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20 de febrero de 2017

Verónica Matta: “Después de denunciar a Milani llamaban y cortaban, estaba vigilada”

Una de las querellantes que logró la prisión del ex jefe del Ejército cuenta a Prensa Obrera cómo fue el proceso que empezó en una audiencia parlamentaria llamada por Néstor Pitrola.

La detención de César Milani, el ex jefe del ejército nombrado por Cristina Fernández, por los crímenes cometidos bajo la dictadura conmovió al país. Pero especialmente, tocó de cerca a aquellos que durante largas décadas batallaron para que el militar –denunciado como represor en el Nunca Más, a pesar de lo cual continuó haciendo carrera con la venia del Senado hasta convertirse en jefe del Ejército– fuera juzgado.

Verónica Matta había comenzado el raid de su denuncia durante una audiencia parlamentaria convocada por el diputado Néstor Pitrola, del Partido Obrero-Frente de Izquierda, precisamente para repudiar la designación de Milani al frente del Ejército. En esa audiencia se encontraban presentes Graciela Ledo, hermana de Alberto Agapito Ledo, el soldado desaparecido en Tucumán por cuyo caso Milani está imputado, y representantes de organismos de derechos humanos.

En cierto momento, una de las asistentes levantó la mano desde el estrado del público. Y contó su historia: Milani la había secuestrado a ella misma en La Rioja en el año 1976, cuando era una adolescente de 16 años y activista estudiantil. Permaneció dos años y ocho meses detenida en la cárcel de Devoto por “actividades subversivas”, según definía a la militancia la dictadura. Su testimonio en la audiencia parlamentaria luego se transformó en denuncia judicial y el ciclo culminó el viernes con la detención de Milani en La Rioja por su caso y por los de Pedro y Alfredo Olivera. Matta conversó sobre este proceso y sobre cómo concibe a la política de derechos humanos luego de la persecución de los crímenes bajo la dictadura.

-¿Cómo llegó a la audiencia de Pitrola?

-Cuando Milani asumió me di cuenta de que había sido mi secuestrador, pero no me atrevía a hacerlo público, a decirlo. Una vez fue a La Rioja y asistí a una marcha con los organismos de derechos humanos. Pensaba: “Voy a averiguar…”. Fui a La Rioja, pregunté. Mi madre tenía un bloqueo, decía que no recordaba el momento de mi secuestro. Yo había estado dos años y siete meses detenida en Devoto. Cumplí 18 años en la cárcel. Mis padres me visitaban, me acompañaron y bancaron, pero mi madre tenía un bloqueo sobre esa época. Ella había sido jueza en aquel momento. Lo padeció mucho. La echaron de su puesto. Nosotros éramos una familia conocida en La Rioja. Luego de mi detención mis padres sufrieron una marginación total. Gente conocida suya se cruzaba de vereda para no saludarlos. El juez Catalán había sido amigo de la infancia de mi madre, y después se negaba a atenderla. Y luego hizo todo lo que hizo. (N. de R.: El juez Catalán fue detenido por haber ordenado y presenciado torturas a los detenidos por la dictadura) Pero bueno, mi madre tenía este bloqueo y no quería hablar de eso. También es cierto que Milani estaba en el poder. No era poco.

-¿Su padre también tenía esa actitud mientras vivía?

-Él había muerto en 1996. La actitud era: “De esto no se habla”. De hecho, yo nunca negué nada, pero no es que lo ponía en el centro de mi atención. Vivía en Buenos Aires, estudiaba, nunca fui una militante de los organismos. Iba a las marchas del 24 de marzo, claro, pero no vivía en ese mundo de recuerdo de esas cosas.

-En esa audiencia convocada por Pitrola usted no llegó como una militante de derechos humanos.

-Para nada. La asunción de Milani fue como si me tiraran un balde frío desde el pasado. Fue un shock. Es como si lo hubiera tenido olvidado y de repente volvían imágenes, olores, sensaciones. Fue muy fuerte. Eso pasó cuando lo vi a Milani en la tele. La mente tiene mecanismos de decir: “sí, pero no, no estás segura”. La mente tiene mecanismos de defensa. Entonces hice ese viaje a La Rioja para ordenar mi cabeza, para ver dónde estaba parada. Era un momento muy confuso. Incluso conversé con compañeros que decían: “Bueno, hay que ver…” Había compañeros muy kirchneristas. “Es un invento de la Corpo…”. En ese contexto era muy difícil hablar con algunos compañeros. Eran todos represores menos él, justo el que yo me acordaba.

-¿Usted era kirchnerista?

