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21 de junio de 2019

A 50 años de la rebelión de Stonewall: ¿qué pasó en 1969?

Sobre el levantamiento antirrepresivo que marcó un antes y un después para el movimiento LGBT.
Por Mayra Francesca
Agrupación LGBT 1969

Este 28 de junio se cumplen 50 años de los acontecimientos de Stonewall, cuando la resistencia a una redada policial en el Stonewall Inn, un bar del Greenwich Village neoyorquino muy concurrido por personas LGBT, desató una rebelión que se extendió por varios días y noches.

El año 1969, fue sin lugar a dudas, un año signado por una situación pre-revolucionaria a nivel internacional, con grandes alzamientos populares en diversas partes del mundo y, en Estados Unidos, una poderosa agitación antiimperialista contra la guerra en Vietnam y por los derechos de los negros, duramente hostigados por las fuerzas represivas. Fogoneada por este contexto, la rebelión de Stonewall marcó un alzamiento del movimiento LGBT, colectivo que sufría cotidianamente la persecución y violencia policial.

Choques con la policía durante los disturbios de Stonewall.

El levantamiento

En esta área del Greenwich Village, en madrugadas anteriores, la policía había solicitado identificaciones de las personas presentes y hasta les revisaba los genitales a las personas que usaban prendas “femeninas”, para saber su sexo (existía una ley que no permitía vestir con más de tres prendas del género opuesto). Las mujeres trans eran sistemáticamente detenidas, golpeadas y violadas por los comisarios. El colectivo LGBT solía reunirse en esta área, aunque para una gran parte del mismo los bailes y la fiesta no eran prioridad, ya que sufrían la ausencia de un plato de comida, la no inclusión laboral para travestis y trans y la falta de acceso a la salud y, en muchos casos, a una casa donde dormir.

Aquel 28 de junio, el Departamento de Policía de Nueva York realizó una de sus habituales redadas en el Stonewall Inn a la 1:20 de la madrugada. Cuatro policías de civil y dos uniformados irrumpieron en el establecimiento, la policía bloqueó las puertas y la confusión aumentó. Pero esta vez, la avanzada represiva llevó a una situación inesperada: algunas personas presentes decidieron no mostrar sus identificaciones y las mujeres trans se resistieron a ser inspeccionadas. El ambiente se fue caldeando hasta que, en un momento de la noche, los policías quedaron encerrados en el bar, mientras afuera se encontraban alrededor de 150 personas (entre ellas, gente de la comunidad LGBT que se encontraba en situación de calle). La fuerza antidisturbios (Tactical Police Force, TPF) del departamento de policía de la ciudad de Nueva York arribó para liberar a los policías que se encontraban dentro del Stonewall, tras lo cual se recrudeció la represión, pero aún más la resistencia contra ella, llegando a sumar en los días subsiguientes a miles de personas.

Por primera vez en la historia, se veía un agrupamiento de esta magnitud de personas organizadas contra un sistema represivo que reproducía el odio hacia las diversidades sexuales y de género. Y que, para ello, asumía un carácter de movilización y lucha callejera, de forma independiente del Estado y enfrentando a sus fuerzas represivas.

Marcha del Día de Liberación de Christopher Street

Rebelión y después

La rebelión de Stonewall dio lugar en los meses siguientes al surgimiento de nuevas expresiones del movimiento. Seis meses después se fundó un periódico llamado Gay que se distribuía en la ciudad, al que siguieron otros dos en las semanas siguientes: Come Out! y Gay Power. Sumados, el número de lectores de estas tres publicaciones llegó a ser de entre 20 y 25.000.

Stonewall dio lugar al surgimiento de nuevos y mayores agrupamientos, como fue el caso del Frente de Liberación Gay, que llegó a alcanzar extensión nacional y hasta ramificaciones en Alemania e Inglaterra. Con una influencia antiimperialista ya visible en su nombre (homenaje al Frente Nacional de Liberación de Vietnam o Vietcong), el grupo señalaba en su principal texto, el Manifiesto Gay de Carl Withman de 1970, que “nos sabemos radicales porque somos conscientes de que el sistema establecido genera opresión, y no se trata de que queramos sacar tajada porque no nos gusta la carne podrida”. Con estas y otras definiciones a la izquierda, como la solidaridad hacia la lucha de los negros y los trabajadores, aquel manifiesto tiraba sin embargo el agua con el niño adentro: de la potente denuncia hacia la persecución de los homosexuales en los Estados socialistas burocratizados, Whitman derivaba un rechazo a una definición revolucionaria (“no somos ni marxistas ni comunistas”). El texto esquivaba junto a ello una definición precisa de clase: “no encajamos en ninguno de sus esquemas de clases o de castas”.

En los siguientes años, el movimiento LGBT se vio atravesado por el debate entre establecerse como un movimiento revolucionario o asimilarse al capitalismo y a sus partidos. Fue esta última tendencia la que fue primando en las principales organizaciones, aminorando la lucha callejera y girando hacia una estrategia que depositaba la confianza en la estrategia del lobby parlamentario. La consecución de leyes, que convalidaban derechos largamente reclamados por la comunidad, funcionó a su vez como un mecanismo de cooptación, golpeando la lucha contra el problema de raíz: la opresión capitalista. En un sistema capitalista que impone la heteronorma y el modelo de familia nuclear, es algo común que el colectivo LGBT sea uno de los sectores más oprimidos y perseguidos, ya que los modelos de relaciones alternativas desafían el rol impuesto para los géneros en las familias.

Con fuertes críticas a esta tendencia asimilacionista, y a la preeminencia de los blancos de clase media en el movimiento LGBT, se fundó en 1971 S.T.A.R. (Acción de Travestis Callejeras Revolucionarias), un grupo dedicado a ayudar a mujeres callejeras transexuales sin techo que tuvo por referentes a Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera.

El 28 de junio de 1970, se realizó la Marcha del Día de Liberación de Christopher Street (calle donde se encuentra Stonewall Inn), en la que no hubo enfrentamientos con la policía y se logró convocar una gran cantidad de manifestantes Junio quedó titulado como el “mes del orgullo” en conmemoración del levantamiento de Stonewall, que había marcado un antes y un después. Por eso, comenzaron a llevarse a cabo marchas en el país y en todo el mundo para recordar esta fecha.

A 50 años

Desde la Agrupación LGBT 1969, que debe su nombre a los aconteciemtos de Stonewall, llamamos a tomarlo de ejemplo, dándonos la independencia política y la orientación de lucha que adquirió en esos días el levantamiento.

Hagamos que la movilización de este 28 de junio sea una jornada de lucha que lleve a las calles las reivindicaciones de la comunidad LGBT: contra la discriminación de la comunidad travesti-trans (que hoy en Argentina tiene una expectativa de vida de 35 años), contra la continuidad -a pesar de las conquistas democráticas arrancadas al Estado- de los ataques y crímenes de odio, que tienen como caldo de cultivo la injerencia de las iglesias sobre el Estado.

Salgamos a las calles, arranquemos asambleas por el cupo laboral travesti trans; por el aborto legal y la educación sexual integral, con contenidos que informen sobre diversidades sexuales y de género; contra el gatillo fácil y el protocolo represivo a personas LGBT de Bullrich; organizándonos independientemente del Estado, las iglesias y los partidos patronales, que tanto en el oficialismo como en la oposición procuran continuar con el ajuste del FMI y el pago de la deuda. Por una transformación social de raíz.

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