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19 de mayo de 2005 | #900

18 y 20 de mayo

A la huelga, compañeros de la UBA

La Universidad de Buenos Aires, la más grande y de mayor presupuesto, fue noticia por la renuncia de uno de sus hombres clave, el secretario de Hacienda Gosis, dada “la falta de confianza en la administración de más de 100 millones de pesos”. Así comenzó a explotar la podredumbre del gobierno de la UBA. En realidad lo que se está debatiendo es “quién decide y maneja los destinos de estas significativas sumas que se mueven en la UBA” (Página/12, 13/5). Por eso no es casual esta crisis a pocos meses de la elección del próximo rector.

A pesar de estas enormes cifras, es en la UBA donde la docencia es más negreada y flexibilizada.

A los salarios miserables, conformados en su mayor parte en negro, se le agrega la inestabilidad a la que estamos sometidos.

Con un mínimo de la planta concursada, la inmensa mayoría es contratada anual o cuatrimestralmente. Cada seis o doce meses se decide si continuamos o no en el puesto o si debemos dedicarnos por el período siguiente a sobrevivir de otro modo. Ninguna ley compromete a las autoridades a renovar los contratos. Para completar el cuadro, no se puede dejar de mencionar a los miles de docentes que están bajo el peor de los contratos: trabajar sin cobrar.

Con estas condiciones laborales, paraíso deseado de cualquier capitalista, el Rectorado no se conforma.

Pues bien, en la UBA, compañeros nombrados con contratos rentados, que dieron clase en forma sostenida todo el cuatrimestre, nunca cobraron sus salarios. Se acumulan deudas de 2003, de 2004 y ahora también de 2005. A esto se suma la destrucción permanente que están haciendo de la planta estable, dado que frente a cualquier baja por licencias de enfermedad, jubilaciones, renuncias o promociones a cargos más altos, se acepta inmediatamente la baja pero la correspondiente alta se pierde por los pasillos de los consejos directivos y de Viamonte. Como en el Plan Jefas y Jefes, hay bajas pero no altas.

Los distintos gobiernos que tuvo el Rectorado, sea con el PJ o la Alianza en el Ministerio de Educación, han ido tan lejos con la flexibilidad laboral que es imperiosa una profunda rebelión. Los últimos índices de acatamiento del plan de lucha de las Conadu , la influencia cada vez mayor de la combativa AGD y los distintos movimientos particulares en cada facultad están evidenciando una creciente conciencia. Ahora vamos a la jornada de 72 horas de paro. Pongamos toda la fuerza en organizar junto a la los compañeros no docentes, la Fuba y los centros, clases públicas y asambleas. Paremos la universidad.

Como se aprecia, la lucha por el salario y la efectivización es la lucha por la supervivencia de la universidad. Es de interés de todos los estudiantes, de la juventud y del pueblo en su conjunto. Saquemos a la comunidad educativa a la gran marcha del 20.

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