26/07/2001 | 715

Nuestro planteo en la asamblea

Por Editor

Junto con Norma Nassif, colaboradora de la CCC, y de Claudio Lozano, asesor de la CTA, Jorge Altamira tuvo a su cargo uno de los informes de introducción al debate en el Congreso Nacional de Piqueteros.


Luego de rendir un homenaje a los compañeros de lucha piquetera asesinados por la represión, Altamira dijo que la situación del momento se distinguía por tres características fundamentales. Una era la realización de la Asamblea Nacional, porque esto convertía al movimiento piquetero en un factor, ya no parcializado sino de conjunto en la situación nacional, y por lo tanto en un factor político, o sea en una alternativa popular frente a los explotadores y su Estado. A este importante elemento subjetivo se añadía, en segundo lugar, la extensión de la lucha popular a sectores cada vez mayores, como los trabajadores de Aerolíneas, una más amplia intervención de los estatales, luchas fabriles como las de Gatic y Alpargatas, luchas agrarias, un nuevo ascenso de estudiantes y docentes. La tercera característica, y por momentos la más dinámica de todas, era el derrumbe capitalista y de su Estado, la cesación de pagos, la inviabilidad completa de las políticas de turno, sus reiterados *ajustes* y fracasos, la situación sin salida del régimen político en su conjunto; o sea que estaba planteada una cuestión de poder. La subsistencia de este régimen sin salida es incompatible con la más mínima de las reivindicaciones del movimiento popular. La llamada política del *déficit cero* agravaría la depresión económica y la bancarrota financiera del Estado y acentuaría la rebelión popular.


Altamira insistió en que la situación argentina sólo podía entenderse a fondo en el marco de una creciente crisis capitalista mundial, que se evidenciaba en la recesión industrial norteamericana y europea, en la larga depresión de Japón y en el nuevo hundimiento de los *tigres asiáticos*. Esto explica, concluyó aquí, la marcha de 300.000 *piqueteros* que acababa de tener lugar en Génova.


Con esta caracterización general, Altamira planteó como salida la sustitución del gobierno nacional y de las provincias por Asambleas Constituyentes soberanas, o sea con todo el poder para ejecutar un programa profundo de cese de pago de la deuda externa, nacionalización bajo control obrero de los bancos y AFJP, un impuesto extraordinario a los grandes intereses, el reparto de las horas de trabajo entre toda la población trabajadora, un mínimo salarial de 600 pesos por una jornada de ocho horas.


La conquista de una Asamblea Constituyente soberana, dijo, sería el resultado de las luchas, de la huelga general y de las puebladas. Altamira destacó que su planteo pretendía abrir una discusión en el marco de un plan de lucha común de todas las organizaciones piqueteras y de lucha de la clase obrera por la derogación de todos los *ajustes*, la libertad de los compañeros presos, el retiro de la Gendarmería de Salta y el fin de los 2.800 procesos judiciales contra los luchadores

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