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13 de noviembre de 2019

El Reino Unido prohibió el fracking, pero lo impulsa en Argentina

El activismo ambientalista de Inglaterra viene luchando contra el fracking desde hace años. Recientemente, un temblor en Preston New Road, Lancashire -que midió 250 veces el nivel permitido por el gobierno, sacudió las casas y obligó al grupo productor de gas Cuadrilla Resources a suspender las operaciones (Milenio, 1/11)- sumó nuevos cuestionamientos, llevando al gobierno de Boris Johnson a disponer la prohibición de esta técnica.

La práctica conocida como fracking o fractura hidráulica se basa en bombear agua, químicos y arena a alta presión para fracturar esquistos bituminosos y así liberar petróleo o gas atrapados en la roca. El impacto ambiental podría resumirse en: contaminación de aguas, aire y suelo, y riesgo sísmico. Esta tecnología se expande en Canadá y Estados Unidos, mientras que está prohibida en algunos países  europeos como Francia y Alemania. La decisión del gobierno inglés sucede luego de conocerse un estudio científico de la Autoridad de Petróleo y Gas que indicó que no es posible descartar impactos negativos para los habitantes de las inmediaciones de los predios a fracturar, así como tampoco predecir la magnitud de los sismos provocados (The Guardian, 2/11).

La disposición del gobierno no deja de ser una medida demagógica para aliviar las críticas y disputar el eje “verde” a los laboristas de cara a las elecciones del 12 de diciembre. En su momento, el anterior gobierno conservador, de Theresa May, había calificado la técnica como un gran descubrimiento para la humanidad. El objetivo del plan gubernamental trazado en 2016 era perforar 20 pozos para mitad de 2020. No obstante, a la fecha solo hay tres perforaciones, y las operadoras se quejaban de que los dispositivos para prevenir que se desate actividad sísmica eran muy costosos y superaban los estándares internacionales.

La prohibición fronteras adentro, sin embargo, no implica que dejen de promover la utilización del fracking en otros países. El pasado mes de agosto, el Canciller Philip Hammond viajó a Buenos Aires para reunirse con empresas británicas que operan en Argentina, donde se “consiguió una línea de crédito a la exportación de 1.000 millones de libras” (casi 1.300 millones de dólares). Las empresas promocionadas serían Pan American Energy (brazo argentino de BP) y Shell Argentina, entre otras (Infobae, 29/10).

La explotación del yacimiento neuquino ya ha generado más de 4.000 incidentes ambientales (Página 12, 27/9) entre explosiones, derrames, incendios y otros siniestros. Se suma la muerte de ocho trabajadores en “accidentes” derivados de la flexibilización del convenio colectivo, firmada por la burocracia sindical petrolera de Guillermo Pereyra. El impulso al fracking en las naciones oprimidas muestra el carácter demagógico de la prédica ambiental de los gobiernos imperialistas.

Ahora bien, ello solo puede llevarse adelante por la postración de los gobiernos locales. Sin ir más lejos, Alberto Fernández asegura tener todas las expectativas puestas en las gestiones para incrementar la explotación de Vaca Muerta, en beneficio de los pulpos internacionales y como medio para hacerse con los dólares necesarios para pagar la deuda. En respuesta a los planteos de Macri durante la campaña electoral -que alertaba que un triunfo del Frente de Todos espantaría las inversiones de las petroleras extranjeras-, Cristina Fernández sostuvo en la presentación de su libro en Misiones el 7 de septiembre que “esta ex presidenta, luego de recuperar YPF, firmó el contrato con Chevron, una de las multinacionales del petróleo más grandes del mundo”. Ese pacto era confidencial y contenía cláusulas leoninas, con una ingeniería legal para que la multinacional pueda eludir el pago de impuestos a través sociedades off shore. La aprobación final del convenio se refrendó en la Legislatura de Neuquén en 2013, con la policía provincial reprimiendo durante seis horas una manifestación de repudio.

Luego de años de acampes y hasta choques con la policía, la lucha de los activistas ambientales británicos ha logrado torcerle el brazo al capital petrolero y al gobierno conservador. En Argentina, la pelea por erradicar a los pulpos de la depredación ambiental, la superexplotación laboral y la fuga de capitales, aparece ligada a la lucha contra la penetración imperialista, por la nacionalización de los recursos energéticos para ponerlos bajo gestión de comités obreros, de técnicos y de las comunidades.

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