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18 de diciembre de 2018

Al calor de la crisis mundial, el Acuerdo de París se desgrana

La cumbre climática en Katowice, Polonia

La cumbre climática desarrollada en Katowice, Polonia, no pudo sustraerse del escenario de confrontaciones globales que también habían marcado las deliberaciones del G20. Si esta última reunión se saldó con una frágil tregua entre Estados Unidos y China, la COP24 lo hizo con un limitado documento que no va más allá de las exhortaciones y algunas cuestiones de procedimiento.

En teoría, la cumbre debía avanzar en la operativización del Acuerdo de París, que debería regir a partir de 2020 en reemplazo del Protocolo de Kyoto. Firmado a fines de 2015, el documento firmado en la capital francesa –bajo un estado de sitio y la represión de manifestaciones ambientalistas que denunciaban a los gobiernos participantes- estableció el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para impedir que la temperatura global supere a fin de siglo los 1,5 a 2 grados con respecto a los niveles preindustriales. A su vez, instituía un fondo para financiar el cambio climático en los países en desarrollo.

Todo ha ido, sin embargo, a contramano de estas declamaciones. En las vísperas de la cumbre, un informe de expertos de Naciones Unidas alertó sobre un crecimiento de las emisiones a partir de 2016, con un alza del 2,7% para este año que podría significar un récord histórico a nivel global desde que existen registros al respecto (El País, 6/12).

El documento de la cumbre de Katowice, no obstante, apenas toma nota de este informe, soslayando la enfática recomendación de reducir a la mitad las emisiones de aquí al 2030 para cumplir con las metas trazadas en 2015. Esta formulación genérica se hizo para evitar un naufragio de la cumbre, dado que Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita y Kuwait se opusieron a toda puntualización de las metas. La reciente reunión del G20, recordemos, había legitimado ya la salida norteamericana del Acuerdo de París. Y en las vísperas de esa reunión, también Bolsonaro había atacado a un Acuerdo que se va desgranando al son de la guerra comercial.

Lo que queda de Katowice, donde algunos temas también fueron postergados para el año próximo ante la ausencia de acuerdos (como los mercados de carbono), son referencias de procedimiento con respecto a las características de los informes –sobre emisiones o financiamiento- que deberán presentar los países. La suma de las emisiones de los signatarios del Acuerdo de París, sin embargo, supera las metas que se trazó la cumbre de 2015.

La crisis capitalista exacerba todas las rivalidades y cada potencia cierra filas detrás de sus propios monopolios. Lo que queda es un escenario dramático caracterizado por el desarrollo de los climas extremos, las inundaciones, las sequías, la aceleración del derretimiento en el Artico (donde las vías de navegación que va dejando el deshielo son también fuente de disputa entre las potencias) y la pérdida de la fauna. Un reciente informe alerta sobre una caída del 60% en las poblaciones de vertebrados en los últimos 50 años como resultado del cambio climático y la depredación ambiental. En Costa de Marfil, por tomar un ejemplo, el 80% de sus bosques tropicales fueron arrasados para el desarrollo del mercado de exportación del cacao (que atrae a pulpos mundiales como Kraft y Cadbury), lo que ha llevado casi a la extinción a diferentes especies (ídem, 10/12).

El lucro y la anarquía capitalista conducen a un callejón sin salida toda política en resguardo del medio ambiente. La suerte del planeta está atada al destino de la revolución mundial.

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