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19 de octubre de 2019

Yacyretá, una maniobra para hacer olvidar su “muro de la vergüenza”

Una de las últimas obras más cuestionadas realizadas por la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) -calificada en su momento por el ex presidente Carlos Menem como “monumento a la corrupción- fue la que los vecinos y vecinas de las ciudades fronterizas de Posadas (Argentina) y Encarnación (Paraguay) bautizaron “el muro de la Vergüenza”. Un muro de concreto de 5 mts de alto y 1,3 kilómetros de largo, que fue levantado en el 2015 en Posadas a un costo de 54 millones de pesos a valores actuales, según difundió la propia entidad. Con la excusa de “detener el contrabando” este muro de la vergüenza fue ideado y construído previamente a la propuesta racista de Donald Trump para evitar la migración mexicana a EEUU. La obra fue presentada por la gestión de Oscar Thomas como un proyecto de mejoramiento vial en torno al centro fronterizo que reúne a Aduanas, Migraciones y Gendarmería, en el lado argentino del Puente Internacional San Roque González; y fue realizada cuando era ministro de Transporte de la Nación Florencio Randazzo. El propósito de semejante engendro fue clausurar totalmente la posibilidad del acceso peatonal por la zona primaria del puente, que anteriormente se permitía. El muro que de por sí tiene un peso simbólico inevitable e histórico que es la función de segregar y separar, fue totalmente rechazado por les locales porque además de tapar la hermosa vista al río, presentó evidentes problemas de diseño al desconectar el paso fronterizo del centro de Posadas. La polémica fue tan grande, que se realizaron protestas de ambos lados del río, unas decenas de centrales sindicales de Argentina y Paraguay exigieron a los Estados del Mercosur el desmantelamiento de este muro por considerarlo un “rotundo gesto anti-integración y atenta contra la libre circulación de las personas entre países hermanos”.

Finalmente después de tanta polémica el muro tuvo que ser derrumbado en parte, en julio del 2017, ya que lejos de solucionar algo, congestionó aún más el tráfico en la zona fronteriza. El derrumbe tampoco fue gratis, costó varios millones de pesos más y reemplazaron esa parte con una reja.

Con el muro ya levantado, poco tiempo después el paso fronterizo se vio afectado esta vez por el xenófobo decreto 70/2017 impulsado por Macri, el cual modificó la ley migratoria. Entre otros retrocesos que provocó dicho decreto, se impidió el reingreso de cientos de habitantes de Encarnación por el plazo de cinco años al territorio argentino; entre ellxs fueron afectadas muchas “paseras” (mujeres que cruzan en una y otra dirección con artículos de consumo) o “villenas”, un oficio histórico de esta frontera, de los que forjaron la identidad cultural de esta zona. Además a artistas musicales a los cuales no los dejan ingresar sin un permiso especial y a centenas de familias que frecuentemente cruzaban para visitar a sus afectos, y por diferentes motivos no pudieron cumplir con los controles migratorios. Claro está, que es el Estado el que debería adaptarse a las necesidades de tránsito de las personas, y no al revés, sin embargo; hemos visto año tras año que esta frontera se ha ido cerrando y cada vez presenta más obstáculos para quienes decidan cruzarla, convirtiéndose en un verdadero drama para las vecinas y vecinos.

De un muro discriminatorio al mural más grande del mundo

Increíblemente con todos estos antecedentes, bajo el lema de #YacyretaNosUne el muro de la vergüenza es de nuevo noticia, esta vez la entidad usó a artistas locales y de otras provincias y nacionalidades para “embellecer” lo que de entrada fue repudiado popularmente. “El mural más grande del mundo”, como quieren rebautizarlo, costó unos 100.000 dolares, fue convocado el Movimiento Internacional de Muralistas Ítalo Grassi (una red de artistas que organiza este tipo de eventos), que a su vez convocó a unos 50 artistas. Entre los cuestionamientos, se denuncia que algunos de ellos cobran una suma y otros, cobran 3 veces menos en calidad de “ayudantes”, siendo igual la cantidad de horas de trabajo. Semejante vergüenza de hormigón se intenta tapar además con la rimbombante publicación de la obra en el “Guinness World Records”, lo que a su vez suma un costo más para traer a los representantes de dicha empresa a realizar la entrega de la certificación correspondiente. ¿Qué se gana con este reconocimiento? Absolutamente nada, al menos por parte de la empresa Guiness World Records.

El mural será estrenado este sábado 19 de octubre con un “mega evento” que reúne a más artistas de diferentes expresiones, cuya participación “es voluntaria (...). No se realizarán pagos económicos por las presentaciones y propuestas realizadas”, según la propia convocatoria del evento.

Como trabajadora del arte y la cultura, como muches colegas llamo a cuestionar un capítulo más de la nefasta historia de estafas a los pueblos hermanos por parte de la EBY, que nunca fue un ejemplo de unión, más bien de exclusión y corrupción. Confrontemos cualquier tipo de discriminación xenófoba, exijamos la inmediata derogación del decreto 70/2017 ¡migrar es un derecho, ndaipori frontera chera’a!

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