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7 de abril de 2020

El medio ambiente después de la pandemia

Por Martín Lucca
Tribuna Ambiental Rosario

El freno obligado impuesto a las industrias, al transporte aéreo y terrestre, y de muchas actividades, ha traído un “efecto positivo” casi inmediato sobre el medio ambiente, sobre todo en países como China, Italia, España y Estados Unidos.

Datos de la Nasa, basados en imágenes tomadas desde finales de enero hasta principios de febrero de 2020, indican que la concentración de dióxido de nitrógeno (uno de los gases contaminantes más frecuentes en las zonas urbanas) se redujo entre el 30 y 50% en varias ciudades de China en comparación con el mismo período en 2019. Según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA), organización de investigación de contaminación del aire, esto podría ser equivalente a unas 200 millones de toneladas de dióxido de carbono.

No es un dato menor, ya que en el país asiático mueren al año 1,1 millones de personas víctimas de la contaminación del aire. Según los últimos registros de la Organización Mundial de la Salud, en el mundo la cifra asciende a alrededor de 9 millones de muertes al año por esta causa. 

Imágenes tomadas desde el espacio por los satélites del programa europeo de observación terrestre Copernicus muestran un drástico descenso en la polución del aire. En el norte Italia se registra una tendencia a la reducción gradual de las concentraciones de dióxido de nitrógeno de aproximadamente 10% por semana. A esto se suman demostraciones como el regreso de peces y cisnes a los canales de Venecia, mientras que en Cerdeña los habitantes han vuelto a ver delfines en el puerto.

En Nueva York, según investigadores de la Universidad de Columbia, las emisiones de monóxido de carbono se redujeron alrededor de 50% en una semana debido principalmente a la baja circulación de automóviles particulares y camiones. La misma reducción de gases identificó la Secretaría de Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires en la capital argentina tras el inicio de la cuarentena obligatoria.

Nada de esto, sin embargo, será duradero una vez que se retome la actividad económica. Muchos analistas señalan que incluso podría haber un efecto rebote, al retomar de forma abrupta la producción, sobre todo teniendo en cuenta la guerra comercial que caracteriza hoy el mercado mundial y los enormes paquetes de estímulo que se aprestan a inyectar los distintos Estados y organismos multilaterales.

Lo que ha quedado en evidencia a partir de esta pandemia es cuán destructiva es la producción capitalista. Si los fracasos de los intentos por revertir la crisis climática mediante cumbres de la ONU ya llevan 30 años, la crisis actual y el consecuente dislocamiento económico agravarán a su turno la depredación ambiental del capital, ahora en nombre del rescate a las empresas. 
Esta situación vuelve a poner de manifiesto que la única manera de defender nuestro planeta es mediante la lucha por una transformación social que integre la producción industrial en una planificación económica al servicio de las necesidades de la población trabajadora. Es decir, la lucha contra la depredación ambiental y la contaminación requiere de la ruptura del dominio del lucro capitalista sobre la producción, lo que solo puede ser obra de la acción organizada de los propios trabajadores, aliados al ascendente movimiento ambiental de la juventud.


 

 

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