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11 de mayo de 2018

Publicidad de TyC: quiénes son responsables del machismo y la homofobia

Por Alejandro Lipco

El jueves 10 de mayo se lanzó una publicidad del canal TyC Sports sobre el mundial de fútbol, que antes de las 24 horas debió ser levantada por el extendido repudio a la misma en las redes sociales: las críticas destacaban, entre otras cosas, la banalización de la homofobia en Rusia y Argentina. Es imposible no asignar el rápido recule de la empresa al poderoso movimiento de mujeres y LGTB que viene protagonizando un alza en nuestro país. 

En efecto, la publicidad comienza “tomándose en broma” la brutal persecución al colectivo LGTB que se desarrolla en la Federación Rusa. Es bastante conocido que Putin persigue sistemáticamente al movimiento por los derechos de las disidencias; no lo es tanto que en regiones de la Federación, como Chechenia, la represión llega a la existencia de campos de concentración, asesinatos y desapariciones. Entre los momentos anodinos que presenta el breve y cancelado comercial, cabe destacar la ubicación de la persecución en Rusia como un tema únicamente dirigido a hombres homosexuales, obviando la opresión a lesbianas y demás integrantes del colectivo LGTB. El grupo punk “Pussy Riot”, encarcelado oportunamente por el régimen policial putiniano, es emblema de la lucha por estas y otras libertades en la Rusia actual. En esta línea de defensa de la opresión, Putin hizo aprobar en febrero de 2017 una ley que permite ejecutar violencia doméstica una vez al año, dando aval estatal a las golpizas a mujeres, niñas y niños.

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La centralidad de lo masculino en el comercial no es casual: la ideología que reproduce podría resumirse en el lema “el fútbol es cosa de hombres, y por eso hasta ‘nos damos el lujo’ de ‘hacer cosas de putos’”. Lejos de ser un reconocimiento a la diversidad, la propaganda reafirma el sexismo, la discriminación y los estereotipos más berretas, cuyas consecuencias no están “en el mundo de las ideas” sino en la violencia real contra los cuerpos e identidades.

Que esta orientación machista sea promovida por una de las empresas que son literalmente dueñas del fútbol debe ser destacado. La descomposición del capitalismo penetra en todos los poros de la sociedad, y está lejos de ser un fenómeno exclusivamente económico. Los responsables de inficionar a las masas con odios, divisiones y violencias están el poder; controlan la educación, los medios de comunicación y las religiones; producen, en definitiva, la “cultura” dominante.

En el caso del deporte, su copamiento por parte de los grandes monopolios exacerbó hasta el paroxismo sus características degradantes, cuando debería funcionar exactamente para lo contrario, como ámbito liberador. Vale como ejemplo que, bajo el imperio del lucro, prima la competencia desleal en detrimento del carácter lúdico y recreativo. Por su parte, la violencia en el fútbol está íntimamente asociada a los negocios a varias puntas, que unen a funcionarios, dirigentes, policía, justicia, empresarios y barras; la “cultura del aguante” no es un producto folklórico, sino el resultado de la conjunción de estos intereses descompuestos. En el reino de un fútbol colonizado por el capital financiero, la primacía de una cultura reaccionaria está promovida desde arriba. Se manifiesta en el machismo, reflejado en prácticas y cánticos; se refleja, también, en la violencia ejercida contra los niños que juegan, hostigados por su desempeño desde las categorías más bajas incluso por sus propias familias.

La red de abusos que se ha empezado a destapar en los últimos meses es la manifestación más extrema de la podredumbre que anida en el fútbol, al amparo de los poderosos. También este tema nos lleva de vuelta a TyC, ya que la empresa operó recientemente, de forma abierta, para embarrar la causa judicial por abusos en Independiente, revoleando nombres de posibles víctimas en un programa central.

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La condición de “dueños del fútbol” para TyC y sus secuaces no es un eufemismo: Alejandro Burzaco, ex propietario del 50% de la empresa, está preso en EEUU por una causa de sobornos que ha ilustrado una metodología mundial de corrupción, que entrelaza a la FIFA, las empresas de medios y el poder político. Los “mensajes” que imponen estas usinas no son inocentes.

Indudablemente, la homofobia y el machismo son un cáncer que penetra en las masas para dividirla, retrasarla y hacerla más permeable al dominio del mundo por unos pocos. Los y las socialistas luchamos para quitarnos de encima toda esta mugre, identificando y desnudando a los responsables, en lucha simultánea porque la clase obrera se ponga al frente de la pelea contra todo tipo de opresión y por una transformación social integral. Esto es inseparable de la batalla por defender y recuperar el deporte como actividad puramente humana.


 

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