumental tanto de Hallú como de Sorín; para el padre del Juampi representa el acabose.

A la ruptura del pacto de los radicales con los ‘progres’ hay que agregarle la ruptura de los propios ‘progres’ entre sí y la derrota tanto de los radicales como de los ‘progres’ en Arquitectura. Un panorama más que interesante para una gestión que el año que viene debe realizar una Asamblea Universitaria para modificar el Estatuto de la UBA, con el antecedente de no haberla podido hacer cuando estaban todos juntos.

Que esta crisis haya sido catalizada por los sucesos recientes del Pellegrini no es casual: como toda gran lucha ha concentrado todas las contradicciones que cruzan la situación política de la UBA.

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