21/04/2011 | 1173

Un Mubarak en el Pellegrini

Por Julián Asiner Consejero resolutivo por el claustro de graduados

Consultado sobre la situación del Pellegrini, el ministro de Educación K, Alberto Sileoni, sostuvo: «La vemos con preocupación e involucrándonos, estamos trabajando con el rector de la universidad (Rubén Hallú), quien ha planteado, a mi juicio muy sensatamente, un camino que es el del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires» (Página/12, 19/4). No es lo que opinan los cerca de mil estudiantes, docentes, no docentes, padres y graduados del Pelle que el miércoles 13 volvieron a manifestarse frente al Rectorado de la UBA, acompañados por delegaciones de la Fuba y la Cues. Las autoridades universitarias sesionaron tras las vallas y bajo custodia de la Policía Federal, que desde 2008 es el único método capaz de garantizar un funcionamiento regular del Consejo Superior -o sea del órgano a través del cual las camarillas privatistas conspiran, ‘sensatamente’, contra las aspiraciones y reclamos de quienes todos los días estudian y trabajan en la UBA. Al no haber respuestas satisfactorias, la lucha continuó bajo diversas formas toda la semana, incluyendo la toma del colegio.

Un mes sin Fornasari para salvar el copamiento

Sea por ineptitud o incompetencia, lo cierto es que Fornasari consiguió, en pocas semanas, ganarse el rechazo del conjunto del Pelle. En su persona se concentran una serie de ataques a la escuela, a saber: el nombramiento a dedo de 18 docentes-punteros de Franja Morada y UTE-Ctera; la designación del patotero Carlos Jara como «secretario de Hacienda» (un cargo de 20 lucas por mes, creado especialmente para el ñoqui de Franja, en cuyas manos quedará el presupuesto del colegio); la sanción inconsulta de un reglamento de concursos para los preuniversitarios (apoyado por Sileoni), el cual por sus cláusulas arbitrarias e injustas amenaza con barrer a los profesores interinos (la mitad de la planta docente del Pelle); la computación de faltas y sanciones a los estudiantes que participaron de las medidas de fuerza, avasallando las libertades democráticas del centro de estudiantes; el acompañamiento al fraude que Franja y Ctera preparan para las elecciones de graduados, convalidando la eliminación del padrón histórico del claustro y cerrando el departamento donde se tendría que realizar el trámite de reempadronamiento de todos los egresados. No es por nada que 700 padres le pusieron la firma al petitorio que va por la cabeza del afable rector.

Pero Fornasari no es más que un interventor disimulado del Pellegrini (fue electo a través de una terna trucha, diseñada por Hallú y los suyos), cuya función es viabilizar el copamiento del colegio por parte de las camarillas universitarias, en primer lugar la que conforman el decano kirchnerista Barbieri -al cual responde la burocracia de Ctera- y la Franja Morada en la Facultad de Económicas. Salvando las distancias, tal como hizo el imperialismo con Mubarak en Egipto, el Consejo Superior -cálculo de daños y costos mediante- ya está evaluando si no conviene apartar a Fornasari para preservar mejor su plan de conjunto. La salida del rector sería el «mal menor» para hacer pasar el nombramiento a dedo de docentes, la imposición de Jara y el reglamento de concursos. Por el momento, Fornasari decidió tomarse (¿o le impusieron?) una licencia de treinta días. De tal manera, la política del Rectorado consiste en distender el clima y ganar tiempo a través de reuniones que no van a ninguna parte. Así, apunta a desangrar el movimiento de lucha mientras su nuevo aparato de punteros y ñoquis se hace cargo, sin Fornasari, de la gestión efectiva de la escuela.

¿Cómo seguimos?

Es necesario enfrentar la maniobra del Rectorado reclamando que Fornasari se vaya y que todas las resoluciones que atentan contra los derechos de estudiantes y trabajadores sean anuladas. Hasta el momento, la orientación predominante en las agrupaciones estudiantiles fue ignorar esta situación, limitando su política a un reclamo genérico de un «Consejo Directivo» al que se le atribuyen méritos falsos, como ser que democratizaría el funcionamiento del colegio. Pero en toda la UBA las camarillas profesorales gobiernan con -no sin- los consejos directivos. Un Consejo Directivo con Jara adentro -más los 18 docentes de Franja y Ctera, y el nuevo reglamento de concursos vigente- se convertiría rápidamente en una ficción, cuando la planta docente sea descuartizada y el control del aparato del colegio quede en manos de los agentes de las camarillas.

Con Fornasari de licencia, debemos continuar el plan de lucha por todos los reclamos que unen al colegio. Multipliquemos la movilización y todas las acciones de lucha para derrotar los atropellos del Consejo Superior, fortalecer el movimiento y así avanzar en la pelea por la democratización real del Pelle.