29/09/2011 | 1196

Pasantías: una panzada para los empresarios

Cristina al descubierto

A través del decreto 1374, publicado el 19 de septiembre, el Ejecutivo nacional aprobó el régimen general de pasantías que regirá en todo el ámbito del nivel de educación secundaria del Sistema Educativo Nacional.

El nuevo régimen tiene como único fin la utilización de 400 mil jóvenes como mano de obra gratuita. Los alumnos secundarios pasantes tendrán los mismos derechos que tiene un trabajador de la empresa donde realizan la pasantía, menos el salarial -¡un negoción! Este régimen se encuentra por detrás incluso del que rige hoy en la Ciudad de Buenos Aires, donde pasantes secundarios se encuentran cobrando alrededor de 800 pesos. Evidentemente, la participación en los debates sobre la reglamentación de las pasantías por parte de la UIA, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Asociación de Empresarios Argentinos -AEA- no fue en vano.

Al servicio del capital 

El ministro de Educación, Alberto Sileoni, justificó la medida apelando a la necesidad de «enlazar educación y trabajo» (Clarín, 21/9). Pero en la mayoría de los casos -un antecedente notable son las pasantías universitarias- el trabajo de los pasantes nada tiene que ver con la orientación de las carreras que siguen los jóvenes. El régimen de pasantías ya se encuentra funcionando hace años en las escuelas técnicas de donde salen jóvenes con mano de obra calificada a costo cero. Otro antecedente, que desenmascara a fondo el objetivo de las pasantías, lo tenemos en el convenio firmado entre la UTN y la Volkswagen (del cual participó la mismísima CFK) para utilizar a los estudiantes de la UTN como mano de obra barata para la automotriz, incluso otorgándole incumbencias a la empresa a la hora de rediseñar los planes de estudio de las carreras.

Esto último es uno de los objetivos que persigue el Régimen de Pasantías para las unidades educativas, donde afirma que “Las instituciones y empresas, públicas o privadas donde se realicen las pasantías, podrán prestar su asesoramiento en la elaboración del Programa Anual de Pasantías de la jurisdicción o de cada unidad educativa» (Boletín Oficial, 19/9). Quiere decir que los planes de estudio, la orientación de las carreras, se irán amoldando cada vez más a los intereses del mercado.

Ahora bien: es indiscutible la necesidad de que la educación esté estrechamente ligada a las necesidades productivas de un país. Pero en el régimen capitalista, a «las necesidades productivas» no las dictan las necesidades sociales, sino la rentabilidad capitalista. Incluso cuando ésta expresa más a fondo su tendencia parasitaria y antagónica a los intereses y aspiraciones de las grandes mayorías.

El decreto se ocupa de dejar bien en claro que «El pasante deberá considerar información confidencial toda la que reciba o llegue a su conocimiento con motivo del desarrollo de su práctica en la organización (…)» (ídem). Es decir que se respeta el monopolio intelectual de los descubrimientos y/o desarrollos tecnológicos del cual se adueñan las patronales, en pos de defender su monopolio comercial.

Conclusión

El Régimen de pasantías apro¬bado por CFK está al servicio del lucro capitalista, a través de la superexplotación de los jóvenes. Por eso, la AEA manifestó «su más pleno apoyo a la decisión del gobierno nacional de impulsar las pasantías educativas» (Clarín, 21/9).

CFK ha decidido darle a la burguesía nacional un nuevo espaldarazo para afrontar el aumento de los costos de producción -que se producen como consecuencia de la inflación. El espaldarazo consiste en que 400 mil adolescentes trabajarán en forma gratuita para el empresariado nacional -siempre y cuando, claro, que no encuentre la resistencia del movimiento estudiantil y sus organizaciones.

Como se ve, de la mano del gobierno ‘nacional y popular’, la educación se pone al servicio de la rentabilidad del capital.

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