16/08/2012 | 1235

Estación terminal de las pasantías de la Fuba

"Ahora pienso que tengo que luchar por una alternativa general"

EXCLUSIVO DE INTERNET


¿Qué unifica los pueblos de Catamarca y de La Rioja? Se trata de formidables experiencias de lucha popular que, cada una a su ritmo, han ido sacando conclusiones a la luz de la práctica. Un solo punto, la megaminería, colocó a los pueblos de Andalgalá, de Tinogasta, de Famatina y de Chilecito en la oposición a sus regímenes políticos. Las historias de vida que hemos recogido en los diez días de pasantía son innumerables, porque nos fuimos convirtiendo en un canal para que se expresara una necesidad latente: la de explicar -sin la mirada prejuiciosa o la censura, tan habitual por aquellas regiones- los motivos profundos que impulsaban a semejante movimiento popular. Y, por sobre todo, reflexionar acerca de las dificultades encontradas y de los obstáculos que es preciso superar.


Pobladores viejos y jóvenes, desde campesinos hasta médicos, fueron arrastrados por una lucha de la que nunca se habían imaginado ser parte… ni para la cual se habían preparado. De un momento a otro, se encontraron en la vereda de enfrente de sus políticos, intendentes, gobernadores, jueces fiscales, etcétera. En una palabra, aunque todavía muchos no lo expliquen de esta manera, han tenido que cargarse a un régimen entero, que se demostró en la práctica como un peso muerto. Estos luchadores se ganaron la autoridad y el respeto de sus pueblos. Maestras de Tinogasta que hicieron retroceder destacamentos de policías, campesinos de Andagalá que dan cátedra a sus concejales, ancianos de Famatina que frenaron grúas y camiones.


De conjunto, el movimiento se encuentra a las puertas de un salto político. En Andalgalá, más de diez años de lucha permiten sacar un balance de las salidas políticas que se fueron entretejiendo. Después del "Andagalazo" -la rebelión popular del 15 de febrero de 2011- se produjo un recambio total del personal político municipal. El nuevo intendente, Páez -electo en octubre de 2011-, gobierna con funcionarios que se declaran antimineros, pero que han renunciado al objetivo de expulsar a la megaminera, resignándose a poner en práctica emprendimientos menores. Incluso estos emprendimientos agrícolas han fracasado ante la falta de agua, que es absorbida por La Alumbrera en toda la cuenca provincial. El pueblo comprobó la inutilidad de la adaptación política y, de paso, la incapacidad de la centroizquierda política -Proyecto Sur- para producir transformaciones de fondo.


En Chilecito, donde funciona una universidad, nos encontramos con presidentes de centros de estudiantes que parecen secretarios o colaboradores de sus autoridades. Un sector de la juventud más acomodada actúa como funcionaria del poder político municipal, por medio de los partidos patronales. El testimonio del "Secretario de la Juventud" de Chilecito fue elocuente: estaba orgulloso de proveer "soluciones de empleo" a cientos de jóvenes que trabajan en tareas municipales cobrando… ¡400 pesos por mes! Luego, ese mismo gobierno argumenta la necesidad de explotar el cerro Famatina para conseguir progreso y trabajo para los jóvenes. Pero ya se demostró que la megaminera no es ninguna solución. La Alumbrera contrata exclusivamente a 60 trabajadores de Andalgalá, siempre mediante empresas tercerizadas. El resto son traídos de otras regiones -incluso de países limítrofes-, con el objeto de disociar a la fuerza de trabajo minera del movimiento de lucha del pueblo garantizando, de esa manera, la capacidad de control y la regimentación laboral.


Sobre el final del viaje, en una ronda de balance, una compañera hizo la siguiente reflexión: "yo quería comprometerme y pensé que tenía que empezar a participar en un movimiento, como por ejemplo el de la megaminería; pero al venir acá y aprender de toda la lucha de estos pueblos, me doy cuenta que ya no necesito atravesar toda esa experiencia. Ahora pienso que tengo que luchar por una alternativa general". Volvemos muñidos con la fuerza de estos pueblos valientes y con el desafío de volcar todo ese vigor crítico, transformador y anticapitalista en construir una alternativa real para los que vivimos de nuestro trabajo, a escala de todo el país.

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