-No, yo era muy crítica. Sobre todo por el tema del medio ambiente. Veía cómo destruían todo. Veía en La Rioja la cuestión del Famatina. ¡Encima teníamos en La Rioja a Beder Herrera! No era fácil estar a favor de todo eso. Entonces un día leí en la web que iba a realizarse la audiencia con Graciela Ledo en el Congreso, que la llamaba Néstor Pitrola. Estaba en el laburo y me dije: “Voy a ir”. Me mandé al Congreso, no sabía dónde era, no sabía quién iba a estar. Te juro que en ningún momento pensé en hablar. Yo iba a escuchar. Tenía esa necesidad de poner en orden mi cabeza. Pero entonces escuchaba las intervenciones, nunca había escuchado esos relatos en primera persona, no sabía lo de Olivera, entonces se me disparó algo… Fue como un trauma que me saqué en ese momento.

-Yo había ido a cubrir como periodista esa audiencia y recuerdo que fue una sorpresa.

-Es más, incluso vi que cuando pedí la palabra se decían en la mesa: “¿Quién es esa, quién es?”. Me daba cuenta de esos cuchicheos. Y ahí conté. Graciela Ledo le dijo a su abogada, María Elisa Reynoso, que se ponga en contacto conmigo. Entonces hicimos la denuncia.

-¿Le produjo alivio declarar ante esa audiencia parlamentaria y luego ante la justicia?

-A mí me parecía que tenía un paquete que había estado guardado. Por eso me venían tan puras las imágenes, no lo había estado contando antes. Habían estado en un compartimento guardadas. Fue muy movilizador. Volvía a casa y me tiraba a dormir, sobrepasada por el estrés. Milani estaba en el máximo cargo en ese momento: no era poco. Había momentos de tensión. Y había presiones familiares. ¡Mi hijo me cagaba a pedos! Pero había otras cosas.

-¿Qué cosas?

-Había ruidos en el teléfono, gente que llamaba y cortaba. Eso pasó bastantes veces. Era predecible. No me pasó nada, pero eso de sentirme constantemente vigilada sí me pasaba. Además estaba suelta, digamos. Es decir: no me iba a aproximar a una organización por este motivo. Sí me acerqué a las organizaciones para tener una cobertura, claro.

-Usted dijo que iba a las marchas del 24 de marzo, aniversario del golpe.

-Sí, pero iba como algo personal. Iba con amigos, no en una columna específica.

-En cierto momento hubo dos movilizaciones, la oficialista K y la independiente. ¿Usted dónde marchaba?

-Con la independiente. Mi actitud crítica con Hebe viene de hace mucho antes. Me hacía mucho ruido. No era una línea con la que me sintiera próxima. Sí tenía mucho respeto con la otra movilización. Tengo mucho respeto por Norita. Y me inclinaba a la otra movilización sobre todo por su amplitud. Reclamaban por los pueblos originarios, por los derechos ambientales.

-En ese sector surgió la consigna: “Fuera Milani”. ¿Cómo era que un movimiento pidiera que se apartara a su secuestrador?

-Yo estaba compenetrada con ese cartel. Tenía que irse y debía ir a la cárcel. Me desesperaba la negación que había en el otro lado. “Bueno, no importa, lo que sea por el proyecto”. Eso me parecía muy doloroso. No debe haber sido cómodo defender esa posición.

-¿Cómo fue la evolución de la causa judicial?

-Estaba totalmente parada. Desde la fiscalía de derechos humanos de Buenos Aires les mandaban a los distintos jueces de La Rioja. Pero no avanzaba. Hasta que un momento se revitalizó. Era inevitable que Milani declarar. Ya habían vencido todos los plazos. Había pruebas suficientes. Pero no avanzaba. Milani interponía recursos que la justicia avalaba y entonces todo quedaba parado otra vez. Cuando lo dejan libre en Tucumán, yo me dije: “Ya está”. Pero tuve una gran sorpresa. Yo estaba limpiando la casa con la tele prendida. Y de repente dijeron: “Último momento”. Y dieron la noticia.

-¿Cómo fue la sensación ante la noticia?

-Vacío. Fue como un vacío. Quedé como encapsulada en el vacío, sin poder reaccionar. Luego pude comprender que Milani estaba finalmente preso.

-¿A qué atribuye la encarcelación de Milani?

-Como venía el tema de los derechos humanos con este gobierno, parecía difícil. Pero sí hay una cuestión de la oportunidad. Esta guerra entre este gobierno y el anterior y en medio de una crisis de credibilidad del gobierno, la detención de Milani era muy oportuna. Le pegaban muy cerca a Cristina. Le dicen: “El general de Cristina”. Entonces apresan a Milani, aunque vaya contra la política de este gobierno. Es muy interesante.

-¿Cómo piensa el momento post detención de Milani?

-A mí me interesa que se abran los reclamos por los derechos humanos a otros ámbitos que no sean solamente los de la memoria de la dictadura o la justicia por los crímenes que se cometieron esos años. Eso debe seguir, claro, no hay que olvidar. Hay otros derechos humanos que son violados hoy. Con la violencia institucional de un pueblo en el que instalan una minera. Con la violencia institucional que reprime hoy a los pibes. Con el genocidio ambiental. Los derechos humanos no son solamente un emblema de la memoria.

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