21/03/2018

Archivos de la dictadura: genocidio y colectivo LGBTI

Por German Cabanillas Agrupación LGBTI 1969 Santa Fe capital

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 exterminó sistemáticamente a 30.000 hombres y mujeres trabajadores y luchadores, sin contar a aquellos que fueron encarcelados sin juicio previo y los miles que tuvieron que partir al exilio. El salvajismo de los militares y de los sectores civiles que promovieron el golpe para enriquecerse a la sombra de fusiles encontró en el genocidio la manera de masacrar las luchas populares, incluidas las de género.


En este sentido, el informe “Nunca Más” que elaboró la Conadep no nombra a una sola persona detenida o desaparecida a causa de su orientación sexual. No existen datos cuantitativos certeros sobre personas de diversidad sexual detenidas en centros clandestinos o comisarías. Carlos Jáuregui, activista por los derechos LGTB fallecido en 1996, en su libro “La homosexualidad en Argentina”, aportó el único dato sobre centros de tortura y exterminio de la diversidad sexual y de género.


El rabino Marshall Meyer, uno de los responsables de la Conadep, le comentó a Jáuregui que unos 400 homosexuales fueron detenidos durante la dictadura, y que el trato que recibieron en los centros de detención fue “especialmente sádico y violento”; muchos fueron torturados, violados y asesinados con saña. Según Meyer, la intencional omisión de esa descripción en el “Nunca Más” se habría debido a las presiones del ala católica derechista de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos conformada con la vuelta de la democracia.


La sexualidad de las personas era motivo más que suficiente para la persecución policial durante el Proceso. La DIPBA (División de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, 1956-1998) hizo un trabajo de inteligencia para espiar a las personas que tenían alguna participación política en instituciones educativas y religiosas o que exhibían “conductas sospechosas”. Además de a gremialistas, delegados de fábricas y estudiantes, encerraban y torturaban a todo "elemento disolvente" que percibían “amanerado”, “invertido”, “afeminado”, de “conducta lesbiana”, de “costumbres demasiado liberales”, que “nunca se lo ve acompañado con personas del sexo opuesto”…, según las caracterizaciones asentadas en los legajos de esa división. En Córdoba, muchos activistas de frentes de diversidad sexual fueron vistos en La Perla y en el D2, según informes de investigadores en el tema.


La persecución y la represión permanentes purgaban las calles de gays y travestis aplicando nefastos edictos policiales que echaron por tierra la visibilidad que el colectivo había ganado con sus agrupaciones políticas y de derechos civiles, y entre la comunidad homosexual se fue generando un clima de autocensura. Muchos optaron por la clandestinidad o por emigrar. El evento deportivo del Mundial 78 recrudeció la persecución policial y las camufladas Brigadas de Moralidad de la Federal en Buenos Aires ordenaron “espantar a los homosexuales de las calles para que no perturben a la gente decente”: más de 1.400 personas fueron detenidas en las razias de entonces.


Las agrupaciones de diversidad sexual encontraron durante la dictadura a su enemigo acérrimo: la Iglesia, que fue erigida en la autoridad moral que determinaba roles y modos de comportamiento y vinculación para hombres y mujeres. La curia, necesaria para la “pacificación”, dio el visto bueno para “limpiar de homosexuales las calles” y apoyó a la Junta para la creación de un comando especial con dedicación exclusiva para reprimirlos: el funesto Comando Cóndor. A través de la fuerza militar y clerical, el gobierno de facto aplicó un discurso religioso y conservador en la sociedad y en sus instituciones (escuelas, legislaciones) en contra de feministas y homosexuales.


La dictadura fue el duro golpe que produjo la desarticulación de los movimientos feministas y de diversidad sexual que se venían desarrollando desde los 60. Hasta el día de hoy, la imposición de géneros tradicionales y la relegación de las mujeres a los espacios domésticos ha constituido un enorme retroceso en cuanto a la lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual, de los derechos sexuales reproductivos y del derecho al aborto.


A 42 años del golpe militar, en muchos lugares del país todavía no se han derogado aquellos códigos de faltas y de contravenciones que criminalizan a las personas LGTBI; por contrario, el Ministerio de Seguridad de la Nación implementó un protocolo que naturaliza y le da forma a la represión contra nuestra comunidad. La policía, que fue haciéndose a la sombra de las dictaduras, es la que penaliza con edictos oscurantistas el beso público entre personas del mismo sexo, la que libera zonas para el narcotráfico y la trata, la que comete crímenes políticos, la del gatillo fácil a la juventud; todo con total apañamiento de los gobiernos. Esa policía es la que abucheamos todos los años en las marchas del Orgullo de todo el país.


Desde la Agrupación LGBTI 1969 nos oponemos con firmeza a la ´reconciliación´ con las FF. AA. Exigimos: cárcel perpetua, común y efectiva a todos los genocidas. Apertura de los archivos de las comisarías. Libertad a todos los presos políticos. Separación de la Iglesia y el Estado. Abajo el protocolo LGBT. Abajo el ajuste, la entrega y la represión de Macri y los gobernadores.


Por los 400 compañeros doblemente desaparecidos, seguimos luchando contra la impunidad de ayer y de hoy. Son 30.000. Fue genocidio.

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