El “Caso Carrión”

El 25 de mayo de 1994 Julio Carrión, de 8 años,  fue encontrado muerto en una de las fincas de la familia Archilla. Los Archilla están entre los ‘poderosos’ de Cruz del Eje. Uno de ellos es juez, otro candidato por el radicalismo. En las fincas de los Archilla la explotación de menores es moneda corriente.


Julito había ido a jugar, como lo hacía habitualmente, a la casa de la familia Oviedo (empleados de los Archilla); a su madre le vinieron a avisar que los perros de Oviedo habían matado a mordiscones al niño, ‘desangrándolo’. Llamativamente en el lugar que fue encontrado el cuerpo no había rastros de sangre y el cuerpo estaba lavado. La ropa apareció fuera del escenario del crimen, rasgada en forma burda.


A la hora del crimen se lo vio pasar a Archilla (el candidato). Por insistencia de los padres se comenzó a investigar, recayendo el caso en el juez Archilla, que por las presiones ordenó, meses después, una autopsia sólo para ver las heridas de la cabeza. Fruto de las presiones populares Archilla se retiró del caso. Un segundo juez, Aguado, ordenó una nueva autopsia que reveló heridas de arma blanca; todas las sospechas se dirigieron hacia Julio Oviedo (hijo del ocupante de la finca y empleado de los Archilla) quien finalmente fue detenido. Oviedo es sobrino de la monja Martha Oviedo que sorpresivamente viajó a Italia a buscar fondos para afrontar el juicio. La monja ya había tenido prerrogativas: pudo ver el cadáver en la morgue antes que los padres (que debieron insistir para hacerlo), a su vez la monja está estrechamente relacionadas con el obispo Colomé que habitualmente viaja a Catamarca a interiorizarse por la situación judicial de su sobrino… Jalil, ligado al asesinato de María Soledad.


Oviedo fue absuelto en el juicio (visiblemente manipulado) por falta de pruebas, a pesar de los baches evidentes en su coartada. Todo el escenario del crimen fue preparado, borrándose datos elementales.


El crimen de Julio Carrión, hijo de una familia trabajadora, salpica a los poderosos de Cruz del Eje; éstos han usado todo el aparato del Estado y de la Iglesia para borrar sus huellas.

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