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17 de julio de 2014 | #1323

El "caso" Angelelli

La Justicia de La Rioja acaba de determinar que el asesinato del obispo Enrique Angelelli, cuya camioneta fue encerrada por otro vehículo hasta hacerla volcar en un paraje de la provincia, en 1976, fue un delito de lesa humanidad que tuvo como autores mediatos a Luciano Benjamín Menéndez -general a cargo del III Cuerpo de Ejército en ese entonces-, a Luis Fernando Estrella -segundo jefe de la base aérea del Chamical, lugar cercano al escenario del "accidente"-, y al policía Domingo Vera.

El fallo pretende "cerrar" el caso condenando a perpetua a tres represores octogenarios y dejando impune toda la red de intereses y personajes que llevaron al asesinato.

Marilé Angelelli, sobrina del obispo asesinado, denunció que "faltan los civiles". Entre ellos, está la "Justicia" de la época, que armó una causa falsa, de cabo a rabo, y "civiles" como la familia Menem, organizadores de la repulsa a un cura que organizó sindicatos y enfrentó al riojano innombrable, exigiendo la expropiación de un latifundio y su entrega a una cooperativa en las vísperas de la dictadura. También debió decir: "Faltaron los jerarcas de la Iglesia".

Al momento de ser asesinado, Angelelli llevaba carpetas con notas y documentos sobre las desapariciones (asesinatos) de los curas Gabriel Longueville y Carlos Murias, de su diócesis. Esa documentación apareció días más tarde en el escritorio del ministro del Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy, revelando la naturaleza del "accidente", y poco después en el Vaticano. En pleno juicio, el actual Papa remitió al obispo de La Rioja esta documentación junto a cartas enviadas por Angelelli al nuncio bajo la dictadura, Pío Laghi, en la que denunciaba la represión y exigía una acción urgente. El Papa habría sacado a luz papeles ocultos durante casi cuarenta años, forzado por el testimonio de un sacerdote franciscano que hizo pública su existencia en La Rioja.

"Fuentes judiciales y eclesiásticas coincidían en lo arriesgado de la jugada de Francisco, dado que la revelación de que en el Vaticano existía ese material podría ser usado para argumentar el silencio y la complicidad de sectores de la Iglesia frente a... la dictadura militar".

De toda la jerarquía cómplice de la dictadura sólo ha sido juzgado Christian Von Wernich. Acaba de morir, impune, oculto por la Iglesia en Paraguay, Omar Vara, sacerdote torturador al servicio del V Cuerpo. El juicio por el asesinato del obispo de San Nicolás, también en ruta (1977) duerme el sueño eterno.

La cacareada política de derechos humanos de la "década ganada" no ha tocado la jerarquía del clero ni la clase social en cuyo nombre se ejecutó la dictadura y menos aún ha desmantelado el aparato represivo.

Christian Rath

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