El «porrito» de Calamaro

Derechos individuales y explotación social

La ‘justicia’ menemista amenaza con encarcelar al popular cantante Andrés Calamaro, ‘culpable’ de ‘haber dicho’, durante un festival en la ciudad de La Plata, «qué linda noche para fumarse un porrito». Se lo acusa, en consecuencia, de hacer «apología del delito», una figura ‘jurídica’ típica de todas las dictaduras militares, que los‘demócratas’ han perpetuado. El «crimen de opinión», como se ve, sigue en pie. El repudio al juicio de Calamaro, el cese del proceso y la derogación de la legislación fascistoide que se pretende aplicar, debe ser parte, por lo tanto, de la movilización democrática contra el Estado policial y la represión contra la juventud y los trabajadores.


Narcotráfico


Delictiva es, en realidad, la… ley que restringe los derechos ciudadanos. Del mismo modo habría que sentar en el banquillo de los acusados a todo el aparato jurídico y represivo que victimiza al consumidor o al adicto. La ‘ilegalidad’aplicada al consumo de la droga es la pantalla de un criminal negocio y un instrumento de regimentación de la juventud. La víctima de la droga es tratada como delincuente, en tanto los delincuentes de la droga gozan del amparo o la impunidad que les brinda el poder y sus ‘servicios de seguridad’.


El tráfico de droga es tolerado y es, incluso, parcialmente legal, porque está cubierto por el secreto bancario, los blanqueos de capital, las politicas de ‘promoción de la inversión’ y el ingreso de fondos especulativos. La penalización del consumo está al servicio de todo el dispositivo con el cual se benefician los barones de la droga y sus cómplices. Un reciente reportaje de la revista Viva, de Clarín, reprodujo el testimonio de un periodista norteamericano que afirmaba que el transporte de la droga colombiana a EE.UU. se efectuaba en aviones de la DEA (el organismo yanqui de lucha contra la droga).


Lo que está en juego


Nada de esto significa, sin embargo, que Calamaro y, en particular, algunos de sus defensores tengan siquiera una pizca de razón. El ‘filósofo’ José Pablo Feinmann «apela a la autonomía de las personas» para defender el consumo y postula «el pasaje del control estatal al autocontrol de los sujetos libres… se suprimirá —de este modo, afirma— una poderosa excusa para el avance de los poderes represivos» (Página 12, 21/12).


El equívoco es total. En primer lugar, porque no estamos en una comunidad de «sujetos libres y autónomos», sino en una sociedad marcada por la explotación del trabajo y la opresión social. La droga, como el alcoholismo, es un instrumento social de degradación de las masas. Lo han probado, sin la cultura de los colaboradores habituales dePágina 12, los piqueteros jujeños, que destrozaron públicamente ante las cámaras de televisión los ‘tetrabrik’ que‘gentilmente’ les enviara el gobernador menemista, para que pudieran pasar la noche en el corte de ruta. ¿Hace falta demasiada cultura para percibir los vínculos indisolubles entre el recurso al consumo de drogas y la miseria material y existencial a la cual se condena a millones de seres humanos en la sociedad capitalista?


Frente «antiprohibicionista»


Es obvio, además, que no estamos ante ningún «control estatal» del consumo, como imagina Feinmann, sino frente a un cuidadoso ‘descontrol’, funcional a los intereses que defiende el Estado capitalista y que combina el dejar hacer al narcotráfico con la represión a la juventud. Finalmente, de lo que se trata es de ‘suprimir’ los poderes represivos y no las ‘excusas’ que utilizan; es la represión la que crea sus propias excusas. De otro lado, la existencia de «sujetos libres» es incompatible con la división de la sociedad en clases sociales y con la existencia del Estado.


Es frente al Estado y al régimen de los explotadores que defendemos los «derechos individuales», pero no como expresión de «la (inexistente) autonomía de los sujetos», sino como parte de la lucha por una acción colectiva dirigida a liquidar la raíz de los males y enfermedades sociales, que no es otra cosa que la explotación del capital, es decir, del hombre por el hombre en la sociedad moderna. El abogado que defiende a Calamaro, Fabián Rodríguez Simon, plantea sin pestañar que en la ‘causa’ por la libertad del consumo, no como derecho sino como ideal social, hay que sumar a los representantes ‘liberales’ de la especulación y la expoliación imperialistas, entre los cuales cita ni más ni menos que a George Soros, el mayor terrateniente del país y uno de los representantes más conspicuos del capital financiero internacional. En el mismo Página 12 se cita una larga lista de instituciones ‘conservadoras’ de la derecha norteamericana e inglesa que forman parte del «frente antiprohibicionista». Se incluyen aquí a representantes de grandes monopolios que ya están realizando estudios de ‘mercado’ para penetrar con la‘marihuana’ legalizada. ¿Esta es la manera de defender una sociedad ‘libre’ y de ‘sujetos autónomos’?


Libertad


Como se trata de la lucha, ni más ni menos, que por la libertad, establecemos las condiciones sociales de su vigencia, que no son otras que la capacidad humana de administrar los recursos de la vida. Implica, por lo tanto, la batalla colectiva de los explotados y de la clase obrera, en primer lugar, por expropiar a los que monopolizan los medios de producción de la propia vida para convertirlos en fuente de ganancias de una minoría, a costa de la penuria creciente de la mayoría.


Sólo como parte de esta lucha tienen dimensión y plenitud la defensa de los individuos y su libertad, para expresarse, consumir y actuar como les venga en gana, en los límites y posibilidades que les son propios. Porque, para el consumo de drogas, una cosa es el buen pasar de Calamaro, y otra la compulsión adictiva de las masas miserables, que apelan a la droga como escape a una realidad insoportable. Sin un ángulo de clase, el abordaje social de la droga es pajerismo intelectual.

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