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19 de abril de 2020

Penal de Devoto: afirman que la cárcel “va a ser un cementerio de miles de personas”

En plena pandemia, la superpoblación carcelaria a nivel nacional es una bomba de tiempo. Al momento se confirmaron casos positivos de Covid-19 en la Unidad 22 de Olmos en La Plata, en Campana, Bariloche y en la Ciudad de Buenos Aires, en el penal de Devoto. También se presentaron hábeas corpus ante la situación de personas privadas de su libertad en unidades carcelarias en numerosas provincias. La propia Cámara Federal de Casación Penal emitió una “Acordada” en la que afirma que las personas privadas de su libertad en las cárceles federales del país atraviesan una “emergencia formalmente declarada” ante el Covid-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en una Guía para abordar el Covid-19 en cárceles alertó que “es probable que las personas privadas de la libertad, como las personas en las cárceles y otros lugares de detención, sean más vulnerables al brote de la enfermedad por coronavirus (Covid-19) que la población en general debido a las condiciones limitadas en las que viven juntos durante un período prolongado”.

Sin embargo, las medidas sanitarias y humanas básicas brillan por su ausencia en el penal de Devoto. Ubicado en el noroeste de la Ciudad el penal aloja bajo condiciones de hacinamiento a más de 2.000 personas, cuando su capacidad declarada es para 1.754 (capacidad declarada en 2019 según el SPF de la PPN), siendo una de las cárceles metropolitanas con problemas edilicios de importancia. En este lugar donde el aislamiento obligatorio no es ninguna novedad se cuentan “oficialmente” cuatro casos positivos de coronavirus entre médicos y enfermeros del Hospital Penitenciario Central mientras son en total 15 los casos que están siendo analizados.

En un documento interno de la cárcel federal de Devoto se confirma esta información pero las autoridades dicen que no lo contrajeron dentro de la unidad. Sin embargo, uno de los casos positivos desmiente esta versión y afirma: “Empezamos a sentir síntomas en nuestras casas. Uno de los infectados volvió de vacaciones de Brasil. Los demás casos muy posiblemente se hayan contagiado en la cárcel” (Clarín 13/4). El 28 de marzo una persona que se desempeña como personal penitenciario realizó una presentación ante el Ministerio Público Fiscal denunciando ausencia de medidas sanitarias. Se trata de uno de los 15 en observación y declaró que “No hay ninguna medida de seguridad en todo Devoto […] todo esto está contaminado, aún no vacunaron a los internos para la gripe y otra cosa más importante y que deben hacer es fumigar todo Devoto tres veces por día [...] en todos los lugares de la unidad”.

“Nos están dejando morir”

Para las personas que se encuentran privadas de su libertad en Devoto, el aislamiento obligatorio que cumple el resto de la población implica la ausencia de visitas. Esta medida que se extiende a nivel nacional, hace que los únicos que entran y salen del penal son el personal penitenciario y médico, y se trata de personal que cubre guardias en otros hospitales, por lo que se desconoce el alcance del contagio en caso de ser portadores asintomáticos. Además, mientas las autoridades indican que quienes estuvieron en contacto con los casos positivos fueron aislados y no han presentado síntomas, desde adentro del penal se afirma que los privados de libertad que pasaron por el Hospital Penitenciario Central fueron trasladados a pabellones comunes.

Un testimonio que se conoció a través del portal Real Politik es simplemente alarmante. Se trata del relato en primera persona de Rolando Saucedo, quien refleja las condiciones de hacinamiento y ausencia de medidas de higiene y sanitarias, así como la nefasta manipulación de información a la que se encuentran expuestos.

Cuenta, por ejemplo, que familiares se acercan llorando a la puerta del penal con la intensión de querer saber sobre el estado de salud de quienes estuvieron expuestos al contagio y no reciben respuestas. Denuncia la falta de condiciones de higiene y que saben de internaciones que se hicieron en el Hospital Muñiz, que fallecieron, pero que no les permiten acceder a su identidad.

Saucedo dice que se cuidan entre ellos ya que los penitenciarios no parecen preocupados por la posibilidad de contagiarlos. Un video que comparten personas privadas de su libertad en Devoto muestra a un grupo de penitenciarios sin barbijos y ninguna de las medidas sugeridas para evitar contagios, jugando al ping pong, mientras en off relatan que no cuentan con las medidas sanitarias mínimas para evitar el contagio y con el pánico de contar casos al interior de la cárcel.

También denuncia al Jefe de Gobierno porteño y su exclusiva preocupación en el negocio inmobiliario con la idea del traslado del penal y deja una afirmación alarmante: “Horacio Rodríguez Larreta quiere vender este predio y trasladar el penal de Devoto porque es un negocio inmobiliario, cosa que no va a hacer porque ni bien empiece el contagio esto va a ser un cementerio de miles de personas, va a quedar en un lugar como de la Memoria”.

Claramente Larreta piensa en el negocio sin importarle la situación de las personas detenidas, sus familias, ni en los vecinos del barrio. Pero es necesario remarcar también que la responsabilidad de la situación que atraviesan cotidianamente las personas privadas de su libertad al interior de Devoto es exclusiva de nación y que lo que reina es un desinterés total por sus condiciones de vida y más aún por la posibilidad de reinserción social que debe garantizar el Estado. 

En plena pandemia y con casos positivos confirmados, en Devoto se presentaron nuevos habeas corpus y se desarrolló una medida de protesta. Un ruidazo a partir las 22 horas durante más de 20 días reclamó medidas de higiene y sanitarias, información certera y que organismos de derechos humanos se acerquen a garantizar el seguimiento de la situación. Diariamente se cuentan nuevas muertes por coronavirus en el país pero como denuncian quienes están detenidos en Devoto, desconocemos si las personas privadas de su libertad son contadas en esos números o ni siquiera eso.

Mientras los trabajadores arriesgan su vida yendo a trabajar a actividades no esenciales en el marco de una pandemia, se paga la deuda usuraria. Como venimos planteando, la salida a esta situación exige una reorganización social y económica profunda y el control popular de la cuarentena. También exige que la lucha contra la pandemia no excluya a nadie.

 

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