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12 de septiembre de 2019 | #1564

¡Imperialistas, saquen sus manos del Amazonas!

No es un accidente climático: es el capitalismo que superexplota a los trabajadores y la naturaleza. 20 al 27 de septiembre: organicemos el paro y la movilización mundial de la juventud y los trabajadores
¡Imperialistas, saquen sus manos del Amazonas!

Está planteada una acción internacional: ganar las calles contra la política predatoria de los Bolsonaro, Macri y todos los gobiernos capitalistas.

Los fabulosos incendios en el Amazonas, el “pulmón del planeta”, son un crimen contra la humanidad. 

Las impactantes imágenes difundidas ponen de relieve el alcance criminal de las políticas depredadoras del gran capital en su insaciable apetito de ganancias. 

El daño es enorme: desde mayo fueron destruidas 1.200.000 hectáreas de bosques. 

A la consternación que generaron las imágenes de la devastación, se suma la indignación que despertaron las respuestas del gobierno brasileño. Primero dijo que era un problema climático y luego negó la realidad responsabilizando a una campaña mediática de las organizaciones que defienden el medio ambiente. 

Bolsonaro ha dejado desarrollar los incendios. Defiende los intereses de los latifundistas y grandes capitalistas de los agronegocios. Grandes grupos sojeros y ganaderos, entre ellos los principales comerciantes de granos del mundo (Cargill, Bunge, Dreyfus) y la industria frigorífica (Marfrig, JBS, etc.) son los que impulsan los desmontes en el Amazonas. El 10 de agosto convocaron a una ‘Jornada del Fuego’ para avanzar en la extensión de la frontera de los agronegocios. El gobierno Bolsonaro alienta este accionar. Ha desmantelado los presupuestos de los organismos estatales de control del Amazonas. Alienta la formación de milicias mercenarias de los latifundistas para expulsar a pueblos indígenas y campesinos de sus tierras. Este ‘agropoder’ está financiado por los principales bancos y grupos de inversión del mundo (BlackRock, JP Morgan, Citigroup, HSBC, BNP Paribas).

Dos caras depredatorias de la crisis capitalista

El capitalismo, en su afán de obtener ganancias, no vacila en superexplotar a los trabajadores y depredar la naturaleza. La crisis capitalista en curso acentúa esta tendencia histórica. La economía brasilera está en recesión y el gobierno Bolsonaro busca compensar la caída de las ganancias monopólicas sin invertir, depredando la naturaleza para poder plantar más soja y pastar más ganado. No es sólo en el Amazonas: este año el mundo ha sido conmovido por la acción negligente del capital minero que provocó por falta de inversión la catástrofe de la ruptura de los ‘diques’ de Brumadhino, hundiendo pueblos enteros en el fango con más de 200 víctimas fatales de trabajadores. Entre el 40 y el 50% de los trabajadores brasileros están en negro y precarizados, sometidos a brutales explotaciones. 

Es necesario unir la lucha contra la superexplotación obrera y contra la depredación ambiental que genera el mismo culpable: el capitalismo en su etapa de descomposición. El incendio del Amazonas se ha extendido a Bolivia y otros países latinoamericanos.

La guerra comercial en el Amazonas y la ayuda humanitaria

Algunas potencias imperialistas -el presidente francés Macron, etc.- han salido a plantear -frente a la inoperancia criminal de Bolsonaro que deja avanzar los incendios- la necesidad de discutir “si es posible definir un Estado internacional para el Amazonas”. Bolsonaro ha respondido declarándose defensor de la soberanía brasilera y… permitiendo que continúe el desmonte del Amazonas. Trump, en cambio, apoya abiertamente a Bolsonaro. Se trata de dos campos imperialistas que en plena guerra comercial a nivel mundial (acuerdo Unión Europea-Mercosur; promesas de Trump de un acuerdo comercial especial con Bolsonaro, etc.)  también luchan por una posición de privilegio en la apropiación del Amazonas. Una pelea entre depredadores. Hipocresía total: gran parte de las empresas que actúan en el negocio del agropower son imperialistas (la francesa Dreyfuss, monopolio exportador; el Banco Paribas, uno de los mayores financistas de latifundistas y monopolios agro-ganaderos, etc.) que compran la soja y la carne a precios rentables por los bajos costos de una producción con baja inversión. A Macron le importa un bledo el medio ambiente, sólo quiere blindar los intereses de los pulpos europeos de los agronegocios. ¿Ayuda humanitaria del imperialismo? La ‘ayuda humanitaria’ cada vez que fue nombrada en Medio Oriente sirvió para justificar una guerra de colonización. Una colecta que hizo Macron en la reciente reunión del G7 en Francia, logró la suma de… 20 millones de dólares. Un vuelto para el capital financiero (sólo un artista hollywoodense donó 5 millones para una organización que se reclama defensora del medio ambiente).

La superexplotación obrera viene de la mano de las ‘reformas’ laboral y previsional que impulsa el FMI y que Temer y Bolsonaro han desarrollado.

Los trabajadores deben tomar nota de esta crisis que pone en riesgo la vida de la humanidad trabajadora y animal en el planeta. Lo que las guerras imperialistas no destruyen directamente, lo está haciendo la depredación capitalista de la naturaleza. El deshielo del Artico y los glaciares, el recalentamiento de la tierra, etc., son parte del mismo fenómeno. No es Bolsonaro, son todos los capitalistas. En el norte argentino es parte de la vida cotidiana el desalojo de comunidades campesinas e indígenas y el desmonte de bosques.

Más que nunca está planteada una acción internacional: ganar las calles contra la política predatoria de los Bolsonaro, Macri y todos los gobiernos capitalistas, que impulsan la devastación de las reservas naturales e indígenas y un profundo ajuste contra las jubilaciones, la educación y el ataque a los derechos laborales.

La movilización internacional en defensa del Amazonas debe servir a la juventud estudiantil y a la clase obrera brasilera como punto de apoyo para enfrentar al gobierno y frenar el desastre ambiental:

• Prohibición de desmontes. Volcar los fondos necesarios para apagar los incendios bajo control obrero y popular. Asambleas populares que agrupen a campesinos, indígenas y trabajadores de cada distrito para impedir que continúe el saqueo. 

• Nacionalizar el comercio exterior: expropiar a los pulpos exportadores.

• Terminar con el latifundio: expropiación de latifundistas y capitalistas y creación de empresas estatales para planificar la producción bajo control de los trabajadores.

• Derogación de las reformas laboral y previsional antiobreras.

• Rechazar la entrega-privatizaciones que Bolsonaro ha puesto en marcha (Correo, Petrobras, Electrobras, Casa de la Moneda, Serpro, Dataprev Compañía Brasilera de Trenes Urbanos, CBTU, Empresa Brasilera de Comunicaciones-EBC, Telebras, etc.). Control obrero de dichas empresas.

Organicemos la participación activa de la juventud y la clase obrera en las huelgas y movilizaciones internacionales del 20 al 27 de septiembre contra el cambio climático. Quienes luchamos por el socialismo, por gobiernos de trabajadores, para avanzar en una planificación y desarrollo de las fuerzas productivas que permita armonizar la satisfacción de las necesidades sociales con la preservación del medio ambiente, debemos ponernos a la vanguardia de esta lucha contra la barbarie capitalista.

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