25/04/2020

Las maniobras excluyentes del activismo Terf y su reflejo transodiante

Por Mayra Francica ,Agrupación LGBTI 1969

A raíz de cierta viralización de un video en Instagram que contempla el debate sobre si la comunidad travesti trans y no binarie es realmente oprimida y si pertenecen al movimiento de mujeres, vemos necesario aclarar una serie de cuestiones y de donde provienen estos posicionamientos políticos. 


El término Terf (Trans-exclusionary radical feminist o Feminismo Radical Trans Excluyente) nace a raíz de denominar una fracción del feminismo radical iniciada en los ‘70 en EE.UU. que busca excluir a Transexuales, Travestis, Transgénero y No binares, de espacios de organización en el movimiento de Mujeres y diversidades sexuales y de género, donde la madre del movimiento, Janice G. Raymond, en “El imperio transexual: la creación de la mujer-varón” abiertamente llama a las mujeres trans como “tíos”. 


Este sector considera que las “nacidas mujeres” (o mujeres cis) son las sujetas políticas del feminismo y que las personas trans no sufren la misma opresión. Como también, hacer responsable únicamente a los “nacidos hombres” (o varones cis) de la opresión a la mujer. Pese a la repercusión que dicho grupo pueda generar, esta fracción ya viene perdiendo el hilo hace años y no han sido nunca una presión dentro del movimiento de mujeres que defiende plenamente la participación de la comunidad LGBT+ dentro del mismo. 


El movimiento Terf ha llegado a máximos extremos de exclusión haciéndole el favor a las Iglesias y al Estado. Entre las acciones más excluyentes se pueden destacar las demandas a los gobiernos para que retiren la atención médica y legal a las personas travesti trans en Estados Unidos y En España, contra la ley de Identidad de Género, este es un caso paradigmático ya que el Partido Feminista de España se opone abiertamente a reconocer el derecho a la identidad de género. 


A menudo, quienes son señaladas como Terf rechazan este término y se refieren a sí mismas como “críticas del género” o “abolicionistas del género”. Otra característica de este grupo transexcluyente es la reinterpretación de autoras del feminismo de la segunda ola que hablan de “Clases sexuales” y “Materialismo” en un sentido antimarxista y conciliador de clases, ya que desde nuestra perspectiva les oprimides somos les trabajadores. 


En cuanto a los planteos transexcluyentes, la centralidad de los mismos radican en negar la existencia de las personas trans y no binaries debido a su socialización. Si la persona fue socializada como niño, tiene “privilegios”, en cambio si lo fue como niña no los tiene y es oprimida. Este planteo niega las experiencias de mujeres trans que desde muy pequeñas manifiestan transexualidad y toda o gran parte de la vida han sido socializadas como mujeres y también niega las experiencias de mujeres trans que al haber realizado su proceso de transición luego de la adolescencia o en edades adultas. Lo mismo respecto a los varones trans y las personas no binaries, quienes también son expulsades por esta fracción y son parte del movimiento de mujeres y sus reclamos, ya que son plenamente afectades ante el aborto clandestino.


La importancia de la participación del movimiento LGBT+ en el movimiento de mujeres


El activismo Terf sostiene que en las movilizaciones del 8M participen únicamente las “hembras humanas”, un concepto apropiado por ellas mismas para autorreferenciarse. Adoptar esta posición implica desconocer la importancia de que la comunidad LGBTI y, particularmente, las mujeres travesti trans luchen por las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras, como si fuese algo lejano a sus reivindicaciones; no podemos dejar de señalar que muchas militantes históricas trans y travestis han sido constructoras de la Ola Verde donde las mujeres y el movimiento LGBTI se unieron para reclamar contra el Estado y el clero. 


Por otro lado, la movilización del 28 de junio tiene un planteo de clase y estos sectores del feminismo se hacen ausentes contra los travesticidios y transfemicidios en el aniversario de Stonewall, donde la comunidad travesti trans desocupada, y afectada ante la no implementación del cupo laboral travesti trans, copa las calles. Esta ausencia no hace más que reforzar su planteo transodiante y sus posicionamientos aliados a las Iglesias, donde terminan reproduciendo el mismo odio y exclusión que promueve el Estado capitalista hacia nuestras identidades, siendo un sector social que ya es plenamente marginado y vulnerando con una tasa de desocupación del 90% y un acceso restrictivo a derechos básicos como el de salud, hoy traducido en un faltante de hormonas generalizado. No está de más poner de manifiesto que las Terf, también se oponen a los tratamientos hormonales para personas trans ya que para ellas estos tratamientos son un “capricho estético” y no una cuestión de identidad.


Como queda reflejada, la realidad social que viven particularmente las personas travesti trans que tienen una expectativa de 32 a 35 años es de suma importancia su presencia en la movilización del Día Internacional de la Mujer Trabajadora ante la situación de extrema marginalidad, vulnerabilidad y criminalización a la que somete el Estado a la comunidad LGBT+ día a día, como la importancia por el reclamo de trabajo genuino, acompañado del cupo laboral travesti trans.


La salida es independiente y luchando con un mismo puño 


Las políticas que desarrolla el activismo Terf denotan una falta de perspectiva abriendo una guerra de sexos en toda su literalidad (es por esta razón que hablan de las mujeres trans como “Caballo de Troya” del feminismo) además, de que profundizan a que las luchas se sigan fraccionando y que los movimientos de les oprimides intervengan cada uno por su lado, en vez de fijar el eje en la problemática de clase comprendiendo que el enemigo es el mismo: el sistema capitalista. 


Lo cual concluye en hacerle un favor a la burguesía y entregar las luchas de les oprimides en manos del Estado y sus estrategias de cooptación, como, por ejemplo, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que no da respuestas frente a la situación en la que se encuentran las mujeres y la comunidad LGBT+ ante la desocupación, los femicidios, transfemicidios y el aumento de llamadas por violencia de género, así como tampoco dieron respuestas ante el faltante de hormonas para la comunidad travesti trans.


Ante la fuerte contención social y educación que nos brindan las Iglesias, más que nunca es necesaria la efectiva aplicación de la ESI laica y científica que contemple las diversidades sexuales y de género, ya que se genera una constante desinformación sobre nuestras identidades.


Continuemos luchando contra las políticas de hambre de los gobiernos capitalistas, por el aborto legal seguro y gratuito sin concesiones con la Iglesia Católica, tanto como por la separación de las Iglesias y el Estado. Hoy más que nunca, vamos por la organización conjunta e independiente del movimiento de mujeres, del movimiento LGBT+ y de todo el movimiento obrero, para así arrancar todas nuestras reivindicaciones como clase obrera. 



 

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