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22 de marzo de 2020

El “capitalismo verde” en cuarentena

En tiempos de coronavirus, tendencia a la recesión global, caídas históricas de Wall Street y disputas en el mercado de petróleo, la salida capitalista a la crisis ambiental se choca contra la realidad

El diario británico The Guardian publicó una columna de opinión titulada "Why don’t we treat the climate crisis with the same urgency as coronavirus?" ("¿Por qué no tratamos la crisis climática con la misma urgencia que el coronavirus?" - The Guardian 5/3). En ella, Owen Jones plantea el interrogante sobre la base de una diferencia en la percepción temporal del impacto de ambas catástrofes.

El escenario planteado

Bajo la hipótesis de una futura "determinación y fuerza de voluntad" de los actuales gobiernos para el abordaje de la crisis ambiental, se plantea un escenario donde se destinen la misma fuerza y el mismo presupuesto que frente al CoVid-19. La factibilidad de este cuadro se la justifica con el propio accionar que tomaron para enfrentar el coronavirus. Es decir, se toma como verdadera la idea de que el mundo está abordando de manera satisfactoria la pandemia. A simple vista, los sistemas de salud colapsados y vaciados, junto con la crisis mundial agravada, demuestran que no es tan simple de llegar a esa conclusión.

Más aún, ¿por qué un supuesto buen abordaje de la pandemia demostraría la factibilidad de enfrentar el cambio climático por parte de los gobiernos capitalistas? No se trata de una capacidad de pago o inversión, si no de que la verdadera pregunta que hay que hacerse es sobre la factibilidad de esa “determinación y fuerza de voluntad”. Es ahí donde un análisis clasista de la depredación ambiental permite concluir que los intereses del capital son contrapuestos a la defensa del planeta.

Sin embargo, esta idea utópica de que los gobiernos “tomen como prioridad” la cuestión ambiental, y destinen sumas considerables para ello, no es algo que plantea la columna porque sí. El propio Sanders ha declarado que como presidente llevaría a cabo un “Green New Deal for the world”. Este trato, que parafrasea el New Deal adoptado por Roosevelt en 1932 para salir de la gran depresión del ‘29, plantea “la inversión en energías renovables, reincorporar a EEUU al Acuerdo de París y reafirmar el liderazgo en la lucha global contra el cambio climático”, entre otras medidas.

La realidad

El freno de la actividad industrial y la circulación vehicular que generó el coronavirus en todo el mundo tuvo efectos positivos respecto a la emisión de GEI, marcando la responsabilidad de los modos de producción capitalistas en la contaminación. Esto, sin embargo, es momentáneo y no representa una salida real al problema.

Al mismo tiempo, desde hace dos semanas que Wall Street está encabezando una debacle económica a nivel mundial. Los índices bajan de manera inversamente proporcional a la propagación del virus. De forma paralela, Arabia Saudita decretó la inyección de petróleo en el mercado para recrudecer la competencia con Rusia, teniendo como objetivo exportar la bestialidad de 10 millones de barriles por día (Infobae 17/3). Esto generó un efecto mariposa, derrumbando el precio internacional del barril de petróleo.

Los capitalistas buscan acomodarse frente a este cimbronazo, y esto genera un agravamiento de la huelga de inversiones preexistente. La Agencia Internacional de Energía anunció que las consecuencias económicas del CoVid-19 cesarían el crecimiento de la demanda mundial de petróleo para el próximo año, y esto se da al mismo tiempo que el capital internacional decidió quitar sumas millonarias de inversiones en energías renovables durante las últimas semanas.

Conclusiones

El camino que se proponen los gobiernos desde hace años, referenciando un “capitalismo verde”, en este cuadro, se choca contra la realidad. Ante el fracaso de las cumbres internacionales del último tiempo, el planteo de Sanders se vuelve utópico sobre la base de la propia respuesta del imperialismo frente a esta crisis. Cuando la caída de los rendimientos a nivel internacional se agrava y los gobiernos apuestan a un nuevo rescate al capital -por ejemplo de las aerolíneas-, la imposibilidad de un giro verde en los modos de producción se materializa. La urgencia con la que está planteado el abordaje del coronavirus no tendrá su espejo en la catástrofe ambiental bajo este régimen actual, simplemente porque la pandemia pone en riesgo los propósitos del capital, no así la crisis ambiental, que es una consecuencia directa de este régimen.

Este 22 de marzo, Día mundial del Agua, cobra mayor envergadura en este contexto. Mientras a nivel global se realiza una campaña de concientización sobre el lavado de manos, según Unicef 1 de cada 3 personas en el mundo no tienen acceso al agua potable. Los trabajadores tenemos que tomar en nuestras manos la lucha contra la depredación capitalista del ambiente y no depositar ninguna esperanza en un sistema que está mostrando sus limitaciones frente a una pandemia que pone en jaque sus fibras más sensibles.

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