04/01/2002 | 736

¿La Asamblea Piquetera faltó a la cita?

La permanente postergación de la convocatoria de la III Asamblea Piquetera resultó a la postre un golpe monumental a la posibilidad de que el movimiento piquetero ocupara una posición de vanguardia social y política en la rebelión popular del 19-20 de diciembre. Cuando las grandes masas de Argentina estaban procesando la consigna de Fuera De la Rúa-Cavallo, lanzada por la II Asamblea Piquetera, la dirección de la Asamblea ponía en paréntesis sus propios objetivos. En realidad, no fue la Asamblea la que faltó a la cita, sino su dirección, o sea la FTV-CTA y la CCC. El Polo Obrero luchó todo el tiempo por la convocatoria de la III Asamblea y estuvo, en nombre de ella, en la primera fila de las luchas del 20 de diciembre. Por intermedio del Polo Obrero, la Asamblea luchó junto al pueblo para imponer su consigna estratégica de acabar con el gobierno hambreador.


Lo que determinó la neutralización de la Asamblea Piquetera frente a la crisis, fue la incorporación de la FTV-CTA al Frenapo y su movilización integral a favor de la «consulta popular». En el campo del Frenapo se encuentran los patrones contra los que lucha el movimiento piquetero, como los Ibarra porteños o los Kirchner santacruceños, entre otros. La alianza con la burguesía se mostró otra vez más como un método político de traición contra el movimiento de los explotados, y de ningún modo como una ampliación del frente de lucha por sus intereses. En vísperas del levantamiento popular, la alianza de los piqueteros de D’Elía con los patrones nacionales, apartó a la Asamblea de uno de los movimientos nacionales y populares más grandes de la historia argentina. En otras páginas de esta edición de Prensa Obrera, se pueden ver otros testimonios de esta traición política, en la denuncia de militantes de ATE que se movilizaron en apoyo a la «consulta» del Frenapo.


La finalización de la «consulta», el 16 de diciembre, no alteró la línea de la CTA en la Asamblea; por el contrario, la acentuó. Los dos millones de votos que decía haber obtenido en la «consulta», envalentonaron la posición de compromiso de la CTA con los politicastros que luego, a principios de este año, pactarían con Duhalde la formación de un gobierno usurpador y antiobrero. Esto se manifestó en la oposición de D’Elía a la propuesta de realizar una movilización para el 20 de diciembre, que arrancaría de Congreso y culminaría con un acto en Plaza de Mayo. O sea, para el mismo día que, sin que nadie pudiera saberlo de antemano, sería el de la mayor gesta del pueblo argentino en décadas.


La marcha que igualmente fue aprobada para el 20, por insistencia del Polo Obrero, el MTR y la CCC, ofrecía la oportunidad de que la Asamblea Piquetera jugara su propio papel en los acontecimientos, incluso a pesar de que no se hubiera convocado a la III Asamblea. Pero D’Elía anunció su deserción cuando el levantamiento popular ya era una perspectiva cierta, o sea el 19, cuando la CTA decidió llamar a un paro general con el objetivo de sacar a la gente de la calle. Es decir que, primero, no fue partidario de la movilización cuando aún no sabía que podía empalmar con el levantamiento, y, segundo, la apoyó aún menos cuando tuvo la certeza de que sí podía jugar un rol protagónico en él. Es decir que no hay excusas, porque la saboteó tanto por acción como por omisión.


La CCC, en cambio, fue decidida partidaria de convocar a la movilización y no se bajó de este objetivo frente a la oposición de la CTA. Es más, criticó el intento CTA-Frenapo de neutralizar a la Asamblea Piquetera. Sin embargo, se opuso a que el programa de la Marcha incluyera la reivindicación de expulsar a los gobernadores del FMI, además de De la Rúa-Cavallo, algo sintomático de su posterior apoyo crítico a Rodríguez Saá. El miércoles 19, sin embargo, también la CCC cambió de rumbo: llamó a acciones locales y desconvocó la marcha de Congreso a Plaza de Mayo. Dio la impresión *algo que habrá que corroborar con mayores fundamentos*, de que no quería comprometer su reconocimiento por parte del Estado involucrándose, sea en las movilizaciones a los supermercados, sea en una acción generalizada, como la que se preveía luego del «cacerolazo» que enfrentó la declaración del estado de sitio.


Con el rechazo a la Marcha, la Asamblea Piquetera fue doblemente desplazada de su posibilidad de dirigir una lucha de masas que iba muchísimo más allá de los piqueteros, pero que era un fruto genuino de varios años de lucha piquetera. La función histórica y la perspectiva política del movimiento piquetero fue salvada, en estos momentos decisivos, por el Polo Obrero y el MTR, ambos integrantes de la Asamblea y de su Mesa (más la participación de varios partidos políticos que integran y apoyan la Asamblea); ambos activos propiciadores de la convocatoria de la III Asamblea; que encabezaron la movilización prevista por la Mesa de la Asamblea y lucharon durante horas contra la policía que obstaculizaba su avance. Hay que asignar al Polo Obrero y al MTR, en contraste con toda la política de la FTV y de la CCC, el enorme mérito de haber protagonizado, el 5 de diciembre pasado, con alcance nacional, la primera gran movilización luego del secuestro de los depósitos bancarios por parte de De la Rúa-Cavallo. En Prensa Obrera (12/12) dijimos, ya entonces, que la «gran jornada (…) colocó a los piqueteros (…) en el epicentro de la crisis nacional».


Es decir que, como movimiento histórico, como movimiento de conjunto, la Asamblea NO FALTO A LA CITA. Es decir que SIGUE VIVA como expresión política y organizativa de los piqueteros, como expresión de su conciencia de clase. Es a partir de este balance y de esta delimitación que es necesario convocar a la III Asamblea.


No debe sorprender, a la luz de todo lo ocurrido, que la FTV y la CCC no quieran convocarla hasta marzo, o sea para dentro de un siglo, con lo que no sería, otra vez, participe y dirigente de las nuevas luchas. Es claro que influye en la nueva postergación una expectativa en Duhalde, a pesar del voto en contra del Frente para el Cambio de Alicia Castro, el partido de D’Elía, a esa designación en la Asamblea Legislativa. Tanto la FTV como la CCC habían apoyado en los hechos a Rodríguez Saa; no van a ir por menos con quien, en la nomenclatura nacional y popular, figura en lugar más destacado que aquél, aunque ambos hayan sido apasionados menemistas de los años de oro del riojano.


En realidad, la convocatoria de la III Asamblea debe ser realizada con urgencia. Si no pudiera hacerse en los próximos días, habría que concretarla en los primeros días de febrero, esto en razón de que varias organizaciones tienen previsto participar en la movilización internacional de Porto Alegre, que tendrá lugar a fines de enero. La Asamblea Piquetera no nació para funcionar como interlocutora de intendentes y gobernadores para conseguir un plato de comida o un «plan Trabajar» para la tropa propia, sino como expresión de los intereses de conjunto de los obreros ocupados y desocupados. Ese interés de conjunto es hoy imponer el programa del no pago de la deuda externa; no a la devaluación y sí a la nacionalización de la banca y las AFJP; no al presupuesto «déficit cero» y sí al subsidio de 500 pesos al desocupado y a los 600 pesos de salario mínimo.


La realización de estos reclamos mínimos es incompatible con el gobierno usurpador de Duhalde, que llega con un pacto con el FMI y el Tesoro norteamericano. Exige un «gobierno obrero y popular» (consigna de la declaración de los partidos de izquierda) y una Asamblea Constituyente soberana.

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