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14 de noviembre de 2019

Fernández con el triunvirato Vaticano: una integración para que siga la precarización laboral

En el marco de la reunión bimestral que el obispo de la Pastoral Social, Jorge Lugones, mantiene con el Triunvirato de San Cayetano, ayer concurrió a la sede de la Iglesia el presidente electo Alberto Fernández.

La reunión que medios como Página 12 informan como “casual”, fue en realidad cuidadosamente preparada por Emilio Pérsico del Movimiento Evita, quien es mencionado para el gabinete de Alberto Fernández y lo visitó en su domicilio en Puerto Madero para invitarlo personalmente. El futuro presidente asistió con Gustavo Béliz y Daniel Arroyo, por lo que la reunión tuvo el carácter de la formalidad de una reunión de “Estado” y dejó fuertes definiciones.

En la reunión, informan los diarios, Fernández “se comprometió a atender la agenda de las organizaciones sociales y reivindicó el papel que desempeñaron durante el gobierno de Macri. ‘Gracias a lo que hicieron hoy no estamos como en Chile’, les dedicó” (La Nación, 13/11). Semejante “elogio” no hizo poner colorados a los dirigentes sociales, quienes reivindican el papel de contención y de bomberos que jugaron esas organizaciones durante el gobierno de Macri, permitiendo uno de los ataques a la clase obrera más grande de los últimos años, con el resultado de 16 millones de pobres, más de 3 millones de indigentes y una desocupación de 2 dígitos.

El fraude laboral de las cooperativas

En otro tramo de la reunión, Fernández reivindicó la llamada “economía popular” y fue más allá, al augurarle una larga vida. “El presidente electo (…) aseguró que ‘la economía popular llegó para quedarse’ y que ‘la gente necesita un horizonte de progreso’”; mientras que “Pérsico tomó la palabra y señaló que el objetivo de las organizaciones es dejar de lado los subsidios y crear puestos de trabajo genuino” (ídem). 

Pero a lo que este dirigente llama “trabajo genuino” son las cooperativas, signadas por la precarización del trabajo y la tercerización laboral. Los “socios” de las mismas, por su condición de tales, carecen de derechos laborales, pese a que realizan tareas que están contempladas en convenios colectivos existentes -un fraude penado por la legislación laboral. Es el caso de las labores textiles, agrícolas y de construcción en la obra pública, que son para las cuales las organizaciones presentes (Ctep-Evita, MTE, Somos, CCC y FPDS) piden a Fernández la institucionalización de las cooperativas.

Las justificaciones de Juan Grabois (Ctep) y Fernández de que “el mercado nunca incorporará un segmento ingente de la población que no cuadra con los patrones de formación y desarrollo de las empresas registradas” (El Cronista, 13/11) ocultan tanto esta realidad como el hecho de que numerosos contingentes de trabajadores se acaban de convertir en desocupados por la recesión (no por estar descalificados), y de que los capitalistas echan mano del desempleo y la precarización para presionar hacia abajo los salarios de los ocupados.

Con independencia de las intenciones de los integrantes de las cooperativas, la precarización laboral mediante cooperativas es -junto con la extensión de los monotributistas y los contratos precarios- un camino de la reforma laboral.

Se trata de una aspiración de las patronales de todo el mundo, para hacerle pagar la crisis capitalista a los trabajadores y dividir al colectivo obrero: ¿qué ocurriría con los trabajadores de las cooperativas frente a un paro de la Uocra o de los gráficos? Al no tener convenio ni patrón, el día de huelga es un día menos de trabajo. Se divide de esta forma la fuerza de la clase obrera, al tiempo que se vuelve a métodos primitivos con un generalizado trabajo a destajo.

Alberto Fernández llamó a “integrarse plenamente a los trabajadores excluidos a la CGT”. Es decir, a que las organizaciones se integren a una burocracia sindical que no se ha cansado de entregar conquistas y luchas. La calificación de “excluidos” descuenta que los compañeros precarizados seguirán durante su gobierno en esa condición, y que no se respetarán los convenios correspondientes.

Viejas políticas

Esta política no es nueva. En 2009, ante los miles de despidos resultantes de la crisis capitalista mundial, CFK creó el programa Argentina Trabaja de cooperativas, implementando un régimen permanente de trabajo estatal precarizado, con 170 mil trabajadores realizando en su mayoría tareas a bajo costo en municipios, plazas, calles, parques, universidades, Campo de Mayo y la ex-Esma. 

Vale recordar que cuando nuestro compañero Mariano Ferreyra fue asesinado por la patota de la Unión Ferroviaria de José Pedraza, es porque enfrentaba la política de tercerización en el ferrocarril mediante las cooperativas truchas del burócrata ferroviario.

Sigue el ajuste y sigue el hambre

Fernández les adelantó a las organizaciones que prepara para este viernes la puesta en marcha un Consejo que desarrollará el plan “Argentina contra el Hambre”, a cargo de Arroyo. El organismo, que tendrá su primer encuentro en las oficinas del mandatario Puerto Madero, estará integrado por unas veinte personas, entre ellas el conductor y productor televisivo Marcelo Tinelli, referentes de empresas agrupadas en la Coordinadora de la Industrias de Productos Alimenticios (Copal), de las asociaciones del campo, de las universidades, y de las organizaciones civiles y sindicales. La abultada presencia de capitalistas preanuncia que seguirán el ajuste, el hambre… y los negocios.

Mientras ocurría la reunión, continuaban los ataques al bolsillo de los trabajadores, con un nuevo aumento de los combustibles, sin que los presentes expresasen un mínimo rechazo. La tregua que alabó Fernández no es gratis para los trabajadores, y forma parte de esta transición contra el pueblo. El diario El Cronista enfatizó en el punto, al destacar que estos movimientos sociales son vistos por Fernández como un “factor de gobernabilidad” -si lo fueron para Macri…

Las organizaciones presentes no levantaron frente al nuevo gobierno ninguno de los reclamos de los movimientos sociales y de desocupados y del histórico movimiento piquetero: ni el trabajo genuino, ni el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, ni el pase a planta de los precarizados, ni el seguro al desocupado. Tampoco los de aumento de los programas sociales para recuperar lo perdido por la inflación, apertura de los programas para los desocupados, ampliación y mejoramiento de los alimentos para los comedores populares, que forman junto a aquellos el mismo programa que le reclamamos a Macri. 

En contraposición a estos enjuagues que asumen el carácter de una cooptación, de la regimentación de los movimientos de desocupados y de un nuevo salto en la precarización laboral, el Polo Obrero llama al conjunto de las organizaciones a defender un programa de reivindicaciones urgentes y a mantener la independencia política y de organización de los gobiernos patronales. Que parta de reclamar un aumento de emergencia del salario de los trabajadores de los programas sociales, que duplique el ingreso actual; el pase a planta de todos los trabajadores precarizados y de planes; y la apertura de los programas sociales a todo mayor de 18 años.

Con estas premisas el Polo Obrero prepara su congreso nacional para fines de noviembre, que votará un programa político, un pliego de reivindicaciones y un plan de lucha que propondremos en frente único con todas las organizaciones, mediante un nuevo plenario piquetero. 
 


 

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