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30 de marzo de 2020

Contaminación, pandemia y crisis

Por Corresponsal

El freno general de la actividad económica y la producción que se impuso en gran cantidad de países frente a la pandemia del covid-19 dio lugar a una multiplicidad de noticias “alentadoras” acerca de la reducción de la contaminación y sus efectos sobre el cambio climático. Estos análisis se basan en que los indicadores muestran una caída de emisiones e incluso de una mayor presencia de animales en las ciudades y ríos.

Pero como mencionamos en un artículo previo, se trata de fenómenos de carácter provisorio, que solo se observan en las zonas donde fueron impuestas cuarentenas más estrictas y son consecuencia de un párate general de la producción, y no de una reconversión productiva que plantee un panorama alentador hacia adelante. De hecho, este proceso agudiza enormemente la recesión económica, con los devastadores efectos que tiene los trabajadores.

Un ejemplo de lo efímero de cualquier mejora lo tenemos, una vez más, en Estados Unidos. Allí la Agencia de Protección Ambiental ha dictado “moratoria ambiental”, eximiendo a las empresas del control, monitoreo y reporte de las emisiones de sustancias contaminantes, como parte del plan de salvataje a los capitalistas en que se embarcó el gobierno de Trump y todo el régimen político norteamericano por billones de dólares. Es un adelanto de medidas que podrían adoptarse en todo el mundo, donde los gobiernos están destinando sus recursos a “estímulos” a las empresas para rescatarlas de la quiebra.

Por supuesto que la depredación del ambiente por parte del capital no es exclusiva de las situaciones de crisis, sino que caracterizó también a los períodos de crecimiento económico. Un ejemplo es el fraude cometido por la automotriz alemana Volkswagen, que durante años falsificó los resultados de las pruebas de emisiones de sus vehículos diésel, lo que si bien le valió una multa millonaria no quitó de circulación los millones de vehículos contaminantes que fueron vendidos en todo el mundo.

                 

Lo que sí representan como regla general es que en el afán de incrementar la tasa de ganancia los capitalistas prescinden del respeto de cualquier regulación de impacto ambiental. En 2018 salió a la luz que en el este de China, para abaratar costos en la producción de materiales aislantes para la industria de la construcción, se emiten cantidades gigantescas de gases de efecto invernadero.

Es así que han fracasado todos los intentos de los últimos 30 años por desarrollar una suerte de “capitalismo verde”, e incluso los planes menos ambiciosos de establecer una regulación y disminución de la polución y de la depredación de los recursos naturales. Esto se debe a que la ganancia como único criterio organizador es un límite demasiado estrecho para reorganizar la producción para volverla amigable con el medio ambiente, menos aún para atender el grado de destrucción que va cobrando niveles irreversibles.

La lucha contra la depredación ambiental y la contaminación capitalista requiere entonces de la acción organizada de las masas trabajadoras, de que sea adoptada como parte del programa de sus organizaciones sindicales y políticas, empezando por el control obrero de la producción y la lucha contra el saqueo de los pulpos imperialistas mineros, petroleros y de los agronegocios. Esta es la tarea fundamental que debe encarar el ascendente movimiento ambiental de la juventud.

 

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