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12 de mayo de 2005 | #899

EnKubrimiento

No ha quedado en cana ni el último orejón del tarro.
 
La ingeniera de los visones pegó justo cuando decidió poner en marcha el ventilador.
 
Los que creyeron que con la denuncia de los sobresueldos apuntaba contra Menem se equivocaron.
 
Apuntaba a Kirchner, que tiene un gobierno repleto de ex menemistas, como él mismo, Alberto Fernández, Redrado o Solá, para mencionar solamente a los más copetudos.
 
Ni antes, ni tampoco ahora, vivían ni viven con seis mil pesos.
 
De todos modos, todos sabemos que los sobresueldos son la caja chica de la historia, aunque acumulan un monto de cuatro mil millones de dólares en veinte años.
 
La cometa más fuerte está vinculada a las obras y servicios públicos.
 
Recientemente, Reutemann y Obeid, los dos santafesinos, coincidieron, curiosamente, en denunciar que los contratistas que operan en su provincia están reclamando “sobreprecios”, porque “saben, dijeron, que el gobierno tiene plata” (ver Ambito Financero y La Capital).
 
Kirchner y Lavagna se jactan todos los días de que tienen cada vez más plata.
 
Hace solamente diez días armaron un enorme negociado con títulos públicos, que colocaron con un retorno anual del 16% (pero que puede ser más).
 
Le acaban de dar incentivos fiscales a la ‘cadena automotriz’ de unos seis mil millones de pesos.
 
A Aluar, la semana pasada, de poco menos de seiscientos millones.
 
El presupuesto prevé ‘incentivos’ por cerca de quince mil millones de pesos.
 
Alberto Fernández tiene ‘superpoderes’ para repartir partidas fiscales.
 
En 2003, el Buenos Aires Herald aseguró que la práctica de la ‘cometa’ era corriente en la provincia de Santa Cruz.
 
Pero, ¿por qué, se pregunta Kirchner, me voy a privar de hacer lo que Bush y Cheney hacen con la petrolera Halliburton, o Chirac con la francesa Elf?
 
Elisa Carrió le aseguró a Grondona que la cuestión de sobresueldos se supera con un salario de diez mil pesos para un ministro.
 
Este juicio revela más torpeza que cinismo.
 
Carrió también viene pregonando un “contrato moral”.
 
¿Quiénes necesitan un contrato para que se respete la moral?
 
Lo mismo había propuesto Barrionuevo cuando exhortó a que “no robemos por dos años”.
 
El centroizquierdismo y el progresismo tienen limitaciones insalvables a la hora de combatir la corrupción.
 
Lo ha demostrado Ibarra, con el cual el ARI cogobernó hasta una hora después de lo de CromañÓn, aunque dejó de apoyarlo desde entonces.
 
La corrupción no obedece a que el Estado se ha transformado en propiedad privada de los funcionarios.
 
Obedece a que nunca dejó de ser propiedad colectiva de los capitalistas, que se disputan el arbitraje de los funcionarios.
 
Para superar una corrupción que se asienta en la gigantesca miseria de la mayoría nacional, es necesario poner fin a la dominación de los monopolios capitalistas y del capital.
 

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